Más allá de salas de exhibición
A partir de lo solicitado por el Banco de la República, Salmona le da al proyecto en Armenia una dimensión que trasciende el objeto inmediato de atender el programa requerido de proporcionar un lugar donde exhibir unas de las obras materiales más reconocidas de la Colombia prehispánica.
Además de lo estrictamente utilitario, como salas que acojan la museología y las colecciones, el arquitecto accede a la esfera de lo poético, de la experiencia del goce de la arquitectura. Le da a este edificio público una dimensión cultural, entendida como construcción de un imaginario social, espacial, paisajístico y material. Un lugar para ser vivido por la comunidad.
Él mismo lo describe en la memoria descriptiva del proyecto para su postulación en la XI Bienal de Arquitectura en Colombia, evento en el cual esta obra maestra fue galardonada con el Premio Nacional de Arquitectura, 1986-1988:
“Un edificio exclusivamente para conservar y divulgar el arte de una civilización y unas culturas tanto tiempo olvidadas en Colombia, como son las culturas precolombinas, no es tarea fácil, pues nada es más complejo que introducir el espíritu de una cultura en una obra contemporánea”. Rogelio Salmona [SALMONA: 1988, p.28-29]
También hace referencia a este aspecto en una entrevista que le hace el arquitecto Mauricio Salazar Valenzuela:
“…La parte funcional y programática era la iniciación del trabajo y había que realizarla rápidamente para poder llegar al fondo, a la emoción, y buscar el halo poético, donde realmente está la arquitectura”. Rogelio Salmona [SALAZAR: 2010, p.323]

Una arquitectura horadada en la tierra
“Dada la pobreza del entorno construido inmediato, era importante irrigar el proyecto en todo el terreno, para crear un recorrido y para que se descubriera un entorno propio, variado y sorpresivo.” [SALMONA: 1988, P.28-29]
Esta es la percepción que tiene Salmona del terreno y del contexto en el cual se le ha solicitado emplazar el museo. El lote, ubicado en la confluencia de dos avenidas principales, en el norte de la ciudad aún en desarrollo, tiene una fuerte caída. Esta anuncia desde un principio la estrategia para la ocupación del terreno, dificultad transformada por el arte del arquitecto en una de las cualidades sensibles del proyecto arquitectónico.
En las imágenes de las aerofotografías tomadas del sitio antes de la intervención del arquitecto, es evidente la situación con la cual se encontró y que contrasta con el Centro Cultural y el parque que hoy conocemos. El proyecto de Salmona expone su estrategia desde el punto en que nos recibe a la llegada, con una larga escalinata por medio de la cual descenderemos entre la tierra, abandonaremos la calle, sus ruidos y vicisitudes para entrar en un parque, un parque cultural, donde cantan las aves, las ranas y los cursos de agua, y en un edificio de una sola planta, que no sobresale, y que encierra, al final, al fondo, como un premio, las salas dedicadas a la exhibición de una extraordinaria colección arqueológica.
“La solución fue enterrarlo para adaptarlo al desnivel del terreno y aislarlo del ruido, pero, sobre todo, para cumplir una vieja aspiración mía de realizar una arquitectura horadada en la tierra, como ciertos centros ceremoniales prehispánicos”
De hecho, el arquitecto se corrige:
“Es más sutil decir “dentro de la tierra” y, más que un centro enterrado, es horadado.” Rogelio Salmona [SALAZAR: 2010, p.321]
El plano topográfico del terreno confirma una diferencia de nivel de ocho metros, y en particular una zona intermedia de una gran caída.

“El proyecto presentaba aspectos particularmente difíciles, pues no era deseable que por la fuerte pendiente del terreno el visitante se viera obligado a usar exclusivamente escaleras para acceder a las distintas dependencias del museo… El problema tenía que resolverse en una sola planta, y que las diferentes partes del edificio se comunicaran con rampas o por cambios de planos imperceptibles, pero marcados por la geometría, por el aparejo del piso y por el sonido del agua, con una visión de conjunto lo más totalizadora posible.”
“La idea era crear un centro cultural con distintas actividades, porque se trata no solamente de ver el oro, sino de recorrer el edificio… Hay rampas laterales, va uno entrando por distintos patios y va encontrando diferentes aspectos del edificio, con agua que lo recorre, patios en los cuales, al subir o al bajar, traté de representar la geometría prehistórica de los vasos Quimbaya. Es una geometría muy bella, traté de recuperarla, con las atarjeas y con los cambios de niveles… A medida que se sube o se baja se ve la geometría en forma diferente.”
Rogelio Salmona [SALMONA: 1988, p.28-29]

Referencias bibliográficas
Salazar Valenzuela, Mauricio. 2010. Lugares dentro de lugares. La memoria en la composición arquitectónica. El Arte de la memoria en la proyectación arquitectónica de Rogelio Salmona. https://issuu.com/mauriziosalazar/docs/lugares_dentro_de_lugares_la_mem…;
SALMONA, Rogelio. En AA.VV. TESTIMONIO. XI Bienal de Arquitectura en Colombia, 1986-1987. Bogotá: Sociedad Colombiana de Arquitectos, 1988, p.28-29.