Desde 2020, en todos sus centros culturales en 29 ciudades colombianas, el Banco de la República desarrolla el proyecto El río: territorios posibles. Una iniciativa que busca incentivar la reflexión y la participación individual y comunitaria sobre los ríos como territorios de vida, a través de la circulación y producción de distintos contenidos culturales y de una extensa programación académica.
Como parte del proyecto, en esta nota revisamos la presencia de los ríos colombianos en el acervo fotográfico que el Banco de la República tiene disponible a través de su Biblioteca Virtual. Una muestra representativa a través de la cual examinamos cinco perspetivas que dan cuenta de las dimensiones sociales, culturales y naturales de estas cuencas hídricas. Es también una invitación para que nuestros lectores reflexionen sobre la relación que tienen con estos econsistemas y para que, a través de las redes sociales, nos compartan las memorias que guardan de los ríos de su región. #HablemosDelRío
Durante todo el año, se publicarán distintos contenidos y actividades virtuales sobre ríos a través de los perfiles oficiales de ‘Banrepcultural’ en Facebook, Twitter e Instagram.
El río y las prácticas asociativas que lo acompañan
Colombia, país de ríos y montañas, cruzado por un sinfín de grandes cuencas hidrográficas, es ampliamente rico en biodiversidad de fauna y flora que prospera en las riberas de sus ríos, entre los cuales se encuentran algunos de los más largos y caudalosos del continente: Amazonas, Magdalena, Orinoco y Caquetá. Los ríos, así como soportan la abundante vida natural, también son una arteria que impulsa prácticas asociativas que se dan en el contexto de las actividades económicas, sociales y culturales de las diferentes regiones del país.
Las tradiciones de los habitantes que viven en pueblos ribereños incorporan al río como componente vivo de su cultura. Esto da origen a diversas manifestaciones y asociaciones que refuerzan lo económico, fortalecen las expresiones culturales y le dan identidad a las acciones políticas.
Beté, Medio Atrato. Chocó. 2005 – 2012
Colección Fotografías del Chocó de Steve Cagan.
Como la arteria vital que es, y principal vía de comunicación de los pueblos del Chocó, en el río Atrato, los ribereños realizan manifestaciones multitudinarias donde expresan su sentir, con la esperanza de ver transformaciones en sus condiciones de vida, y abogan por un futuro de paz para su región.
Bagadó, Chocó.
Colección Fotografías del Chocó de Steve Cagan
Desde tiempos remotos se realiza el bateo o extracción artesanal de minerales, especialmente de oro y platino, en varios ríos de nuestro país. Esta actividad ha requerido la organización de complejos engranajes productivos como el de las haciendas en el Valle del Cauca y los reales de minas en el Chocó en tiempos de la colonia; posteriormente, la consolidación de grandes compañías que introdujeron modernas tecnologías que permitieron situar a Colombia como uno de los grandes productores de minerales a nivel mundial. En el trasfondo de todo esto, están los rostros e historias de hombres y mujeres que, organizados en sus comunidades, derivan su sustento del trabajo en el río.
Archivo fotográfico de Battista Venturello Pennano. 1923 - 1973
En los ríos de regiones selváticas como el Orinoco todavía se practica la cacería de algunas especies como las dantas, muy apetecidas por su deliciosa carne y por la explotación de sus pieles. Ésta es una actividad colectiva que no ha cambiado mucho a lo largo de los años por lo apartado de las regiones que aún albergan tradiciones ancestrales que son, entre otras cosas, su medio de subsistencia.
Puerto Liévano, 1926 – 1931
Colección fotográfica Puerto Liévano
En los comienzos del siglo pasado, entre el altiplano cundinamarqués y la costa caribe, surge la actividad comercial entre pequeñas compañías, a menudo, constituidas por varios socios que reunían sus líos o grandes sacos de café para transportarlos a través del río Magdalena hasta el puerto de Barranquilla desde donde eran exportados.
Ríos y sustento
Desde tiempos inmemoriales el hombre ha construido sus pueblos y ciudades cerca de los ríos, lo que nos permite comprender la importancia de estos en su desarrollo económico y evolución sociocultural. El hombre diseñó estilos de vida, adaptando y transformando entornos naturales para su beneficio y desarrollando culturas asociadas con los ríos, con los cuales mantiene una estrecha relación. De esta manera, prósperas ciudades han basado su economía en torno a actividades propias de estos contextos, desde la pesca artesanal hasta la pesca tecnificada a gran escala, transporte de personas y mercancías, explotación de metales o extracción de sencillos, pero valiosos materiales para la construcción de viviendas, calles y demás obras civiles. Los ríos como vías de comunicación estrecharon distancias entre pueblos y regiones, facilitando el comercio de alimentos y materias primas, y generando dinámicas importantes de comercio a pequeña o gran escala.
“Canoa surcando el río Guapi, Cauca” , 1950 - 1954
A menudo los campesinos de las veredas del litoral Pacífico, deben desplazarse en sus potrillos hasta los centros urbanos más cercanos, los cuales se encuentran localizados a orilla de ríos y mar, para vender los productos agrícolas de sus parcelas, así como los pescadores artesanales y recolectores de camarones, cangrejos y pianguas, de los estuarios de los ríos.
Hacia esa plaza de mercado temporal, llevan chontaduro, plátano, papa china, banano, y en el pasado llevaban carnes de animales de la región como la guagua, venado, tatabro; hoy especies protegidas. El dinero obtenido por la venta de sus productos les servirá para la adquisición de otros alimentos de consumo masivo que no se producen en la región: azúcar, arroz, sal, aceite, combustible para sus lámparas, baterías para sus linternas, entre otros productos.
“Minero desmenuzando una terraza en el municipio de Condoto, Chocó”
1950 - 1954
Tradicionalmente en las tierras del actual departamento del Chocó se ha desarrollado una tradición minera de carácter artesanal, por parte de familias afrocolombianas. La minería de cielo abierto en terrazas implica que grandes cantidades de tierra deban ser removidas antes de conseguir unos escasos gramos de oro. Las terrazas en cercanías a fuentes de agua como ríos son buscadas por la gran cantidad de sedimentos que éstos arrastran en sus cauces y que llevan consigo todo tipo de materiales, incluidas diminutos partículas de oro de aluvión.
Río Magdalena, 1930
Vista del Puerto de Magangué, sobre el río Magdalena. Se aprecian varios tipos de embarcaciones: un vapor (al fondo), champanes y canoas. Magangué en la segunda ciudad más poblada del departamento de Bolívar, fué fundada en 1610 por Diego de Carvajal y refundada un 28 de octubre de 1776 por el militar español Antonio de la Torre y Miranda. En Magangué desembocan los ríos Cauca y San Jorge en el Magdalena, lo que le valió para que la llamen la capital de los ríos, que además cuenta con el mayor número de ciénagas del país. Aún hoy su principal vía fluvial de acceso a la ciudad es el Río Magdalena.
Desde tiempos prehispánicos comunidades como Zenúes, Chimilas y Malibues desarrollaron dinámicas importantes de apropiación y beneficio de estos ríos, y en especial del Magdalena. En el siglo XIX tuvo un mayor impacto en toda la región con la navegación a vapor sobre el río Magdalena, que a la fecha mantiene un gran flujo de embarcaciones, ya que Magangué posee la Terminal Mutual de Transportes Diego de Carvajal T. considerada como la de mayor movimiento del país, y una de las de mayor movimiento en América.
Baño, olla, paseo y río
Los ríos sirven como pretexto para generar un punto de encuentro con amigos y familiares con los que puedes compartir agradables momentos disfrutando de sus frescas aguas. Afortunadamente, contamos con innumerables caudales, lo cual ha convertido en tradición, gozar de ellos por medio del paseo familiar, la excursión con los amigos, la dispersión en compañía de su mascota, obteniendo experiencias que permiten cargarnos de energía, relajar el cuerpo al sentir su corriente vitalizante, que genera un impacto favorable al organismo.
¿Y tú, qué buenos momentos recuerdas en los ríos?
Niños Embera en una embarcación. Uno de ellos usa los adornos tradicionales de su comunidad. Pacifico chocoano, 1962 -1963.
Los emberá, êbêra o ẽpẽrá, también llamados Chocó, constituyen una de las sociedades indígenas más importantes del Pacífico colombiano, habitan también en parte del territorio panameño y ecuatoriano. En tiempos prehispánicos su concentración estaba en los cursos alto y medio de los ríos Atrato y San Juan.
Aunque el proceso de socialización recae en la madre desde los primeros años de vida, desde muy niños participan de las labores de la casa o la parcela con los padres o mayores. Los grupos de niños fomentan relaciones fraternales y de amistad a través de juegos de roles donde además refuerzan el vínculo con sus comunidades y fomentan su identidad cultural.
Paseo del chorro de Padilla
Cerros orientales de Bogotá, 1930
El Chorro de Padilla es un chorro de agua natural descubierto por Zenón Padilla en 1864, en la cuenca de los cerros orientales de Bogotá. De allí se surtían algunas fuentes de la ciudad. En esta imagen se aprecian los visitantes, los típicos puestos de comida de Monserrate y la Estación del Funicular. En la época colonial, muy cerca del chorro de Padilla existían importantes molinos para procesar el trigo y los granos que se cultivaban en las ricas haciendas sabaneras; algunos fueron el de los Alisos, Tres Esquinas, Boquerón y el de la Capuchina que funcionaba con una máquina de vapor, los otros se movían con rueda hidráulica. Aún hoy, el Chorro de Padilla es una alternativa turística para caminantes que buscan visitarlo y recorrerlo, como sitio emblemático de la Bogotá del pasado.
“Bañistas en Barranquilla, Atlántico (Colombia)”, 1950 – 2008
Las altas temperaturas de la costa caribe, hacen del baño en río, un alto refrescante en la rutina diaria. Además de la oportunidad de disfrutar de esos momentos en compañía de amigos, haciendo gala de sus habilidades deportivas. Este momento cotidiano capturado por el lente de Hernán Díaz, reconocido fotógrafo colombiano, hace parte una colección que refleja nuestro idiosincrasia y nos acerca a la historia del país en los últimos 50 años.
“Niños Jugando en la orilla del río Atrato”
Bellavista, Chocó, 2005 – 2012
Esta puede ser un escena cotidiana en la tarde de los niños que habitantes los pueblos ribereños, lugares donde la naturaleza se manifiesta en abundancia de recursos naturales, grandes caudales rodeados por la inmensidad de la selva chocoana, donde siempre un chapuzón en el río, una tarde de pesca o un encuentro con los amigos es algo que se disfruta en las pausas que permite la rutina del día. Así son las imágenes que conforman esta colección un recorrido por la cotidianidad de los pueblos del Chocó.
Los ríos y la modernización de Colombia
Desde mediados del siglo XIX se inició en Colombia un proceso de modernización de la infraestructura, a través del cual se desarrollaron varios proyectos de obras públicas. El primer intento que tuvo el país fue en 1850 con la construcción de una línea férrea en el istmo de Panamá. Los intentos por mejorar la comunicación terrestre entre regiones y ampliar la generación de energía se vieron interrumpidos por la Guerra de los Mil Días (1899 - 1902). Una vez cesó este enfrentamiento interno, se retomó en la década de los veinte con la construcción de carreteras, puentes, otras líneas de tren, la implementación del transporte aéreo y las primeras centrales hidroeléctricas. Estos proyectos fueron financiados, en gran parte, con la gestión de los recursos de la indemnización entregada por Estados Unidos a Colombia en el marco del tratado Urrutia-Thomson (Diciembre 22 de 1921).
Los ríos han estado presentes en todo este proceso de modernización, en especial el río Magdalena que, desde la colonia, fue un canal relevante en el transporte de personas, mercancías y materiales desde los puertos del Atlántico hacia las ciudades del interior. Algunas de las colecciones fotográficas del Banco de la República dan cuenta del aprovechamiento que se ha dado a las fuentes hídricas en nuestro país; de éstas hemos seleccionado cuatro imágenes que nos ilustran los siguientes procesos: la construcción de dos centrales hidroeléctricas, una en Cundinamarca y otra en el Valle del Cauca; la construcción de una línea del ferrocarril y uno de los puentes para el tren sobre el río Magdalena y, finalmente, una imagen de una estación del tren, al lado de un puerto fluvial, que ilustra como sistemas de transporte, hoy abandonados, a inicio del siglo XX, se complementaban.
Estas imágenes, más que llevarnos a otros tiempos, son una oportunidad para pensar nuestro presente y preguntarnos: ¿Cómo son aprovechados los ríos actualmente? ¿Cuáles son las obras públicas emblemáticas de nuestro departamento o municipio? o ¿Cuáles hacen falta para mejorar la calidad de vida en el territorio que habitamos?
Recomendamos leer:
- Sanclemente, Carlos. La ingeniería del siglo XX en Colombia. En: Credencial Historia No. 116 »
- Beluche, Olmedo. Separación de Panamá, historia desconocida. En: Credencial Historia No. 165 »
Río Tunjita – Embalse La Esmeralda, Boyacá, 1976 - 1986
La Central Hidroeléctrica de Chivor ubicada en el municipio de Santa María en Boyacá, fue la mayor generadora de energía en el país, que hasta ese momento solo contaba con sistemas de suministro de energía local. Su construcción se realizó en dos etapas, la primera desde noviembre de 1970 y se inauguró siete años después y la segunda entró en operaciones a inicios de 1982. Este conjunto fotográfico de 547 imágenes documenta la construcción de la segunda etapa, enmarcada entre noviembre de 1976 y junio de 1986 y se enfoca en la obra de desviación del Río Tunjita hacia el embalse La Esmeralda. Además de las imágenes se conservan registros de la geografía y topografía de la región aledaña al río Tunjita, fotografías aéreas, registros de los talleres, herramientas, tecnología, de los trabajadores, entre otros. Uno de los aspectos que llama la atención de varias imágenes es el armado de fotografías panorámicas, a partir del ensamblaje de tomas parciales.
Recomendamos leer el artículo: Central de Chivor en la revista Credencial Historia No. 116 donde se habla de esta y otras obras de ingeniería del S. XX en Colombia »
Puente de Girardot. Foto 20, 1930 (Aprox.)
El puente ferroviario de Girardot, construido sobre el río Magdalena, permitió la comunicación de la vía férrea de Cundinamarca con la de Tolima y Huila. Su construcción inició en 1923 y fue inaugurado en 1930, la obra estuvo a cargo de la empresa Sir W.G. Armstrong Whitworth & Company Limited. La foto muestra varios vapores navegando el Magdalena para el transporte de mercancía y pasajeros en la época. La imagen hace parte de la colección Gumersindo Cuéllar, adquirida en 2004 y conformada por 2.190 negativos en acetato y 5 negativos en vidrio, de estos se seleccionaron 1.860 (85%) para ser digitalizados los cuales se pueden consultar en la biblioteca virtual. Este fotógrafo polifacético estuvo tres décadas dedicado a registrar personas, edificios, acontecimientos y espacios naturales principalmente de Bogotá y su departamento natal: Boyacá; también recorrió con su cámara otras ciudades de Colombia, entre ellas Manizales, Armenia, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Popayán y Tunja.
Recomendamos leer:
- Visita la exposición “Imagen del ferrocarril en la numismática colombiana” donde podrás conocer la historia de los ferrocarriles en Colombia »
- Recomendamos el artículo: Ferrocarriles en Colombia 1836 – 1930 tema central de la revista Credencial Historia No. 257 »
Represa del Anchicayá – Valle del Cauca
Segunda mitad del siglo XX
La represa del bajo Anchichayá inició operaciones en 1955, posteriormente en los setenta la CVC construyó la planta del alto Anchicayá. La foto hace parte de una colección de 1.900 imágenes y fotopostales de las últimas décadas del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, con temáticas diversas como arquitectura, espacio público, eventos, paisajes y retratos, que permiten dar cuenta de la historia del Valle del Cauca y de Cali. Pertenecieron al empresario y coleccionista caleño Manuel María Buenaventura (1879-1962), más conocido como “El chato Buenaventura”. Su labor fue notable por los aportes al desarrollo de la economía de la región y por la construcción del Teatro Municipal Enrique Buenaventura. Algunos de estos materiales hicieron parte del Museo Manuel María Buenaventura abierto en la década del cuarenta con piezas de su colección personal.
Recomendamos consultar el libro “Del Cali que se fue” en el Centro de Documentación Regional de Cali (Número topográfico: 986.551B83d).
Vista aérea del asentamiento de Puerto Liévano y el río Magdalena
Entre 1926 y 1931
Puerto Liévano fue el caserío fundado en 1923 para servir de puerto, estación del ferrocarril entre Bogotá y el río Magdalena y como lugar de habitación de los trabajadores del proyecto. Esta fotografía fue tomada gracias a la Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos (SCADTA) con máquinas fotográficas adaptadas a los aviones que permitieron obtener información geográfica, topográfica y los avances de este proyecto, se muestra lo que fue el asentamiento al margen del río Magdalena. La imagen hace parte del archivo fotográfico de la etapa final de la obra entre 1926 y 1931, que muestra las transformaciones urbanísticas del asentamiento, el proceso de construcción del ferrocarril, los trabajos de descargue de materiales, los trabajadores vinculados, desde obreros hasta altos mandos del gobierno, y la vida cotidiana en el lugar. Este es un relato visual del establecimiento y desarrollo del sistema de transporte ferroviario que hizo posible la comunicación y el comercio del río Magdalena con la capital de la República. Puerto Liévano desaparece en 1935 debido a una inundación ocasionada por las fuertes lluvias, el aumento del caudal del río y la proximidad a la orilla en una curva cerrada del río. La inundación destruyó la obra del ferrocarril y gran parte del asentamiento, lo que obligó su traslado al municipio de Puerto Salgar.
Recomendamos consultar la publicación “Cartografía histórica del alto Magdalena, Honda, Girardot, Neiva” en nuestra Biblioteca Virtual »
Al lado de un río, una ciudad
Es recurrente, a lo largo de la historia y en diferentes contextos culturales, que el surgimiento y la consolidación de las ciudades, estén estrechamente vinculadas a un río. El río, fuente de agua vital, canal de comunicación, despensa de alimentos y materiales, espacio de contemplación, es uno de los ejes sobre los que las ciudades, esos grandes palimpsestos del territorio, son posibles.
No en vano, el estado de los ríos que atraviesan los variopintos tejidos urbanos en los que se concentra la población de este planeta, delata, evidencia, expone o denuncia, la consideración que ha tenido cada proyecto de ciudad con su entorno y con los recursos naturales sobre los que se erigió. A continuación, presentamos a partir de las colecciones fotográficas disponibles en la Biblioteca Virtual del Banco de la República, cuatro de los tantos casos, que hay en Colombia. En todos el río y la ciudad son territorios posibles, susceptibles de cambios y transformaciones.
Si después de ver estas imágenes, te animas a imprimir o intervenir digitalmente alguna con color, para expresar una propuesta, un anhelo o una posibilidad para este paisaje, no dejes de compartirla con nosotros para hacerla parte de uno de los mosaicos virtuales del proyecto Ríos, territorios posibles.
Magangué, río Magdalena, 1930
Después de pasar por Barrancabermeja, el Magdalena, se vuelve un río disperso. Sus aguas que corren con cadencia, contenidas entre dos cordilleras, transforman un cauce lleno de curvas, pero lineal, en un repertorio de ciénagas infinitas. Magangué, la ciudad de los ríos, ve pasar desde su puerto, juntas hacia el Atlántico, las aguas del Magdalena, el Cauca y el San Jorge.
Vista aérea de Santiago de Cali, 1950
El que se ve correr desde el centro de esta imagen, es uno de los siete. El que atraviesa el sueño, que el poeta de Apiay, propone es ésta ciudad, el que lleva su mismo nombre: Cali. Tímido, deja la cordillera Occidental por donde entra también la brisa del Pacífico. En su recorrido, que pasa por puentes y barrios, se apresura al río Cauca, ese gran borde líquido con el que limita esta ciudad.
Reinauguración del estadio El Campín
Río Arzobispo, Bogotá
20 de julio de 1951
Por un lado de la fiesta del Campín se asoma el río Arzobispo. Nace en las tierras altas del páramo de Cruzverde y entre salto y salto llega a Bogotá. Antes corría libre por esta sábana, pero desde hace ya varias décadas, los imperativos del urbanismo moderno, lo tapan y destapan en su paso por la gran ciudad. Arriba es río, abajo canal, Canal Salitre.
Avenida Jiménez de Quesada
Río Vicachá o San Francisco, Bogotá, 1930
Los casos abundan, no obstante, sigue siendo extraño saber que un río ha sido canalizado y además cubierto por una vía. El río San Francisco, llamado por los pobladores que precedieron a los bogotanos, río Vicachá, corrió esta suerte en las primeras décadas del siglo XX y sobre él se construyó la Avenida Jiménez de Quesada. Documentos del Archivo Distrital dan cuenta que hasta 1887 este río contaba con 17 puentes en su paso por Bogotá para unir barrios y parroquias. Hoy corre con tenue rumor, se esconde como fantasma.