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Bicentenario en 10 imágenes
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Tipo de minisitio

Imagen religiosa, ¿imagen de país? 

Los imaginarios de nación que impulsaron a quienes lucharon por constituir la nueva república

En 1555 Antonio de Santana, encomendero de Suta, encargó una pintura de la Virgen del Rosario al pintor español residente en Tunja Alonso de Narváez, por intermedio del fraile dominico Andrés de Jadraque. Para su elaboración, el pintor empleó una tela de algodón de origen indígena, en formato horizontal, con lo que se encontró ante la necesidad de completar la composición a los dos lados de la figura de la Virgen. La decisión fue incluir dos imágenes correspondientes a los Santos Patronos tanto del encomendero, como del fraile dominico, completando una composición inusual que incluyó a San Antonio de Padua a la derecha de la Virgen, y al Apóstol San Andrés a la izquierda. La imagen se instaló en una capilla de la encomienda, y con el paso del tiempo y los efectos del clima, la imagen se deterioró al punto que fue retirada y enviada al poblado de Chiquinquirá. La señora María Ramos, cuñada de Santana, recuperó la imagen ubicándola en un oratorio y le dedicó sus oraciones por un largo tiempo. El 26 de diciembre de 1586, tras abandonar el oratorio, Isabel, una mujer indígena que pasaba por allí con su hijo llamaron la atención de la señora, observando que la imagen, antes estropeada, se iluminaba y recuperaba sus colores milagrosamente.

Esta narración del Milagro de la Virgen de Chiquinquirá cobra una gran importancia en el territorio pues se trató de la primera noticia de una imagen milagrosa en las tierras de la Nueva Granada, al punto que se realizaron numerosas peregrinaciones no sólo para atestiguar el milagro, sino también para recoger testimonios que permitieran comprobar la verdad del suceso. La comunidad dominica, involucrada simbólicamente con la Virgen del Rosario –en una escena de la vida de Santo Domingo de Guzmán la Virgen se le aparece y le entrega un rosario invitándolo a usarlo como arma contra los enemigos de la fe– asume el cuidado de la imagen hasta el día de hoy, y la consolida como referente de la identidad local, pues de un lado se atribuyen múltiples milagros a la imagen durante los siglos XVII y XVIII, especialmente relacionados con la curación de pestes y epidemias; y de otro, los dominicos apoyan la causa patriótica durante las luchas de la independencia, utilizando la imagen de la Virgen de Chiquinquirá como símbolo, y entregando donaciones a las tropas.

El Papa Pío VII proclamó esta advocación como patrona de Colombia en 1829. En 1919, durante el gobierno del presidente Marco Fidel Suárez, se realiza la coronación de la Virgen de Chiquinquirá como Reina de Colombia y se oficializa su consolidación como símbolo nacional después de que el Papa Pío X firmara el decreto que oficializaba su coronación canónica. La corona incrustada en el cuadro fue elaborada en oro y esmeraldas por el artista Ricardo Acevedo Bernal por encargo del gobierno nacional. En 1986 el Papa Juan Pablo II visitó la basílica de Chiquinquirá y consagró a Colombia a la Virgen María pidiendo por la paz. Aun en la actualidad miles de colombianos que profesan la fe católica hacen peregrinaciones a este santuario para venerar la imagen de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, en especial el 9 de julio, día declarado en su honor.

Cabe aclarar que el reconocimiento de esta imagen como emblema de la nación ocurrió en momentos en que el poder estatal tenía fuertes nexos con el poder eclesiástico, teniendo en cuenta que a partir de la Constitución de 1886 se oficializó el culto católico como única manifestación religiosa del país. Tras los cambios introducidos por la Constitución Política de 1991, la vigencia de este símbolo se cuestiona en tanto Colombia se define como una nación pluriétnica y multicultural y, por tanto, es imposible reducir las variadas espiritualidades a una única imagen de herencia europea. De otro lado, por mencionar un fenómeno contemporáneo, el desarrollo creciente de iglesias cristianas controvierte el uso de imágenes en las celebraciones religiosas, poniendo en cuestión el poder de la imagen como portadora de mensajes y significados colectivos.

La imagen que pertenece a la Colección de Arte es una de las tantas reproducciones de la imagen original que se realizan tras la noticia del milagro desde el siglo XVI, y coincide con el formato inusual y las particularidades iconográficas.

Apuntes sobre iconografía

Virgen del Rosario. Se representa la Virgen del Apocalipsis, que se apoya en la luna y se rodea de la luz del sol, que viene a vencer al demonio. Está siendo coronada como reina de los cielos por los ángeles. La Virgen presenta al niño como símbolo de salvación, y éste tiene en su mano a un jilguero, que se corresponde con un relato apócrifo que refiere un pájaro que quita las espinas de la frente de Cristo crucificado y se pinta de sangre, prefigurando la pasión de Cristo.

San Antonio de Padua. Fue un sacerdote franciscano que conoció a Francisco de Asís, doctor de la Iglesia, por lo que se representa con un libro. En las narraciones de su vida se describe un episodio místico en que la Virgen se le aparece y le permite cargar al niño en sus brazos, por lo que la figura del niño se convierte en uno de sus atributos. Se representa con un lirio como símbolo de pureza y castidad, sin embargo en la imagen que se observa el lirio se ha reemplazado por una palma, asociada al martirio.

San Andrés. Apóstol del siglo I, cercano a Jesús. Estuvo presente en la última cena y fue testigo de la ascensión. Su muerte se produjo por el castigo del emperador romano, quien lo condenó a ser crucificado en una cruz en forma de X a la que fue atado; estos elementos se usan tradicionalmente como sus atributos.

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Virgen de Chiquinquirá, Colección de Arte del Banco de la República
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Area misional
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