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Tipo de minisitio

Si la fundación de la Academia de San Carlos en México se remonta a 1785 (más de un siglo antes que la primera en Colombia), su estrecho vínculo con la mirada europea en torno al fin del arte y su papel en la sociedad está completamente influido por el modelo francés: un arte para saciar el gusto de la elite, y convertirse en un elemento determinante de poder y cultura. Sin embargo, México contó con el favor de la monarquía española para la fundación de esta institución y por tanto su desenvolvimiento en un arte académico fue el más temprano y desarrollado en los países latinoamericanos.

Las elites de los entonces Estados Unidos de Colombia, liberadas del yugo español para mitad de siglo XIX se enfrentaron por primera vez a la necesidad de crear instituciones para gestar sus manifestaciones propias. Independientes políticamente pero no culturalmente encontraron el mismo ideal del arte en el modelo europeo y aunque formularon la creación de una institución que supliera estas necesidades, no había un solo artista colombiano formado en España o en Francia que pudiera poner en la práctica una institución basada en estos ideales. Fue un mexicano formado en la Academia de San Carlos y con una amplia cultura intelectual complementada con sus viajes, quien tendría el papel mesiánico de fundar las bases de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá. Por invitación del poeta Rafael Pombo, el pintor texcocano Felipe Santiago Gutiérrez fundó en Bogotá en 1873 la Academia Vásquez (en honor al pintor neogranadino Gregorio Vásquez), el germen de la Escuela que se consolidaría por decreto nacional a partir de 1886.

Con la presencia de Gutiérrez en Colombia se profesionalizó el oficio del artista y por primera vez se convino en la necesidad de enviar artistas becados a Europa para traer sus conocimientos al servicio de la afrancesada sociedad colombiana. Cumpliendo la orden con juicio, muchos artistas colombianos de finales de siglo XIX e inicios del siglo XX continuaron el legado de Gutiérrez y transmitieron la academia en Colombia después de conocer por sí mismo la alta cultura en los museos y escuelas de Europa.

Así mismo, durante la primera década del siglo XX la pintura mexicana estaba aún regida por la Academia, con fuertes influencias europeas.  Los pintores en México aspiraban a viajar a Europa para poder continuar ahí sus estudios. Ángel Zárraga y Diego Rivera recibieron apoyos del gobierno mexicano para estudiar en el viejo continente. Zárraga partió en 1904 y se quedó hasta 1940; durante este tiempo realizó numerosas obras y entabló amistad con Amadeo Modigliani y con otros pintores que influyeron notablemente en su trabajo. Por su parte Rivera llegó a España en 1907 y poco después se trasladó a París, ciudad en la que residió hasta 1921. Ahí se vinculó con los artistas que dieron paso hacia las vanguardias de principio de siglo y realizó una serie de importantes obras cubistas.

Por el contrario, nadie en Colombia se atrevió a llegar a Europa a desobedecer la tarea de regresar como un artista neoclásico. Hacerlo habría sido desperdiciar la beca y someterse a una sociedad que no estaba dispuesta a tolerar los ejercicios experimentales que planteaban las estruendosas vanguardias. Solo fue hasta 1893 cuando, Andrés de Santa María, un colombiano nacido por casualidad en Colombia pero formado por completo como un francés, llegara de regreso en su adultez con las desprevenidas nociones del arte de vanguardia, para que se viera en el país los influjos del impresionismo. El mismo año llegaba a Colombia el pintor español Luis de Llanos, con una fijación particular por el paisaje de la Sabana de Bogotá, y una pintura influida por la Escuela de Barbizón. Pero la locura de la pintura al aire libre pregonada por Santa María y Llanos en la Escuela de Bellas Artes fue vista con malos ojos y su incomprendida pintura atacada. La conclusión fue devastadora. Llanos muere rápidamente en 1894, y Santa María resiste los ataques de sus detractores hasta que harto del conservadurismo y la hermética noción de arte en Colombia se marcha en 1911 a Europa para no volver.

Así, a Europa la América Latina le adeuda no solo su noción clásica del arte, sino también aquella incipiente idea moderna de revolución, de ruptura, de insatisfacción y de eterna búsqueda por la novedad. Dos extremos como la Academia y la vanguardia, contradictorios, antagónicos pero inseparables debieron convivir para que el próximo capítulo se gestara en la mentalidad de los inquietos intelectuales mexicanos quienes serían los próximos adalides del pensamiento latinoamericano.

Emma Cecilia García Krinsky

Christian Padilla

Curadores

Imagen principal Media
Indias de Oxaca (detalle) Felipe Santiago Gutiérrez - Colección de Arte del Banco de la República.
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