Es portada?
false
Tipo de minisitio

El final de los años ochenta y el comienzo de los noventa fue una época dolorosa de la historia del país. Cientos de líderes políticos y militantes de la Unión Patriótica desaparecieron a lo largo del territorio nacional, cinco candidatos presidenciales fueron asesinados. Pocas veces fue tan visible la disfuncionalidad de una nación que había sabido mantener las guerras lejos de los núcleos urbanos.

No obstante, en ese momento se produjeron fenómenos políticos esperanzadores como la Asamblea Constituyente, en 1991, que representó un agenciamiento de la juventud, así como el inicio frágil de la participación y el reconocimiento político de comunidades invisibilizadas. En las ciudades comenzó a desarrollarse una expresión alternativa de búsqueda de identidad a través de la música, en pequeños bares donde se reunían jóvenes que no encontraban formas de representación. Construyeron espacios para reunirse en torno a nuevas formas de comunicación que evolucionaron al ritmo del pogo, la proyección de los videos de MTV y cocteles con nombres surreales.

Se desarrolló una gráfica que refrescó las calles: circulaban afiches, volantes, fotocopias, influenciados por la cultura punk, el cómic, los fanzines y la idea del hágalo usted mismo. Esa fue la forma de construir una imagen rebelde. Xerox, letraset y los inicios del Photoshop en los computadores personales, permitieron elaborar un conjunto de piezas que dieron vida a un nuevo estilo de gráfica.

De otro lado del espectro del diseño, en Bogotá se consolidaron las propuestas de Camilo Umaña, Diego Amaral, Camila Cesarino, Susana Carrié, Pilar Gartner y Fredy Chaparro, por citar algunos de los casos más conocidos. Todos ellos trabajaban incorporando el diseño y la manipulación de imagen asistida por computador, y constituyen lo que podría denominarse una forma de “establecimiento” del diseño gráfico en los impresos de los años noventa, produciendo carteles, catálogos y publicaciones para instituciones culturales. Dentro de la complejidad que implica hablar de diseño en el país en los años noventa, y ante la dificultad de construir un discurso incluyente, deben mencionarse otros escenarios de la práctica, más cercanos a las publicaciones periódicas, la publicidad y al diseño corporativo. Hay que reseñar publicaciones culturales nacientes o presentes, pero fundamentales de la identidad gráfica de la década, como la Revista Número (1993), El Malpensante (1996) y el Magazín Cultural de El Espectador —este último creado en formato de revista desde 1983 y en circulación hasta 1999—. En todas estas publicaciones hay un cuidado gráfico particular, atención a la tipografía y presencia de artistas e ilustradores que le confirieron carácter e identidad a cada propuesta.

En el año 1996 se crea la revista Proyecto Diseño, la primera publicación especializada en distintos segmentos de la disciplina. Se enfoca, inicialmente, en arquitectura, diseño interior, industrial, gráfico y algunas de sus variantes. En 1998 la revista lanza el Premio Lápiz de Acero, que se convierte en un referente para la profesión hasta el 2017, último año del evento. Representó una muestra significativa de la manera en que se amplía el espectro de la profesión y del cambio que significó la introducción del ordenador como herramienta para crear imágenes y apoyo en diseño y edición, hasta convertirse en el soporte mismo a través del cual accedemos hoy a la mayoría de contenidos diseñados. Con ello termina una época en la cual la materialidad fue fundamental, desde la forma en que se producían los impresos, incluyendo los elementos técnicos utilizados —letras de metal y papel— hasta la manera en que se distribuían y consumían —peso, contenedores, bodegas—. A la vuelta del siglo empieza el milenio que abre con los sistemas de representación digital: haces de luz que se transforman ante nuestros ojos.

Imagen principal Media
El mal vestido. Humberto Junca. Taches y dibujo en esfero de tinta negra y roja, sobre tela de blue jeans usados 90x 110 cm - 1999