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Sembrar la duda: Indicios sobre las representaciones indígenas en Colombia
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Tipo de minisitio

El Banco de la República cumple en el 2023 cien años de historia, en la que están entreverados el surgimiento y el posicionamiento de sus colecciones de museos y de una visión museal que se ha ido configurando a lo largo del tiempo. Con esta exposición, enmarcada en la celebración del centenario de la fundación del Banco, se busca plantear nuevas formas de exhibir las colecciones, proponiendo narrativas plurales y cuestionando categorías que han limitado el imaginario cultural del país y han marcado la historia del arte con estereotipos sobre la identidad. Los museos son instituciones que reflejan las estructuras tradicionales de poder, y son también plataformas desde las que la entidad museal puede proponer procesos para revertir la voz unívoca y categórica que los ha caracterizado, e impulsar una multiplicidad de interpretaciones que reivindiquen el poder de la diversidad cultural. Esta muestra es parte de ese proceso crítico de actualización.

Proponer la duda como gesto reflexivo busca abrir el debate sobre cómo pensar futuros posibles para los museos hoy. El proyecto implica partir de preguntas y no de verdades absolutas que posibiliten revisar las miradas fragmentadas que impone el término arte a la producción cultural enunciada desde un país como Colombia.

Las piezas que conforman la exposición “Sembrar la duda: indicios sobre la representación indígena en Colombia”, provenientes en su mayoría de las colecciones del Banco de la República, dialogan con el pensamiento de pueblos indígenas pasados y actuales del país, y en esa medida son testigos de la transformación de las miradas a la producción cultural y el arte desde el museo. La muestra sigue un recorrido a través de indicios, entendidos como ejes que invitan a los públicos a cuestionar la línea cronológica de la historia, y el lugar de extrañamiento ante lo propio que se ha producido por acoger nociones sobre la visualidad que se alimentan de discursos heredados del colonialismo. Estos grupos de objetos, imágenes y sonidos hablan también de tensiones que se han dado por la normalización de lugares de enunciación artística hegemónicos, y en este sentido sugieren posibilidades descolonizadoras con nuevas lecturas.

Desde una intención reflexiva, la curaduría se ha realizado acompañada por diálogos y espacios de escucha con comunidades indígenas, con el fin de ir más allá de la investigación académica y acoger ciertos sentidos de la ritualidad. Encuentros en Leticia con abuelas que cuidan la chagra del Museo Etnográfico del Banco de la República, diálogos con la Universidad Autónoma Indígena Intercultural (UAIIN) en Popayán, un círculo de palabra con las juventudes de la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac), así como espacios rituales para prender el fuego en el museo, o realizar cantos a piezas arqueológicas como parte del cuidado de estas en el Museo del Oro con algunos creadores y líderes de los pueblos autóctonos, han acompañado la reflexión. Los gestos y pensamientos, que se han venido sembrando en forma colectiva para la muestra, rompen el vínculo que insiste en unir la creación indígena principalmente con el pasado, marcado por visiones arqueológicas, para reconocer su agencia en el presente.

Los procesos que se han llevado a cabo dejan en claro el llamado de las comunidades a  cuestionar el museo como un lugar estático que convierte al sujeto en mero objeto de exhibición, para transformarlo en un espacio de diálogo cultural que atienda, desde la creación artística, las implicaciones de ser indígena hoy. Esta tarea resulta esencial también como un llamado a no seguir perpetuando la violencia, desposesión y victimización ejercidas sobre los pueblos indígenas, algo a lo que no es ajena la historia del arte.

El proyecto expositivo está acompañado por una “curaduría viva”, que busca generar espacios de acción y enunciación para las comunidades indígenas en las salas del museo, abriendo lugares para sus conocimientos. Atendiendo a los saberes compartidos por algunos pueblos nativos del país, se busca entretejer experiencias que ofrezcan posibilidades de alianza y cooperación mediante la exhibición no solo de trabajos de artistas indígenas, sino de artistas o colectivos que, sin pertenecer a etnia alguna, han ejercido buenas prácticas de conservación o transformación de los conocimientos indígenas y los saberes ancestrales de la mano de las propias colectividades. Más allá del arte, interesa proyectar un mutualismo social que impulse nuevas maneras de crear, pensar e interactuar desde el beneficio recíproco, en los espacios de los museos.

El diseño expositivo, realizado por Organizmo en colaboración con varios artesanos, se ha consolidado en una propuesta sostenible que crea espacios y relaciones más éticas con el medio ambiente. La muestra se plantea desde las posibilidades experienciales e intuitivas de sentir el arte y el espacio como reflejo de un territorio, por lo que el recorrido por las obras estará acompañado de materialidades simbólicas y paisajes sonoros de voces de abuelos y abuelas que, ante la pregunta por su relación con el arte, lo enuncian como una forma de vida para dialogar armónicamente con el entorno.  

La Red Cultural del Banco de la República lleva a cabo una gestión que busca el conocimiento situado, atado a procesos locales, y por ello impulsa abiertamente que las expresiones artísticas se entiendan en toda su complejidad y diversidad. Allí reside en gran medida la importancia de su labor: ser una red que conecte múltiples e incluso opuestas maneras de entender la creación. Desde esta premisa, el proceso también ha implicado un programa de adquisiciones específico para incrementar la presencia de creadores de los pueblos originarios del país en las colecciones de arte.

Las más de 800 piezas incluidas en “Sembrar la duda” recorren un marco temporal que comienza con la creación prehispánica, pasando por lo colonial, las representaciones “científicas” de viajeros del siglo XIX y las nociones de modernidad en el arte colombiano, hasta llegar al siglo XXI. De esta manera ambiciosa se inicia un diálogo entre los acervos del Banco de la República: la Colección de Arte, las colecciones etnográficas y arqueológicas del Museo del Oro y las colecciones fotográficas y documentales de la Biblioteca Luis Ángel Arango, además de algunos préstamos externos. La riqueza de esta selección posibilita cruces ideológicos para desubicar las nociones de arte que han aislado la creatividad autóctona con jerarquías que desestiman lo popular y lo artesanal, o aun lo apropian desde la categoría del primitivismo.

Al sembrar la duda se convocan ideas de modernismos múltiples y abiertos, donde la incertidumbre sea una virtud que genere relevos temporales para nuevos contextos y geografías del arte, y permita la “heterocronicidad”, esto es, la posibilidad de que los tiempos ancestrales, sus territorios y conocimientos sean leídos en contrapunto con un presente altamente urbanizado, mestizo y complejo, que reivindique la producción cultural de Colombia desde la simultaneidad.

María Wills Londoño

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Taaw (Chumbe) detalle de obra y logotipo Sembrar la duda