Una de las más increíbles piezas que reposan en la colección de la BLAA se titula Impresiones de un viaje a América. Se trata de las memorias del español José María Gutiérrez de Alba, quien vivió en Colombia entre 1870 y 1874. Movido por la recuperación de la fraternidad entre la región y España, tras el triunfo de la independencia, vino en búsqueda del restablecimiento de las relaciones. Lo que logró en ese sentido fue poco o nada. Más bien, se dedicó a viajar por el país y a recoger impresiones sobre esta tierra nueva, virgen, salvaje. ¿El resultado? Diez grandes volúmenes con un promedio de 400 páginas por tomo, ilustrados con 466 acuarelas, dibujos, fotografías y litografías, que incluyen un reflejo de la vida diaria tolimense.
¿Guerras? Eso es lo que tiene nuestra historia. Nos liberamos del yugo español y empezamos a matarnos. ¿Por qué? Bueno, porque usted es conservador y yo liberal, y usted quiere a la Iglesia involucrada en el poder y yo no tanto. En 1876, por ejemplo, reventó una guerra porque los conservadores se alzaron ante el gobierno de Aquileo Parra y su educación laica. Tolima fue una de las primeras regiones del país en rebelarse. Después la guerra se expandiría por toda Colombia. ¿El resultado? Miles de muertos, el triunfo del gobierno, la expulsión de un buen número de obispos, la continuación del odio entre liberales y conservadores y una especie de paz que no alcanzó a durar siete años.
Desde los años treinta, el Tolima fue un fortín de organizaciones comunistas campesinas. Estos documentos ilustran una coyuntura especial: en 1953, tras la caída de Laureano Gómez, el nuevo gobierno militar, encabezado por Rojas Pinilla, propone una amplia amnistía a las guerrillas. Parecen no creerle. Al final, si bien muchos se unirían a la paz, no serían pocos los que se mantendrían en las armas. Además, varios de los amnistiados, tras la persecución y las desapariciones que vendrían después, regresarían al monte. Allí nacieron las Farc.
Precisamente, 22 años después de darle el golpe de Estado a Gómez, y de iniciar las amnistías con las guerrillas, Rojas Pinilla moriría en el Tolima, en su finca de Melgar. ¿La causa? Un infarto cardiaco. En las fotografías Rojas aparece en un lugar que tal vez a usted le resulte conocido. Sí, es este, Corferias. Lo está inaugurando en 1954. Si bien fue un dictador, y la sociedad civil no le permitió terminar su mandato, Rojas se caracterizó por hacer importantes obras públicas: trajo la televisión al país, hizo el aeropuerto El Dorado y el Centro Administrativo Nacional (CAN).
Este antiguo documento reproduce uno de los poemas colombianos más importantes del siglo XIX: ‘La Luna’. ¿Su autor? Un tolimense de padre irlandés: Diego Fallón. Su obra es tan importante que hasta un pueblo lleva su nombre (bueno, su apellido). Santa Ana, donde nació, hoy se llama Falan. Aunque el poema está dedicado a su esposa, es un canto a la luna, uno de los más bellos de la lengua española.
“¡Cuán bella, oh luna, a lo alto del espacio
por el turquí del éter lenta subes,
con ricas tintas de ópalo y topacio
franjando en torno tu dosel de nubes!”.