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Pasto
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No fue fácil la vida de Antonio José de Sucre. Durante los días más álgidos, comandó el ejército del Sur. En Ecuador y lo que hoy es Nariño se enfrentó a las violentas fuerzas españolas. Fue en La Unión, al norte del departamento, donde cayó asesinado. Las cartas que envió durante la liberación de la región dan buena cuenta del suplicio que fue su labor. Le escribe a Santander: “Me he informado de los motivos principales de la deserción y, según parece, la falta de alimentos es lo primero. Me aseguran que muchos soldados han muerto materialmente de hambre, que jamás se les ha asistido más que con libra y media a dos libras de carne”.

Nadie podía suponer que aquella mañana del 10 de julio de 1944 sucedería lo que sucedió: los militares apresaban al presidente Alfonso López Pumarejo, quien se encontraba en la capital nariñense. Mejor dicho: en Pasto, daban un golpe de Estado. De inmediato, en clave, comenzaban a llegar los telegramas a Bogotá. El golpe, finalmente, duró poco: no todos los militares estaban unidos. En los telegramas descifrados que conserva la BLAA se lee: “Sería fusilado después seguirle consejo guerra por graves ofensas ejército”. “[López] cuando conoció noticia sobre culminación sucesos, sufrió grave choque nervioso, siendo necesario evacuarlo hacia Florencia en avión militar”.

Uno de los mejores fondos visuales de la colección de la BLAA es el de la antropóloga Nina de Friedemann. Para Nina, la imagen era parte fundamental de la investigación etnográfica. ¿Su obsesión? Los afrocolombianos: sus tradiciones, costumbres y espacios. Recorrió nuestro Caribe y nuestro Pacífico en busca de las realidades afro. Estas fotografías son un ejemplo de su trabajo. Fueron tomadas en los viajes que hizo junto al investigador estadounidense Ronald Duncan a la zona de Güelbambí, en Nariño, a mediados de los años setenta. Forman parte del periodo llamado Protohuellas de Africanía.

Lo que usted está viendo pertenece al archivo compilado por el investigador Víctor Daniel Bonilla, que ahora se encuentra en la Biblioteca. Bonilla trabajó durante años con comunidades indígenas en temas de recuperación de derechos. Estas cartillas y folletos de comienzos de los años ochenta reflejan su trabajo con comunidades de Nariño y Cauca. ¿De qué hablan? De que los indígenas tienen los mismos derechos que los blancos. De que los indígenas son dueños de sus territorios. En este material denuncian el maltrato y se hacen respetar. El trabajo de Bonilla generó cambios positivos, pero, quién lo duda, queda mucho, mucho, por hacer.

Estas fotografías fueron tomadas apenas días después de que un incendio arrasara con San Andrés de Tumaco, al suroccidente de Nariño, en 1947. Un año después, mientras una turba acababa con Bogotá tras el asesinato de Gaitán, comenzaban en la Perla del Pacífico los trabajos de diseño de una nueva ciudad. Trabajos que nunca se terminaron del todo. Sin embargo, a su manera, Tumaco se convirtió en otra: muchos de sus pobladores la abandonaron para siempre, otros comenzaron a colonizar las zonas aledañas y los que pudieron, dejaron atrás la madera y construyeron con bloque y cemento, o con zinc, como se ve en las imágenes.

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Blaa 60 años Pasto
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