Durante las campañas para liberar al sur del continente del poder español, José María Espinosa fue uno que anduvo muchas veces por los caminos de Nariño, en plan comprometido de prócer. No sólo luchaba: después pintaba las batallas y hacía retratos de personajes como Bolívar. En 1816, los españoles lo agarraron. Al paredón. En la quintada, un juego macabro, el quinto de la fila debía morir. Era él. Jamás entendió cómo, pero se salvó. Cincuenta años después pintó la escena en las hojas de un libro de su amigo José María Quijano. Después de salvarse, se hizo prófugo, hasta que en 1819 se entregó al indulto promulgado por Pablo Morillo.
Al sur de Nariño, no muy lejos de la frontera con Ecuador, está Ipiales. La ciudad tuvo un rol importantísimo en la independencia, y vivió una deliciosa época de oro en las primeras décadas del siglo XX, por el comercio con el país vecino, el desarrollo vial y el fomento educativo e intelectual. Estas fotografías hacen de parte de un álbum de la vida cotidiana de esa ciudad, que está en la BLAA. Ojo a las vestimentas de la época: parecen robadas de una escena de El gran Gatsby.
Ya no los hacen como Arthur Clifford Veatch. El estadounidense, nacido en Indiana en 1878, fue geólogo, historiador, científico e investigador. Vino a América a buscar petróleo, pero no era ése el único tema que le atraía. En 1913 recorrió la ruta entre Quito y Bogotá, y obviamente pasó por los bellos paisajes nariñenses. Cuatro años después publicaría un libro contando las experiencias de este viaje: Quito to Bogotá. Estas son las fotografías de aquella delicia de aventura, dedicadas por él y Lord Murray al político payanés Francisco José Urrutia, que reposan en un álbum de la Biblioteca.
Antonio Nariño, cuyo apellido le dio nombre al departamento, y Doménico Caracciolo, autor de este libro, tienen algo en común: los dos creían firmemente en los ideales libertarios de la revolución, lo que les causó más de un enemigo: Nariño padeció años de cárcel y Caracciolo fue tildado, peyorativamente, de ‘afrancesado’. Y, cómo no, cuando se habla de enemistades hay que hablar también de amistades. Pues bien, Caracciolo escribió un libro sobre el tema. Allí dice: la amistad es inteligente, desinteresada, sufrida, fiel, generosa, discreta, sencilla, tranquila, sincera, afable, tierna, constante, activa, condescendiente, equitativa, casta, religiosa… ¿Será? ¿Está usted completamente de acuerdo?
Casi el once por ciento de la población de Nariño es indígena. Durante siglos, los miembros de estas familias han sido humillados, desterrados, asesinados… Pero frente a la agresividad opresora han sabido reponerse, organizarse y luchar por sus derechos. El poder de la voz indígena del sur del país no es hoy cualquier cosa. Y es que llevan años trabajando. Por ejemplo, las 'mingas', o marchas y protestas que han llevado a cabo, han movilizado a miles de personas, consiguiendo que el país, tras largos periodos de olvido, ponga sus ojos en estas comunidades.