Antes de que en Ciénaga, no muy lejos de Santa Marta, sucediera la Masacre de las Bananeras, ya se comentaban en el país los atropellos que la United Fruit Company cometía. Un documento de 1924 habla de cómo la compañía se apoderaba tranquilamente de territorios baldíos y de caudales de agua públicos, por no hablar de los maltratos que sus empleados denunciaban constantemente y que durante mucho tiempo fueron ignorados. Entre el 5 y el 6 de diciembre de 1928, en la masacre inmortalizada por García Márquez, centenares de obreros en huelga fueron asesinados.
Nina S. de Friedemann
Huellas. Palenque de San Basilio: monte Varios. Selección
[Fotografías], ca. 1970-1995
Archivo Nina S. de Friedemann, Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
No muy lejos de las instalaciones de la United Fruit Company creció Jaime Bateman Cayón, fundador y comandante del M-19. La BLAA tiene un interesante archivo de documentos de ese grupo guerrillero; sobre todo de las últimas etapas, cuando la entrega de las armas y la inclusión en la vida civil parecían inminentes. Sin embargo, allí están también algunos panfletos, periódicos y revistas que el grupo armado distribuía entre la población años antes. Ejemplo de esto son las piezas que usted ahora ve, de 1985 y 1986. Por esos días, el conflicto se recrudecía y, según los ideales del M- 19, no había más salida que la toma del poder por la vía armada. Bateman no alcanzó a estar en la toma del Palacio ni en los tratados de paz: murió en 1983, en un accidente aéreo, cuando viajaba a Panamá en medio de los diálogos con el gobierno Betancur.
Movimiento 19 de abril
Algunas imágenes de Bateman en el M-19 Con el pueblo, con las armas ¡Al poder!
[Portadas de revistas], 1985-1986
Archivo del Movimiento 19 de abril, M-19, Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
Magdalena. Para todo colombiano: un departamento. Pero también un río: el grande de la Magdalena, que pasa por los departamentos de Huila, Tolima, Caldas, Cundinamarca, Boyacá, Santander, Antioquia, Cesar, Bolívar y, por supuesto, Magdalena. En El Banco, al sur del departamento, los brazos de este monstruo se bifurcan. Toda la historia de Colombia navega por ese río: la de las primeras poblaciones indígenas, la de la conquista, la de la colonia, y la de la independencia, así como la de las actividades del comercio y la industria. Nos hemos relacionado con el mundo, todo ha salido y entrado por el Magdalena. De ahí que buena parte de las poblaciones colombianas se ubiquen a sus orillas y que desarrollos de transporte, como las carreteras y los ferrocarriles, se hayan hecho paralelos a él. Algo más: el Magdalena, a veces tan olvidado y sin duda tan contaminado, es protagonista de primera línea de la obra de García Márquez.
Gabinete Artístico de E. V. Duperly
Colección de tarjetas postales de Colombia
[Postales], ca. 1903-1925
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
Una imagen más del Magdalena. 1823. Hace calor. Miembros de una comunidad aledaña al río bailan una danza triste. Están despidiendo a un niño –a “un pequeño ángel”, como bien lo dice el autor de este grabado-. Es un velorio. Francoise Désire Roulin fue un científico e ilustrador francés que vino a Colombia con intereses investigativos. Mientras remontaba el rio Magdalena en un champán maniobrado por una cuadrilla de bogas, captó esta escena. Roulin recorrió Colombia de arriba abajo, pintó a Bolívar y a los próceres, y tuvo tiempo hasta para escribir sobre lo que veía a su paso. Años después, en 1835, publicó este grabado. La fiesta del umbral entre la vida y la muerte en toda su expresión.
François Désiré Roulin
Velorio, Bal du Petit Angel
[Grabado], 1835
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
¿En qué habrá pensado Bolívar durante sus últimas horas en Santa Marta? Es probable que este recuerdo no le haya pasado por la mente: durante su primer viaje a España, recién casado con Teresa del Toro, jugó pelota a pala con el príncipe de Asturias, quien después sería Fernando VII. O a lo mejor sí evocó aquellos momentos y sonrió: ¿cómo iba a imaginar que, años después, lo enfrentaría a muerte por la libertad de la Nueva Granada? Uno de los documentos frente a usted es una oración para que Fernando volviera al trono después de que, tras apenas tres meses, le quitaran la corona. El otro, es un informe sobre cómo se celebró en Santa Fé su regreso al poder, gracias a una estrategia de Napoleón Bonaparte Allí se lee: “La fidelidad de la América ha sido siempre celebrada no sólo por los sabios españoles, sino también por los franceses y demás extranjeros. Pero entre todos los reinos de estas vastas regiones, se ha distinguido siempre, con una especial predilección, la ilustre capital del Nuevo Reino de Granada”.
Martín Fermín Navarrete
Oración de la real academia española al rey nuestro señor Don Fernando VII, Madrid, Imprenta de Ibarra,
[Páginas del libro], 1814
Fernando VII, Rey de España Relación de lo que executo el M. I. C. Justicia y Regimiento de la M. N. y M. L. Santafé de Bogotá, s. e.,
[Páginas del libro], 1808
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.