En la década del 70 cuando alguien tenía un mal de amor mandaba una carta a un programa cultural de origen católico y problema resuelto. ¡Fácil! Al mes (o incluso al año) uno podía recibir respuesta con la cura. ¡Buenísimo! El viaje de una historia de amor por correspondencia.
Así le pasó a Lucero Ávila*, una muchacha de Sincelejo que en 1974 se le confesó a la organización católica Acción Cultural Popular a través de una carta…para saber si ese chico era o no el hombre de su vida. Lucero escribió:
Resulta que acá en el colegio donde me educo cierto chico está enamorado de mí. Yo me he dado cuenta por su forma de mirar y actuar conmigo, pero no me ha dicho nada, es decir: con palabras, porque es un poco tímido, hasta mis amigas se han dado cuenta que yo le simpatizo. Pero como ustedes saben: cuando uno está enamorado “sino lo dice la boca lo demuestra el dulce mirar.
¿Sabía usted que todas estas consultas de amor están en la sección de libros raros de la BLAA? ¿Cuántos recuerdos hay detrás de estas cartas?
A Lucero Ávila, la muchacha con mal de amor, le respondieron la carta un año después deseándole que "hubiera tenido la mejor de las suertes con su romance de colegio” e invitándola a participar de un “cursillo sobre Sexo y Matrimonio” que por esas fechas emitía Radio Sutatenza en Sincelejo, la emisora de Acción Cultural Popular que difundió programas educativos para los campesinos colombianos. “Feliz aquel que sabe qué es el amor, más feliz el que sabe vivirlo”, eran las palabras que desde Radio Sutatenza se transmitían sobre el matrimonio.
Las fotografías que usted está viendo corresponden al archivo del programa católico Acción Cultural Popular, o ACPO. Una institución que recorrió Colombia dictando, entre otros seminarios, cursillos matrimoniales.
Estas imágenes cuentan ese Sincelejo de los años sesenta y setenta donde la mayoría de hombres se casaba por la iglesia. “¡Cómo Dios manda!”, decían. Los hombres: pantalón planchado y zapatos bien embolados… serios. Las mujeres: con traje blanco…hermosas. Y a los costados, los niños vestidos de domingo. Al final, el beso de los recién casados bañado por pepitas de arroz. Eran tiempos viejos, no hay duda.
Los habitantes más viejos de Sincelejo recuerdan que las corralejas comenzaron como faenas de trabajo para enseñarles a los indígenas y mestizos a lidiar con el ganado salvaje. Luego, la fiesta se convirtió en la manera como los hacendados premiaban a los vaqueros más fuertes. Y después los símbolos religiosos y paganos fueron arraigándola en el alma de las personas. Hoy, en los palcos, la gente se debate entre el pánico y el placer frente al espectáculo de la muerte. Allí muere el caballo, muere el hombre, pero nunca el toro. ¿Será por eso que los habitantes dicen que “sin muerto no hay corraleja”?
En 1810 un grupo de criollos letrados empezaron a reproducir en la Imprenta Real de Santa Fe de Bogotá la Continuación del Semanario del Nuevo Reino de Granada ¡La primera revista científica de la región! Buena parte de estos semanarios está en la BLAA. Por ejemplo, hay uno que sirve como manual para cultivar cochinilla. La cochinilla es cosa viva y en Colombia se empezó a dar en Sincelejo. Es un insecto-parásito pequeño de cuyo extracto sacan el más puro carmesí. ¿Sabía que su tinta roja es utilizada para teñir telas?
Francisco José de Caldas fue el primer científico criollo del Nuevo Reino de Granada. Pero también fue prócer de la independencia y creador del Semanario, desde el cual logró describir las tierras que habitaba. Sobre la cochinilla escribió: “el gusto de la Europa, el lujo, y los artistas no pueden, en el estado presente de las cosas, pasar ya sin esta materia coloreante. Su valor es proporcionado a su belleza”. Sí, en esa época, la cochinilla era tan preciada como el oro.