El Santo Superestrella se quita la máscara para saludar a la muchedumbre con el puño en alto. El luchador es en todas partes un justiciero. En México, salió del cuadrilátero para entrar en la novela por entregas y en las historietas. De 1952 a 1957, José Trinidad Romero fue el dibujante, el fotomontador, el artesano multiusos de una historieta cuya cubierta estaba en color y las páginas interiores en blanco y negro, una sutil mezcla de dibujo y de fotografía titulada Santo, el enmascarado de plata. En una estética gótica, el melodrama rivaliza con monstruos marinos y figuras de la cultura popular transmutadas en personajes de ciencia ficción, sin olvidar al sinnúmero de mujeres fatales, ni a las sirenas en traje de baño. José G. Cruz firma los guiones y se encarga de la dirección artística. Pero el Santo parece ser el producto híbrido de los dos hombres, además que al primero pronto se le unen sus tres hermanos: Carlos en la toma de imágenes, Mariano en el dibujo y Juan en la maqueta. Romero es un trabajador bulímico: absorbe y desvía las imágenes que le caen entre las manos, a las que superpone sus dibujos de quimeras medievales o su inquietud barroca: “Acuérdate que eres mortal”. Así se libera de la atracción ejercida por la industria de las historietas y crea una obra independiente, todavía mal conocida, que anuncia en muchos aspectos la del Dr. Lakra, medio siglo después.