Pintor, dibujante y fotógrafo, Éver Astudillo estudia en la Escuela Departamental de Artes Plásticas de Cali en los años sesenta, y completa su formación durante la segunda mitad de los años setenta, en el Departamento de Bellas Artes de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su estancia mexicana resulta decisiva: las artes plásticas se renuevan (el movimiento de los grupos se involucra con el universo de la calle y las luchas sociales, y participa en la emergencia de un arte conceptual); el cine conoce una nueva edad de oro (Arturo Ripstein, que inicia su carrera en 1966 con un guion de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, accede a la notoriedad); la cultura popular sigue palpitando (los luchadores equivalen a los superhéroes de los Estados Unidos) y la contracultura resiste subterráneamente pese a la represión (los conciertos de rock están prohibidos). Estas múltiples influencias concurren en el estilo de los dibujos al carboncillo de Astudillo, de un escrupuloso realismo, cuyas sombras inquietantes sumergen al espectador en una atmósfera de película negra, en la frontera de lo fantástico. De Cali, donde se establece y enseña, Éver Astudillo da una imagen onírica sin par, junto con su amigo el fotógrafo Fernell Franco, con quien comparte una predilección por las calles nocturnas o arrasadas por el sol.
Los scrapbooks de Éver Astudillo, que el artista elabora con sumo cuidado desde fines de los años setenta, se componen sobre todo de imágenes recortadas en revistas, anuncios publicitarios, historietas, que dispone con gran acierto, y a las cuales añade unas copias fotográficas. La figura masculina, muy presente, desprende un poderoso erotismo.