Seres marginales, travestis y homosexuales, prostitutas o prisioneros políticos, delincuentes y criminales pueblan las obras de Agustín Martínez Castro, como este testimonio de la vida urbana y underground del México de los años ochenta. El Cuadro de honor se compone de fotografías burdamente fotocopiadas y rescatadas del periódico Alarma, que se jacta de decir “toda la verdad”. Al utilizar el mismo medio de reproducción gráfica, realzado con color, y el mismo nexo con la prensa amarillista (aquí, La nota roja), con el objeto de “poner a distancia el lugar de la fotografía”, según los términos de Elizabeth Romero, las obras del portafolio Expediente 13 se presentan más directamente como un homenaje a la humanidad de los perseguidos, de los asesinos, de las víctimas, y como una denuncia del voyerismo, como una oración fúnebre.