Muy pronto en su trayectoria tuvo Paz Errázuriz contacto con el mundo de la prostitución femenina. Sin embargo, entre 1982 y 1987 dedicó gran parte de su tiempo a frecuentar a un grupo de hombres que se travestían y prostituían en distintos burdeles de Santiago y Talca. Unos hombres de los que abusaba la policía ejerciendo la violencia (injurias, acoso, vejaciones, palizas, torturas).
En 1990 se publicó un fotolibro que recoge las fotos en blanco y negro de La manzana de Adán y asimismo textos y entrevistas realizados a los integrantes de una familia que en nada encajaba con el modelo burgués al uso. Una gran familia heterodoxa que rompía moldes y que se vio diezmada por el Sida, la precariedad económica y la persecución policial.
Errázuriz ofrece en La manzana de Adán un amplio paisaje visual en el que palpita el discurrir cotidiano de sus protagonistas, a saber, imágenes de la calle, de los preparativos de la noche y de las diferentes habitaciones en que posan en la cama como odaliscas.
Antes de iniciar el proyecto sobre La manzana de Adán ya había conocido a algunas trabajadoras del sexo. El interés continuó en las tomas en distintos burdeles de Curanilahue y Valparaíso (Serie Prostíbulos, 1999-2002). Destacan en estas imágenes el grado de complicidad que se detecta entre las mujeres y los clientes. No hay ningún glamour en estos burdeles pobres y el desnudo femenino brilla por su ausencia.
Una incursión reciente al norte de Chile la condujo a un prostíbulo de mala muerte. La serie resultante en color se denomina Muñecas, Frontera Chile-Perú, 2014. Su mirada aguda traduce el nivel de confianza lograda con las prostitutas que se dejan captar por la cámara sin el menor recato.