Laura Ojeda Bär nació en Buenos Aires en 1986, donde estudió en la Universidad Nacional de Artes (UNA). En paralelo asistió a programas de formación privada anuales, como becaria de CIA y PAC, y otras clínicas varias. En 2019-2020 hizo el Programa de Artistas de la UTDT. Durante estos años, además de producir obras y exhibiciones, fue especializándose en diferentes actividades que cruzan y acompañan el quehacer artístico, como gestión de contenido (CCK 2014/2015), la producción, asistencia de artistas, la curaduría independiente, el diseño, la escritura, etc. Su obra propone interrogantes a cómo funcionan las cosas a partir de imágenes que se desprenden de entender al arte-como-trabajo y las estructuras invisibles que organizan las prácticas en sociedad, centrándose en la construcción de valor, tanto simbólico como económico. Ganó tales premios como el 54° Salón de Artes Visuales Fernán Félix de Amador [Mención del jurado, 2024], Premio en Obra (Feria Arteba, 2021), el Apoyo a la producción (CCEBA, 2021), Premio Salón Nacional de Artes Visuales (Pintura, 2018). Su obra formó parte de numerosos premios y muestras colectivas y fue exhibida en Argentina, México, Estados Unidos, Inglaterra, Islandia, Portugal, Italia, Chile, Francia, lugares donde forma parte de colecciones públicas y privadas.
Algunos de sus proyectos más importantes recientes son: "Trementina y Argamasa" (Moria Galería, 2024, texto de Alejandra Aguado); "Usos y costumbres", en colaboración con Gabriel Chaile (Studio Voltaire, Londres, 2023); "Outsideness" (co-curaduría con Alejo Ponce de León y Carlos Huffmann, Universidad Torcuato Di Tella, 2022); "Explorando la colección Fortabat #8: Penalba/Ojeda Bär" (Colección Amalia Lacroze de Fortabat, 2022, curaduría Irene Gelfman); retratos comisionados por el Banco Interamericano de Desarrollo con sede en Washington, 2020; "Lxs Pierri" (curaduría, Centro Cultural Recoleta, 2017).
Sobre la obra
“Peralta Ramos Federico Manuel Misterio de Economía 1982” es una reinterpretación de la obra referida en el título. A través de traducciones mediadas, por la fotografía, la luz de las pantallas, reimagino la imagen original en un tríptico al óleo donde el negro original se desmonta en sus componentes cromáticos: azul-verde, amarillo-naranja y rosa-rojo. Que, casualmente, son algunas de las paletas utilizadas en países latinoamericanos (y otras latitudes) para identificar las diferentes denominaciones de los billetes –en contraposición con el dólar, que se caracteriza por sus particulares tonos de verdes oliva en todos los casos–. Estamos viviendo un momento de desmaterialización total de la economía, personal y mundial, de capitalismo industrial al financiero. Esta obra quiere funcionar como señalización de este proceso, de este misterio que es la economía.
Cuando pinto, me enfoco en imaginar cómo sería estar en contacto con lo que estoy observando y buscar la manera de transmitir esas sensaciones usando configuraciones bidimensionales. Su textura, temperatura, peso, profundidad, densidad, fragilidad, es decir, sus cualidades materiales. Hápticas. Frotar un pincel cargado de pintura contra una superficie me acerca visceralmente a la realidad. Busco despertar la sensualidad ajena a través de la mía. La pausa y el ánimo contemplativo inundan mi labor, en una dimensión fuera del tiempo, lacónica, casi del plano de las ideas, donde la mirada y lo mirado colapsan sobre sí mismos.