Por: Julieta González
The thorn is the mother of the oak.
Frase atribuida a Humphry Repton, siglo XIX
La regeneración es el proceso natural de reparación de un organismo, de una parte del cuerpo o de un ecosistema después de haber sufrido un daño. Así, después de una quemadura la piel se regenera, tras un incendio el bosque vuelve a crecer… esa reparación de lo que ha sido destruido o diezmado habita las imágenes producidas por María Elvira Escallón en algunos de sus cuerpos de trabajo, notablemente en Cultivo (2007), de la serie “Estado de coma”, y en Nuevas floras (2003-2017). Si bien la obra de Escallón recorre muchos territorios, este breve ensayo se ocupa de la centralidad del concepto de regeneración en estos dos trabajos y la pertinencia que tiene su relectura en el contexto actual en el que la actividad humana amenaza el delicado equilibrio natural necesario para todas las formas de vida.
Las fotografías que conforman Cultivo nos muestran un lecho hospitalario de cuyo colchón brotan espigas de hierba. Una imagen que causa una sensación de extrañamiento, el encuentro de una parcela de pasto con una cama de hospital, imágenes que por sí solas nos resultan familiares pero que en su yuxtaposición nos llevan a una serie de reflexiones sobre la relación entre cuidar y cultivar. Estas imágenes pertenecen a una serie más amplia titulada “Estado de coma” que tiene como protagonistas a un grupo de empleados de un hospital abandonado en Bogotá que día a día regresan a su antiguo lugar de trabajo para cuidar de sus instalaciones.1 Su dedicación a la preservación del edificio logró impedir su demolición, sin embargo, allí permanece en un limbo como testimonio de la especulación inmobiliaria, de la complicidad del Estado, pero también como prueba de la potencia que puede tener el cuidado de las cosas. La hierba que crece sobre la cama de alguna manera simboliza la labor de reparación que llevan a cabo estos trabajadores desempleados en dicho hospital; una reparación que va más allá del lugar que ellos cuidan y se extiende a la comunidad formada por los mismos trabajadores.
La dimensión regenerativa del trabajo realizado en el Hospital San Juan de Dios podría inscribirse en el marco de una reflexión más amplia que el trabajo de Escallón nos sugiere sobre la noción de desterritorialización que Gilles Deleuze y Félix Guattari despliegan magistralmente en su libro Mil mesetas y que entre sus muchas interpretaciones ha sido utilizada para describir los procesos de desplazamiento, alteración y destrucción de las relaciones sociales, culturales y territoriales por la lógica del capital.2 El proceso de desterritorialización de comunidades, vecindarios e infraestructura pública no solo está al centro de Estado de coma sino que también protagoniza varias de las obras de Escallón, desde El reino de este mundo-La casa de Fanny (2000) hasta su intervención en el Hospital Santa Rosa, Recelaron del cielo (2008). La reparación emerge como antídoto posible al fenómeno de desterritorialización mediante el cual se deshacen comunidades y relaciones sociales. Tanto las enfermeras y los trabajadores del hospital San Juan de Dios como Fanny —la desposeída que vuelve a su antigua casa recién demolida a recoger los ladrillos y limpiarlos uno por uno para construir una nueva casa en un lote vacío con el esfuerzo de varias personas que la ayudan en su emprendimiento— construyen o preservan una comunidad a través del cuidado. Los brotes de Cultivo simbolizan justamente la resiliencia de estas personas que “situadas al borde de un abismo donde coinciden la desidia institucional, el patrimonio histórico y cultural, la ruina y toda una vida de trabajo, logran construir un espacio de trabajo y acción” y que para Escallón “constituyen la parte viva de un hospital en estado de coma que, a través de ellas, se resiste a morir”.3
La desterritorialización y su consecuente reterritorialización son fenómenos que Deleuze y Guattari diseccionan desde varios ángulos como proceso natural del devenir y el cambio y como manifestación de fuerzas económicas y sociales que van ejerciendo influencia sobre los territorios y relacionamientos, entre otros. Si miramos los procesos de desterritorialización que han tenido lugar en el casco central de Bogotá y en otras ciudades de América Latina, podemos pensar en las dinámicas de desterritorialización, descodificación, reterritorialización y recodificación inicial que dieron pie a la construcción de la infraestructura colonial (que hoy da paso a la especulación inmobiliaria capitalista) desde la cual se instrumentaba la administración de las colonias de la Corona española. El Barroco es la máquina epistémica que movilizó este proceso, que impuso un orden social, político, económico y cultural radicalmente distinto al prehispánico y modificó la manera en que las comunidades autóctonas se relacionaban entre sí, sus vínculos con la tierra y los recursos naturales y su concepción del espacio público y privado.
El Barroco como dispositivo epistémico tiene una presencia marcada en uno de los cuerpos de trabajo más longevos de Escallón, Nuevas floras, serie que inició en el año 2003 y continuó hasta el 2017. Esta serie, que se nos presenta como fotografías que documentan un proceso de intervención a varias manos sobre especies naturales en diversos lugares del mundo (Colombia, Brasil, Inglaterra, Francia), nos ofrece una mirada sobre la desterritorialización, reterritorialización y la regeneración como parte de la resilvestración (rewilding) o la vuelta a un orden natural.
En Nuevas floras Escallón colabora con maestros ebanistas especializados en la talla de madera para realizar esculturas sobre árboles vivos. Estas esculturas toman la forma de volutas, capiteles, ménsulas, cornisas, cartuchos, mascarones, columnas y motivos churriguerescos, entre otras formas del repertorio ornamental, escultórico y arquitectónico del Barroco. No es coincidencia que los lugares escogidos por Escallón, luego de la primera experiencia en los bosques nativos de la Cordillera Central cerca de Bogotá, sean lugares que tienen una fuerte vinculación con el imaginario barroco —como Versalles y las reducciones jesuitas en la región de Missões en Rio Grande do Sul en la frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay— y las particulares relaciones entre naturaleza y cultura que este produjo. Quizá donde se hace más patente la potencia desterritorializadora del Barroco es en Novas floras do Sul (Nuevas floras del Sur) realizada en 2011 en el marco de la 8ª Bienal de Mercosur, bajo la curaduría de José Roca. Allí Escallón, con la ayuda de José Herter, un maestro tallador local, intervino varios troncos y árboles en las inmediaciones de las ruinas de la reducción jesuita de São Miguel das Missões. Las formas talladas sobre los árboles replican aquellas que sobreviven en las ruinas de las edificaciones, ejemplo de la particular interpretación guaraní del vocabulario barroco, y remiten a la imposición de una epistemología europea sobre la cultura indígena a través de la colonización y evangelización forzada, así como a los entrecruzamientos que surgieron de esa desterritorialización y subsiguiente reterritorialización. Las fotografías de estas intervenciones son presentadas como dípticos con otras fotografías que registran la presencia de grandes áreas de monocultivos en la zona; otra reterritorialización, esta vez vegetal y no cultural, movilizada por la industria y el capital. Entre los monocultivos de soya y maíz, probablemente modificados genéticamente, se encuentran islas de biodiversidad que deben ser preservadas por ley para proteger las migraciones de aves. Estas también aparecen en las fotografías de Escallón acompañadas de un inventario de las especies naturales de la zona en peligro de extinción.
En Versalles, la intervención de Escallón se enfoca en los troncos muertos de un árbol que talla con motivos barrocos de hojas de acanto imitando el minutero del reloj astronómico de Luis XV. El emplazamiento en lo que es conocido como uno de los jardines barrocos más emblemáticos de Europa diseñado por André Le Nôtre, quien también diseñó el jardín de Vaux-le-Vicomte, predecesor del jardín de Versalles, refuerza la inflexión barroca en esta serie de Escallón. Esta vez las intervenciones y fotos nos remiten al modo en el que el jardín barroco se erigió como el “jardín de la razón”, paradigma de una naturaleza domesticada. Si bien esta es la última versión de Nuevas floras, realizada en 2017, la segunda iteración de Nuevas floras, realizada en 2004 en el Ashton Court Estate, en Bristol, Inglaterra, nos propone otra reflexión a partir de la colaboración entre la acción humana y la naturaleza. Ashton Court es conocido por sus jardines a “la inglesa”, un modelo de jardín diametralmente opuesto al jardín barroco que toma su inspiración en motivos arcádicos y silvestres, así como en la idealización de la vida rural en proximidad con la naturaleza. Los jardines de Ashton Court fueron diseñados por Humphry Repton, quien es para muchos el más notable sucesor de Capability Brown, el creador del jardín paisajista inglés. A Humphry Repton se le atribuye la frase “la espina es la madre del roble” que se refiere a la práctica de dejar matorrales espinosos y salvajes florecer al lado de los árboles plantados para que sus espinas protegieran a los árboles jóvenes de los animales. El jardín inglés si bien era planificado, también era producto de una acción conjunta entre la naturaleza y la intervención humana. Podría verse entonces como un ejemplo temprano de lo que hoy en día se conoce como rewilding o “resilvestración”. Al igual que los procesos regenerativos, la resilvestración promueve la restauración de un ecosistema natural después de su destrucción parcial o total por obra de la intervención humana. En este sentido, es una suerte de paisajismo a la inversa, una colaboración entre diversas especies (humanos, animales y plantas) para restituir la biodiversidad de un ecosistema.
María Elvira Escallón ha regresado a varios de los lugares donde realizó las tallas de Nuevas floras para documentar lo que ha sido de estas plantas (Nuevas floras seguimientos), algunas de ellas intervenidas hace más de veinte años. La naturaleza sigue su curso, las plantas retoñan y se liberan de las formas impuestas por la mano humana tomando otras formas híbridas. Si hay un hilo conductor que vincula estos cuerpos de trabajo y recorre la producción de la artista, en estos últimos 25 años, es la idea de reparación y cuidado, una “estética de la regeneración”, que se inscribe dentro de un campo más amplio de acción donde el arte puede contribuir a reparar estos espacios y relaciones sociales disueltas por las dinámicas desterritorializadoras del capitalismo global.
Bibliografía
Deleuze, Gilles y Félix Guattari. A Thousand Plateaus, Capitalism and Schizophrenia. Minneapolis: University of Minnesota Press, 1987.