El juego siempre ha sido una parte importante del mundo de los infantes; a través de esta actividad exploran el mundo, cultivan destrezas y, además de entretenerse, aprenden a comportarse como se espera que lo hagan. Juegos y juguetes varían según la época y el lugar, según los materiales disponibles, la tecnología del momento y la capacidad económica de las familias.
Los chicos se entretenían, y aún lo hacen, con rimas, rondas y versos tradicionales. Antes de la llegada de los juguetes industrializados tenían objetos fabricados artesanalmente con barro, madera, papel, tejidos, semillas, huesos y cuero.
"¡Aserrín, aserrán!", conocido en España y en países latinoamericanos con distintas variantes, fue retomado por José Asunción Silva en el poema "Los maderos de San Juan", que quedó grabado en la memoria de los colombianos. Para jugarlo se sienta al pequeño en las rodillas, cara a cara, y mientras se le balancea hacia adelante y hacia atrás, se recita o canta:
¡Aserrín,
Aserrán!
Los maderos de San Juan,
Piden queso, piden pan,
Los de Roque Alfandoque,
Los de Rique Alfeñique,
¡Los de Triqui, triqui, tran!
Tipos de muchachos del pueblo (Bogotá)
Grabado c 1878 [impresa en 1910]
Litografía a color (tinta litográfica/papel de fabricación industrial) 23 x 29 cm
Colección de Arte del Banco de la República, Bogotá
Solo en contadas ocasiones los niños pueblerinos o citadinos disfrutaban de una función de teatro y, si acaso, de títeres o de algún circo itinerante. Participaban en fiestas de disfraces, salían de paseo a los alrededores y a sitios más alejados en temporada de vacaciones. Con la llegada del siglo XX, gracias a la preocupación por la salud y la higiene, conocieron la gimnasia y los deportes; los más pudientes se vincularon a instituciones como los scouts.
La educación física en Cartagena. Alumnas de la Escuela Normal haciendo ejercicios al aire libre
1915
Fotografía
El Gráfico, serie 25, año 5, n.º 224, Bogotá, julio 10 de 1915
Biblioteca Luis Ángel Arango, Hemeroteca