Este momento no muestra una transformación, sino una serie de fracturas. No narra un proceso continuo, sino una sucesión de cortes que reconfiguraron el centro desde la pérdida de funciones, de vínculos, de símbolos, de habitantes. A través de fotografías de archivo, mapas técnicos, planos urbanísticos, registros periodísticos y fragmentos de memoria oral, esta sala propone recorrer los gestos de desmantelamiento que han producido el centro actual. La experiencia no es melancólica: es crítica. Aquí se lee cómo se diluyó la centralidad simbólica y social del centro, cómo fue evacuado su poder político, comercial y habitacional bajo la promesa de un progreso que desarticuló más de lo que integró.
La disposición del espacio apela a la fragmentación misma, bloques de información inconexos, zonas oscuras entre imágenes, documentos colgados como ruinas, vacíos curados como si fueran restos de lo que hubo. Esta no es una sala para recorrer cómodamente, sino para incomodar. Una invitación a mirar los procesos de guayaquilización, de vaciamiento administrativo, de migración forzada de élites, de demolición sistemática de barrios enteros, así como políticas concretas de desconexión del centro respecto a su propia historia.