Artistas de esta región:
- Robinson Figueroa Tovar
- Heliberto Ariza Guerra
- Didy Magaly Oyola
- Luis Fernando Bautista
- Jonathan Saavedra
- Juan Carlos Jiménez Garcés
- Javier Morales Casas
- Paula Milena Sánchez
- Carlos Zúñiga
- Jonnathan Cataño Aponte
- Cristian Fabián Herrera B.
- David Camilo Gutiérrez
- Pedro Luis Álvarez
- Mario Guzmán
- Segundo Salamanca
Arte en tiempos de pandemia
Notas sobre la construcción de una red de afectividades y afectaciones
Por: Ana María Lozano - Curadora
Diez y seis artistas forman parte de la zona Andino Amazonía, según la constitución de regiones planteadas por el Banco de la República. Sus proyectos han dialogado con un instructivo, un formato muy importante en el arte contemporáneo, con manifestaciones cercanas al arte procesual, conceptual y relacional. Este formato ha tenido una exitosa expresión en el proyecto Do It, por ejemplo, que el curador Hans Ulrich Obrist puso a andar en 1993.
Interior/Exterior requirió que cada participante desarrollara las siguientes fases de activación. Antes que nada, cada quien hubo de hacer un reconocimiento formal y estructural de las características de su lugar de habitación, aquello que llamamos hogar: la “casa”, decimos casualmente en colombiano. De acuerdo a la especificidad de la vivienda, se inventaron o expandieron las nociones de fachada. Algunas de estas peripecias involucraron el sonido circundante o aun, zonas sociales aéreas o techos. Hubo quienes optaron por adherirse a una noción de fachada en términos más conceptuales y convertirla en algo circulante, móvil, en una espacialidad que se comunica con el otro. Así que la “fachada” se convirtió en volantes, en cartillas y fanzines que fueron entregados a los vecinos.
Aquí la fachada, las puertas, balcones, ventanas, antejardines, andenes, terrazas, han oficiado como espacios de exhibición. Las cornisas y andenes, los marcos y rejas han conversado con los viandantes, rompiendo un poco con la soledad y el tedio del encierro. Conversaciones de otros tipos se han puesto ha circular.
El intercambio con el “otro”, la recepción de un instructivo, en principio algo que debe seguirse al pie de la letra, paso a paso, como quien sigue una receta médica o una gastronómica, fue detonante de juegos e interpretaciones. Significó, por ejemplo, negociar con la idea del otro, con las fascinaciones del otro, con los miedos. Implicó, por lo menos hasta cierto grado, poner entre paréntesis, lo que llamo “el narcisismo del yo en el arte”, dado que se ponía en el centro la capacidad de negociar con el otro, de construir a partir de un diálogo, de reconocer un “usted” tan importantemente como se entendía un “yo”. Esta negociación pasó por la curiosidad de entender lo que piensa o desea el otro, tanto como por la capacidad de entenderlo o el humor y la distancia crítica o la oportunidad de “entenderlo mal”. Muchos grados hay entre hacer interpretaciones, más cercanas o más distantes del instructivo. Y es factible entender ese repertorio en sus grises y capas, en su diversidad. En las interpretaciones, el diálogo, la obediencia, la “mala interpretación” y la desobediencia, jugaron buenas y malas pasadas. En sus diferentes formas, como quiera, fueron apertura, puntos de arranque, puntos de fuga. Significaron, fueron, en efecto, fugas del confinamiento.
En el barrio Villa Ricaurte de Ibagué, Tolima, puede verse una casa, cuya fachada está íntegramente intervenida por un mural. El mural representa una casa campesina, alegre, blanca, rodeada por un potrero. A la derecha se ve un plátano. Junto a la ventana de la casa, que está sobrepuesta a la ventana real, se ve una mata de sábila, acompañante tradicional de umbrales y antejardines en nuestro país rural.
Este mural, realizado por el artista Carlos Zúñiga, de Río Blanco- Tolima, hace parte del Proyecto del Banco de la República denominado Interior/Exterior, Arte en épocas de Pandemia.
Al respecto, cuenta Carlos:
“Mi abuela siempre me ha pedido que le regale una obra mía. Ahora, con el proyecto Interior/Exterior vi la oportunidad de cumplir su deseo. Este mural permanecerá en su fachada, por lo menos dos o tres años”.
Carlos es uno de los diez y seis artistas que forman parte de la zona Andino Amazonía, según la constitución de regiones planteadas por el Banco de la República. Su proyecto, como el de sus colegas, ha dialogado con un instructivo, un formato muy importante en el arte contemporáneo, con manifestaciones cercanas al arte procesual, conceptual y relacional. Este formato ha tenido una exitosa expresión en el proyecto Do It, por ejemplo, que el curador Hans Ulrich Obrist puso a andar en 1993 y que desde entonces, ha circulado por más de 50 locaciones en diferentes partes del mundo.
Activar la fachada, “abrir la casa”
En cuanto que activación de las fachadas, Interior/Exterior requirió que cada participante desarrollara las siguientes fases de activación. Antes que nada, cada quien hubo de hacer un reconocimiento formal y estructural de las características de su lugar de habitación, aquello que llamamos hogar: la “casa”, decimos casualmente en colombiano. Así, el inicio del proceso tuvo que pasar por entender, por ejemplo, si en efecto se contaba con una fachada o no. Es el caso de viviendas que no “tenían fachada” y cuyos hogares, estaban ubicados en torres con vistas a otras torres, situación muy usual en conjuntos cerrados de ciudades con alta densidad poblacional o de quien no tenía vecinos humanos, pues su casa miraba hacia un potrero o contaba con casi ninguna fachada en cuanto se trataba de un apartamento ubicado en un edificio con vallas y avisos publicitarios. Se trataba de casas, apartamentos, habitaciones, propiedad y no propiedad. De acuerdo a la especificidad de la vivienda, se inventaron o expandieron las nociones de fachada. Algunas de estas peripecias involucraron el sonido circundante o aun, zonas sociales aéreas o techos. Hubo quienes optaron por adherirse a una noción de fachada en términos más conceptuales y convertirla en algo circulante, móvil, en una espacialidad que se comunica con el otro. Así que la “fachada” se convirtió en volantes, en cartillas y fanzines que fueron entregados a los vecinos.
En busca de “otras” materialidades, algunos de los proyectos activaron la luz y la sombra; la presencia del sol y de la luna y con ello, la huella del paso del tiempo. También lo fueron el sonido, el movimiento, el viento. Así, elementos no humanos intervinieron, participaron y aun, fueron co autores de algunas de las piezas o receptores de la misma, en cuento vecinos. El propio cuerpo, entendido como el primer territorio y la casa por excelencia, tuvo lugar y sentido. Con ello, el retrato y el autorretrato.
Parte de los elementos que reactivó Interior/Exterior fue una cierta idea de arte, arte como aquello que es significativo y sensible, como artefacto cultural que tiene la capacidad de afectar. Estuvo así, lejos de los paradigmas del mercadeo del arte actual y de la espectacularización de “productos” vendibles y costosos. En cambio, se puso en primer plano, la idea de usar lo que se encuentra a mano, lo que se tiene y está disponible.
La pandemia para muchos de nosotros ha significado una recesión económica significativa, así que en muchos de los proyectos lo que se da a ver y comunica, lo creativo y artístico no está cruzado con la inversión de grandes recursos económicos, evidenciado en obras costosas y sobre producidas. En cambio, el valor de lo artístico pasa por hacer protagonista al ingenio, la resiliencia, la recursividad. Algunas de estas obras, por medio de soluciones simples, descolocaron la cotidianidad, reformularon signos de exterioridad, hablaron de formas sutiles con la vecindad, reciclaron materiales y objetos o llevaron a cabo operaciones de bricollage y detournements.
Aquí la fachada, las puertas, balcones, ventanas, antejardines, andenes, terrazas, han oficiado como espacios de exhibición. Las cornisas y andenes, los marcos y rejas han conversado con los viandantes, rompiendo un poco con la soledad y el tedio del encierro. Conversaciones de otros tipos se han puesto ha circular. Conversaciones de vestidos colgados al viento, ofrecidos para quien los quisiera tomar, espacios libres de mascarilla, para recordar el rostro, para reconocer la articulación de la mirada con la boca o con la sonrisa.
El intercambio
El intercambio con el “otro”, la recepción de un instructivo, en principio algo que debe seguirse al pie de la letra, paso a paso, como quien sigue una receta médica o una gastronómica, fue detonante de juegos e interpretaciones. Significó, por ejemplo, negociar con la idea del otro, con las fascinaciones del otro, con los miedos. Implicó, por lo menos hasta cierto grado, poner entre paréntesis, lo que llamo “el narcisismo del yo en el arte”, dado que se ponía en el centro la capacidad de negociar con el otro, de construir a partir de un diálogo, de reconocer un “usted” tan importantemente como se entendía un “yo”. Esta negociación pasó por la curiosidad de entender lo que piensa o desea el otro, tanto como por la capacidad de entenderlo o el humor y la distancia crítica o la oportunidad de “entenderlo mal”. Muchos grados hay entre hacer interpretaciones, más cercanas o más distantes del instructivo. Y es factible entender ese repertorio en sus grises y capas, en su diversidad. En las interpretaciones, el diálogo, la obediencia, la “mala interpretación” y la desobediencia, jugaron buenas y malas pasadas. En sus diferentes formas, como quiera, fueron apertura, puntos de arranque, puntos de fuga. Significaron, fueron, en efecto, fugas del confinamiento.
Mientras, en la tras escena de Interior/Exterior Zona Andino Amazonia, el proyecto ha significado encuentros semanales, conversaciones en el chat, la construcción de otras vecindades, unas que atraviesan las distancias, Yopal, Morelia, Neiva-Ibagué-Fusa- Bogotá y de vuelta pero se comunican desde video llamadas, chats, redes y correos electrónicos. Desde esas dinámicas se han formulado diálogos entre 39, 21 y 18 grados. Se han establecido conversaciones, intercambios entre silencios de conjunto cerrado; cantos de grillos, de ranas y pajaritos en zonas de potrero o el ruido de tráfico de las calles comerciales. La diversidad de las regiones, se ha hecho sentir en las conversaciones de cada semana.
Cierro esta, también conversación sobre Interior/Exterior, citando otra operación, llevada a cabo en el marco de este proyecto.
Jonathan Saavedra colecciona plumas desde 2017. Las recoge del camino, del campus de la universidad, de la calle, de donde quiera que por eventualidad, un ave haya perdido una pluma.
Cuenta Jonathan:
Todo comenzó un día que, mientras caminaba, vi una pluma y al querer tomarla, el viento la alejó. Me aproximé de nuevo y el viento, de nuevo, también la alejó.
Esta condición de vuelo sin ave de la pluma, le interesó a Jonathan y desde allí, comenzó a recogerlas. De allí surgió una acción en la que tomó esa primera pluma y la devolvió al viento con el aliento. A esa performancia la denominó “El pájaro, la pluma y el viento”. Para Interior/Exterior Jonathan retomó esta idea e hizo un instructivo que implicó pensar las ventanas de su casa como un lugar en el qué tejer todas las plumas que ha colectado. Un poco como dándoles una plataforma desde la cual permitirles retornar a su mundo, a lo volátil y ligero. Así, anidó las plumas en las rejas de las ventanas. Aun hoy algunas aun quedan allí. Otras han sido jalonadas por el viento, el cual las ha ido llevando, liberándolas al aire, poco a poco.
Escrito desde mi estudio en el Barrio Teusaquillo, Bogotá, en un día soleado, en plena cuarentena. Agosto 25.