Lewis Germán Julio Arango
(Cartagena de Indias, Bolívar, 1982)
A este delineante de Arquitectura e Ingeniería del Colegio Mayor de Bolívar (2002) y arquitecto de la Corporación Universitaria Rafael Núñez (2009), el dibujo lo ha acompañado desde muy temprana edad. A pesar de no seguir una línea artística definida, realiza estudios en programas relacionados con el arte, en los que explora técnicas de dibujo y maquetado. Se ha desempeñado profesionalmente como dibujante y diseñador en el sector astillero y en el campo de la arquitectura. Comienza su participación en muestras y espacios culturales con la exposición colectiva de pintura del proyecto Zonas Comunes de Cultura y Arte (Zocca), de la Fundación Arvit, en el marco del Mercado Cultural de Cartagena (2016). En el año 2017, ejerce como escenógrafo para la Corporación Cultural Atabaques en la obra Revuelo (Beca de Creación de la Bienal Internacional de Danza de Cali); al siguiente año, participa por primera vez en la convocatoria del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC), para las Fiestas de Independencia, con el diseño conceptual del proyecto “Creaturas ocultas” con el tema de la manumisión, propuesta de disfraz colectivo que ocupa el tercer puesto.
Actualmente continúa ejerciendo como diseñador en los sectores astillero y arquitectónico, y es docente catedrático de maqueta, interiorismo y dibujo artístico en instituciones de su ciudad natal. En el año 2019 lo seleccionaron como artista para exponer en la novena edición de Imagen Regional del Banco de República, por la región Caribe.
Entrevista de Alexandra Haddad a Lewis Arango
¿De dónde surge la idea de trabajar con aldabas?
Fue una idea que nació junto a mi hermano, mientras paseábamos por las calles del centro histórico de Cartagena. Me preguntaba cómo explorar el entorno y la historia de la ciudad desde la plástica, desde mi óptica de arquitecto y artista. Con base en el concepto de sinécdoque percibí que, desde la aldaba, pueden verse particularidades que los cartageneros descartamos. Si esas piezas arquitectónicas estuvieran vivas narrarían la historia de la ciudad, pues han sido testigos del desarrollo cultural y de la relación entre las clases sociales.
Para mí, usar las aldabas como máscaras representa una expresión de las manifestaciones cotidianas e históricas del sector.
¿Cómo se conecta tu obra con la situación actual de los barrios turísticos de la ciudad de Cartagena?
En Rostros inmóviles se usan las aldabas como máscaras. Sirven para ocultar gestos y sentimientos dados por las distintas situaciones a las que nos enfrentamos hoy en día, pero a la vez son solución de protección ante el virus. La aldaba, al relacionarse con la puerta de las viviendas, es el símbolo de acceso, marcación que restringe la entrada al entorno de cada quien. Finalmente, la obra se enmarca en la recordación y la añoranza de las experiencias cotidianas.
¿Tienes un vínculo personal con el barrio?
Bueno, intrínsecamente no. Desde joven vi a Getsemaní desde la extramuralidad, pues la reputación del barrio no era la mejor y a muchos no se les permitía ir allá por los problemas sociales; sin embargo, la historia me impulsaba a acercarme a Getsemaní. Durante mi educación superior se hizo común compartir con sus calles y fachadas. Hace diez años, a causa de la especulación inmobiliaria y el boom del turismo histórico, aumentó mi interés por escudriñar las realidades de Cartagena, la génesis de su historia y las realidades presentes.