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Montería
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Tipo de minisitio

 

Jairo Enrique Támara Solano

(Montería, Córdoba)

Nace, crece, se reproduce y algún día tendrá que morir, si no es llamado al cielo en cuerpo y alma.

Ungido príncipe zenú de las casas Finzenú, Panzenú y Zenufana, en la ciénaga de Momil, lo bautizaron en la Iglesia católica, apostólica y romana de San Jerónimo de Montería, en la segunda mitad del siglo pasado.

Agricultor, pescador, cazador, narrador de historias, escritor, pintor, dibujante, escultor, ensamblador, y con conocimientos en mecánica automotriz y diseño de sonrisas. Miembro activo del priorato de Sienna y del Partido Liberal Colombiano.

Sus obras se encuentran esparcidas por toaparte (como diría Yeny). Algunas están colgadas en las cuevas de Altamira, en España; en Chiribiquete, en la Amazonia colombiana, y en la cueva de Rolando, en un lugar desconocido.

Es de tez blanca, manchada por el sol, corazón mediano, juanetes pronunciados, cabello cano, 1,71 de altura sobre el nivel del mar y unos expresivos ojos verdes que le permiten mirar el mundo a su antojo.

 

Entrevista de Alexandra Haddad a Jairo Támara

 

¿De dónde se origina el título de la obra A misa no van los gatos?

Es maravilloso; mi infancia estuvo ligada a los gatos. Yo me crie en un vecindario donde la vecina de enfrente vivía únicamente con su esposo, en una casa enorme de ocho habitaciones, que ellos llenaron de gatos a quienes consideraban sus hijos; eran unos gatos humanizados, con nombre y apellido. Yo era el único niño del barrio que tenía acceso a esa casa, y no veía a los gatos como animales, sino como mis amigos. Cuando empecé a recoger la historia de estos documentos y estos objetos que componen la obra, caí en cuenta de que no podía dejar por fuera a mis amigos gatunos; esto me recordó una sentencia que solía decir mi abuela, de la cual nunca entendí el sentido porque era muy niño: “¡A misa no van los gatos!”.

¿Cómo se adapta tu obra a estas nuevas circunstancias sociales?

He caminado mucho la obra. Y es que, sacando cuentas, la obra tiene 143 años, pues hay documentos del año 1878. Lo primero que se me vino a la cabeza fue dejar las cajas abiertas para que la gente las pudiera mirar, tocar, desechar, y si se perdían no importaba, ya que lo que quería era contar la historia. Después, por cosas del destino, me encontré un marco que habían quitado de un cuadro de una Virgen del Carmen y lo puse sobre una de las cajas: el marco y el vidrio encajaban perfecto. Entonces se me ocurrió conseguir marcos similares y blindar todas las obras. Ahora que las veo, estoy seguro de que no fue coincidencia encontrar ese marco, creo que sucedió para que no les diera coronavirus. Estos cuadros son sobrevivientes de coronavirus y no es necesario ponerles tapabocas porque ya tienen la mascarilla puesta, como me la pongo yo.

Area misional
Fecha de publicación