Cristo Hoyos entrevista a José Álvarez
Tu trabajo es la acción, el performance, y tu instrumento es tu propio cuerpo. Pero ¿qué otros elementos debes abordar y trabajar para lograrlo?
Trabajo el cuerpo como instrumento de diversos lenguajes; el relato visual, ritual y simbólico, referido a la vida y la muerte, destaca aspectos como la memoria y el tiempo. Hago una coalición entre estos y exploro las diferentes sensaciones que se pueden tener ante tales casos.
Me inquietan términos como el fluir, lo efímero, lo ritual, los límites y el tiempo como componente importante para la vida, al igual que el cuerpo humano como instrumento cambiante y como escenario de infinidad de eventualidades. Mis últimos trabajos responden a los límites, al fluir, a lo cíclico. Para esto llega al recurso de las fotografías, instalaciones, esculturas, videoinstalaciones y ambientaciones, generando una atmósfera conductora con nuestros sentidos.
Esa es la esencia, el contenido, pero ¿y los espacios, los recintos, las habitaciones, los techos…?
El término habitación ancla dos contextos, en forma de verbo: habitar un lugar específico y el otro para referirnos al espacio donde dormimos, nuestra habitación, nuestro rincón del mundo… El espacio arquitectónico que habitamos a diario termina por habitarnos a nosotros, somos lo que hay en ese espacio; de esta manera, el “habitar” es mutuo, hasta el punto de que la línea de lo que me habita y lo que habito se minimiza hasta perderse, es decir, que no hay tal línea. En estos tiempos de aislamiento, en los que tenemos más tiempo para pensar, crear, meditar y reconocernos más; para nosotros, los artistas, es muy enriquecedor, las analogías que se tienen se hacen cada vez más profundas. Precisamente por esto me permito hablar de un modo muy sutil de “lo que habito y lo que me habita”, de esa mezcla entre mi habitación y mi cuerpo, y la forma como esta y algunos de los objetos terminan siendo extensiones de mi propio cuerpo.