Cristo Hoyos entrevista a Jair Galindo
Lo que primero nos impacta al ver su obra es la densa oscuridad; por supuesto, sin esta es imposible la luz. ¿Cómo es esa dualidad de conceptos tan clásicos?
Con el paso de los años y el tiempo mismo, han ido desapareciendo costumbres que nos permitían interactuar con nuestros antepasados mediante la iluminación de aquella llama encendida que, en medio de destellos de luz, facilitaba el surgimiento de historias mágicas a través de las narraciones orales que nos motivaban a estar conectados con nuestros padres o abuelos durante varias horas de la noche, estimulando nuestra creatividad para poder visualizar imaginariamente aquellas escenas que quedaron guardadas para siempre en nuestra memoria.
Tus obras presentan un nivel técnico muy fino, de gran destreza y calidad; además de esto, ¿qué otros logros consigues?
Es una propuesta artística estructurada mediante la técnica de dibujo (scratchboard). Nace de la necesidad del artista en traer aquellos recuerdos o vivencias de la infancia en sus composiciones, mostrando en escenas cotidianas a los individuos realizando acciones que por lo general sostienen, observan o manipulan un elemento conector (vela) que evoca el pasado, el cual se convierte en el centro de interés al tener protagonismo. Nos remite a esos espacios del pasado sin desconectarse del presente. Esto es lo que más genera impacto en el espectador, la imagen dibujada lo obliga a detenerse; al contemplarla, revive esos pequeños espacios vividos, recuerdos o momentos en los que el ser humano alimentaba su espíritu de valores que, con el tiempo y la tecnología, se han ido esfumando y son suplantados por otros elementos o dispositivos, en los que la conexión e interacción se virtualiza y nos mantiene absorbidos, alejándonos del contacto directo entre los individuos.