Máximo Flórez y Valentina Flórez entrevistan a Jonathan Chaparro
¿Cómo nace la obra que está presentando en la exposición?
El espacio en el espejo es un proyecto que construí a partir de una serie de visitas, charlas y ejercicios de observación hechos en la casa en la que han vivido mis abuelos paternos durante los últimos cincuenta años en Bogotá. A lo largo de la investigación pude darme cuenta del extraño vínculo que existía entre el cuerpo de mis abuelos y el espacio. Hubo una escena en particular que me afectó en gran medida, y fue cuando observé a mis abuelos recostados en su cama, viéndose al espejo de su tocador con la mirada perdida. La imagen en el espejo y la lúgubre atmósfera del sitio me llevaron a percibirlos como si estuvieran inmersos en un tiempo distinto, aislados del presente. A partir de ese momento me planteé la intención de recrear la condición del espacio y el tiempo de sus recuerdos. Fue así como me apoyé en la imagen virtual revertida del espejo de aquel tocador, para imaginar sus cuerpos fantasmagóricos habitando aquella casa en el pasado. Tal como Alicia cuando atravesó el espejo, imaginé que me veía cruzando un portal a un lugar en el que mi cuerpo se desmaterializaba, para aproximarse a la condición en la que estaban sus mentes. Así, Portal III surgió como la escenografía que dio cuerpo a aquella escena imaginada.
¿Qué importancia tiene la arquitectura en su trabajo?
Hay varios aspectos de la arquitectura que son vitales en la concepción de mi trabajo, en especial los que atañen a los espacios de la casa. En primera instancia, está el análisis estético que suelo hacer en este tipo de lugares para construir un diálogo con el pasado de quienes los habitan. En mis procesos de investigación y creación, destaco las manifestaciones de identidad que relucen en los objetos, formas y colores que se usan para ambientar los espacios íntimos de las personas, y que a su vez develan los tipos de relaciones sociales, económicas, políticas y religiosas que sus dueños han establecido con el mundo a lo largo del tiempo.
Por otro lado, está el aspecto emocional de la arquitectura, pues me parece trascendental encontrar los hilos que tejen los vínculos emocionales entre las personas y los espacios que habitan. Los he aprendido a hallar en las huellas y relatos que se expresan por medio de textos, fotografías, objetos, palabras, entre otros. Y, finalmente, están los aspectos sensoriales que se dan a través del habitar la arquitectura. Para mí, es primordial entender las relaciones entre el cuerpo y el espacio mediante diversos experiencias y ejercicios multisensoriales, entre los que se destacan los actos contemplativos y de escucha meditativa.
¿Qué impacto considera que tiene el programa Imagen Regional en su carrera?
El programa Imagen Regional es una faceta importante en mi vida profesional porque es un espacio que ayudó a potenciar mi trabajo. Por un lado, permitirá darles un mayor alcance a los múltiples esfuerzos, investigaciones, experiencias y conocimientos que he logrado durante los últimos diez años. Es una especie de punto cumbre en el camino, que catapultará mi trabajo a nuevos horizontes. Por otro lado, a mí siempre me ha gustado estar atento y analizar las interacciones y reacciones que tienen las personas con mi trabajo. Por tal motivo, el hecho de poder llevar mis experiencias a personas de otras regiones de Colombia me dará acceso a historias nuevas que se entrecruzarán con mi trabajo, lo que posiblemente enriquecerá mi obra futura.