Máximo Flórez y Valentina Flórez entrevistan a Alejandro Londoño
¿Cómo nacen las obras que está presentando en la exposición?
Siempre quise hacer collage, pero no tomaba la decisión. A finales del 2017, año en el que tuve un proceso de catarsis luego de que a mi madre la diagnosticaran con cáncer, empecé, sin embargo, a sentir la necesidad de hacerlo. Ese año no hice nada de obra, pero me replanteé muchas cosas importantes.
El proyecto empezó realmente como un ejercicio despreocupado, sin objetivo alguno: compré, recopilé y cambié fuentes diversas de imágenes y textos, como libros, enciclopedias y revistas viejas, material que corté y clasifiqué en cajas, con el propósito de hacerme con un archivo. En mis ratos libres, alejado de los proyectos que había retomado después de un año de poca actividad, me figuraba posibles combinaciones con las imágenes que se me habían quedado en la cabeza.
No sabía exactamente qué quería, pero me gustaba mucho manipular esas imágenes, hacerles cortes precisos, poner unas junto a otras. Pasé días enteros seleccionando y cortando imágenes porque no quería ni pintar, ni dibujar, ni escribir. Cuando me decidí a comenzar el proyecto, puse todas esas cajas sobre una mesa y empecé a jugar.
El primer collage que hice me tomó cerca de dos meses, pero supe enseguida que quería dedicarme a eso. El resto fue tiempo y paciencia. Me propuse hacer una serie de siete piezas y terminé haciendo diez. Después de tres años, sigo pensando en collage y recopilando imágenes para hacer collage. Es un ejercicio que le recomiendo a todo el mundo.
¿Hay algún boceto o idea preliminar, o va ensamblando los collages a partir de las imágenes que encuentra?
No, no hay bocetos preliminares en absoluto. El primer paso es escoger una imagen que me llame mucho la atención y ponerla en algún punto del área de trabajo. A partir de esa imagen, que muchas veces se descarta después, empiezo a buscar imágenes que generen tensiones o diálogos interesantes entre sí; puede que ese diálogo se produzca por una afinidad formal o conceptual, o puede provenir sencillamente de un capricho inexplicable. Solo pego las imágenes al final, por lo que puedo ir haciendo combinaciones diferentes e ir resolviendo áreas específicas de las piezas. Cada imagen se mantiene en su lugar mediante diminutos pedacitos de cinta.
A medida que voy resolviendo las piezas, voy haciendo registros fotográficos y “salvando” versiones que después estudio y sopeso. Sin embargo, puede que aparezca una imagen que no había contemplado anteriormente y que el orden de las cosas cambie de manera definitiva.
Las imágenes son muy pequeñas y demasiadas pueden generar ruido; además, su cercanía puede resultar incómoda. Así que tengo otra carpeta llena de papeles de colores planos y texturas que sirven para “alivianar” algunos sectores.
Cuando siento que hay una versión definitiva, procedo a pegar las imágenes con pincel y Colbón, o con pegante en barra: hay que cortar mucho y organizar las capas poco a poco.
Cuando todo está pegado y se convierte en una pieza integral, meto la pieza entre dos vidrios, le pongo peso encima y la dejo así durante varios días. Luego refilo y pego la pieza en un soporte más rígido. Voilà.
¿Qué impacto considera que tiene el programa Imagen Regional en su carrera?
He tenido la suerte de trabajar anteriormente con el Banco de la República en otros proyectos y ha sido una experiencia muy enriquecedora para mi carrera profesional. El hecho de poder pertenecer a un programa curatorial que comprende a tantos artistas de diferentes regiones del país permite un diálogo sin precedentes.
Este tipo de iniciativas evidencian la necesidad imperante de hacer visible la pluralidad en un país tan diverso culturalmente. Poder dialogar con el trabajo de artistas de otras partes del país, exponer en un escenario diferente del propio y llegar a un público mucho más amplio y más ajeno al pequeño mundo del arte, supone un gran logro para todos los participantes en Imagen Regional. Además del respaldo que proporciona una institución cultural semejante, este programa potencia tal vez la más importante y esencial de las necesidades artísticas: comunicar.