Imagen Regional 10 (IR10) llega a su exposición nacional como una reunión de prácticas, preguntas y sensibilidades provenientes de distintos territorios del país. El encuentro de los siete proyectos regionales permite que aquello pensado desde lugares específicos resuene en un espacio común. En ese tránsito, las obras conservan la memoria de sus contextos, pero también abren nuevas relaciones entre sí. Una segunda capa de reflexión propone una lectura ampliada: una forma de escuchar las resonancias que surgen cuando las imágenes, los cuerpos, los materiales, los relatos y los gestos se aproximan sin perder su diferencia.
“Insistir, resistir” nombra esa fuerza. Insistir es permanecer allí donde algo amenaza con borrarse. Resistir es sostener una forma de vida cuando las condiciones parecen adversas. En el encuentro curatorial entre los siete proyectos originales, ambas acciones aparecen como modos de existencia: se insiste en el territorio, el cuerpo, la materia, el archivo, el alimento, el rito, la fragilidad, la fiesta, la denuncia y el cuidado. Se resiste desde la imagen, la voz, el objeto, el gesto manual, la presencia del cuerpo y aquello que, aun herido, continúa haciendo mundo.
En paralelo a la muestra de los conjuntos regionales, esta exposición propone un recorrido por constelaciones transversales que atraviesan los ejes curatoriales de origen. Funcionan como hilos que permiten advertir parentescos inesperados entre obras distantes de procedencias diversas y lenguajes distintos. Son una invitación a mirar de nuevo y a descubrir cómo una misma preocupación puede manifestarse en una pintura, una instalación, una fotografía, un textil, una acción performática o un archivo sonoro.
Los subejes de esta segunda capa proponen zonas de contacto entre prácticas que, desde lugares y lenguajes diversos, insisten en preguntas comunes. Así los subejes denominados Humano y más que humano; Espacios de cuidado, espacios emocionales; Ritualidades; Saberes en riesgo: materialidades precarias; Territorios y tensiones sociales; Cuerpos políticos y tabú y Tensiones alimentarias funcionan como entradas sensibles para recorrer la exposición desde aquello que atraviesa la vida cotidiana y la desborda: la relación con otras especies y formas de existencia, las maneras de cuidar y ser cuidado, los gestos rituales que sostienen la memoria, los saberes amenazados, las disputas por el territorio, los cuerpos marcados por normas y deseos, y las formas en que el alimento revela vínculos entre poder, cultura y supervivencia.
Esta lectura transversal permite reconocer que muchas de las obras participan simultáneamente de varias constelaciones. Un cuerpo puede ser también territorio; una semilla puede ser alimento, archivo y promesa; una materialidad frágil puede contener un saber en riesgo, y un rito puede ser cuidado, duelo y resistencia. Así, los subejes no ordenan la exposición como compartimentos, sino como relaciones móviles que incluso podrían ser repensadas por el visitante, a quien se le proponen lecturas alternativas en medio de un universo muy amplio. Estas relaciones muestran convergencias y divergencias que comparten la insistencia en sostener vínculos, memorias y formas de vida capaces de transformar la resistencia en posibilidades de futuro.
Susana Quintero
Curadora