El triunfo de las tropas republicanas en 1819, y las campañas militares efectuadas en los años siguientes, concretaron la declaración de independencia de la monarquía española. Una vez obtenida esta victoria, la búsqueda para definir la identidad política, económica y cultural del país continuó su curso en el siglo XIX. Esta centuria estuvo marcada por las sucesivas guerras civiles entre facciones opuestas que querían imponer sus respectivas visiones políticas. Estos proyectos de construcción de la nación, que deseaban definir los modelos de gobierno y soberanía territorial, también se enfrentaron por diferencias en aspectos como su concepción de lo religioso, lo educativo, lo racial y lo identitario. Estos cambios de Gobierno fueron el resultado de guerras civiles y sucesivas constituciones que generaron la transformación de las demarcaciones territoriales internas, las prácticas religiosas, el funcionamiento de la economía, la identidad de los ciudadanos y hasta el nombre del país.
Consecuentemente, en este periodo el establecimiento de íconos que permitiesen a los ciudadanos identificarse como parte de una nueva nación, moderna e independiente, resultó esencial y muy valioso para los fundadores e ideólogos de la república. Las dinámicas políticas, religiosas, ideológicas y lingüísticas motivaron que en este siglo nacieran muchos de los símbolos patrios que conforman la identidad colombiana. Elementos tales como la bandera, el escudo, el himno, las monedas, los billetes, la Virgen de Chiquinquirá, la granada o el cóndor de los Andes, son algunos de los distintivos culturales que han definido la identidad del país, en el marco de la gran diversidad de las poblaciones que habitan el territorio. Los símbolos patrios fueron incorporados en el siglo XIX en manifestaciones culturales como el arte, la música y la literatura, figurando también en las monedas y billetes del periodo.