La rabia se manifiesta mediante gestos y señales que se traducen en imágenes cargadas de intensidad expresiva. La historia del arte ha catalogado estas creaciones como “expresionistas” que, en el caso colombiano y latinoamericano, se incorporaron al imaginario artístico a partir de la década de 1950 mediante propuestas figurativas que abordaron argumentos de fuerte carga emocional personal proyectados hacia los órdenes dominantes. La oscuridad de los espacios pictóricos, la presteza de los trazos y la deformación de los cuerpos, a la vez que los símbolos y gestos, conforman el inventario de recursos de los artistas que tomaron la vía de la pintura expresiva, furiosa y provocadora para evocar el sentimiento individual y colectivo de la rabia. Ante estos trabajos, sentimos la angustia y el dolor de confrontar nuestros traumas y miedos personales, pero también las adversidades, la violencia y la injusticia que permean nuestra historia. La imagen pictórica permite la conformación de lenguajes de genuina acción subjetiva que hacen de lo grotesco, lo monstruoso y lo carnal un vehículo de expresión emocional y, a la vez, política.
El grabado, la litografía y la serigrafía han sido medios efectivos para elaborar y comunicar imágenes que evidencian las posturas personales de rabia y desacuerdo frente a los acontecimientos que afectan a la colectividad. Las artes gráficas permitieron experimentar con la gestualidad de los trazos y profundizar en los altos contrastes mediante recursos artesanales de comunicación directa, de origen popular, que además ofrecían la posibilidad de reproducirse y circular ampliamente. En el contexto de la Guerra Fría, las artes gráficas en Latinoamérica inquirieron tenazmente en la condición del individuo —su cuerpo, identidad, ideas y afectos— en medio de dictaduras, intervención imperialista, excesos de poder, guerras internas, control ideológico y vigilancia. Durante la segunda mitad del siglo XX, la ira motiva la voluntad creativa a la vez que permite la manifestación de recursos visuales, gestos e iconografías singulares y necesarios para confrontar la realidad y contrarrestar las formas tradicionales del arte.
Violencia. Alejandro Obregón 1962
Óleo sobre tela 155,5 x 187,55 cm - AP3848
Violencia en el campo. Alipio Jaramillo 1957
Óleo sobre tela 129,5 x 99,8 cm - AP6231
Sin título. Luis Caballero 1987
Óleo y carboncillo sobre papel 57,5 x 76,8 cm - AP3561


