Martha Peluffo, Nadia Granados, Norman Mejía, Oskar Romo, Oswaldo Guayasamín, Phanor León, Ramón Torres Méndez, Raul Zurita, Sady González, Sergio Trujillo Dávila, Taller 4 Rojo (Nirma Zárate y Diego Arango), Tania Candiani, Toxicómano, Ulianov Chalarka, Víctor Bonilla y Viki Ospina.
"¿Acaso la ira no es noble, cuando la sociedad es corrupta y brutal?”
Martha Nussbaum. La ira y el perdón. México: Fondo de Cultura Económica, 2018.
Esta exposición quiere poner en evidencia un impulso universal y atemporal para hacer arte: la rabia como fuego creador de los individuos y de las colectividades, que no es vengativa ni destructiva y, además, permite la creación y la acción transformadora. A partir de obras y documentos pertenecientes a las colecciones patrimoniales del Banco de la República, esta muestra reivindica el sentimiento individual y el afecto colectivo como argumentos legítimos para la creación artística y poética cuando la rabia opera creativamente desde los sujetos hacia las realidades que considera hostiles, injustas y dolorosas. Esta exposición no es sobre esas realidades, ni mucho menos sobre las ideologías que han determinado los contextos adversos, sino que se propone abordar las posibles respuestas éticas y estéticas que plantean los artistas mediante sensaciones, gestos, acciones y símbolos y que dan fe de su malestar y disconformidad.
El recorrido se plantea a partir de tres núcleos: el primero aborda la rabia subjetiva expresada en la gestualidad de los trazos, el contraste de color, el simbolismo y otros recursos gráficos y pictóricos; el segundo demuestra cómo el arte y la reportería acuden a las imágenes de la rabia colectiva y a la expresión de las masas contra aquello que consideran injusto en su sociedad, y el tercero explora las formas como algunas comunidades urbanas y grupos de jóvenes manifiestan su descontento frente a modelos sociales en los que no quieren encajar y expresan su angustia frente a un futuro que parece negro. Esta exposición vuelve al arte como una posibilidad de expresión de lo que escapa a las palabras y, en particular, a aquellos sentimientos profundos y movilizadores tales como la rabia, el resentimiento y el descontento frente a los hechos y contextos adversos de nuestra realidad..
El centauro Neso llevando en brazos a Deyanira esposa de Hércules
El centauro Neso llevando en brazos a Deyanira esposa de Hércules.
Antonio Acero de la Cruz.
S. XVII Óleo sobre tela 63 x 78 cm - AP3111
Hércules, el hijo de Zeus, el más poderoso entre los mortales, tomó como esposa a Deyanira, una mujer de gran belleza y espíritu indomable. Sin embargo, el caos aguardaba en su camino y mientras cruzaban el río Euneo, una criatura salvaje e insolente, el centauro Neso, intentó ultrajarla.
Desde la otra orilla, la ira de Hércules se encendió como una tempestad y, con la precisión de un dios vengador, lanzó una flecha envenenada que se clavó en el pecho del traidor.
Neso, agonizante y consumido por la furia ante su propia muerte, urdió su última traición y, con voz entrecortada, le susurró a Deyanira que su sangre poseía un hechizo: aquel que la vistiera nunca dejaría de amarla. Las palabras del centauro envenenaron su corazón y, con el tiempo, la duda y la desconfianza crecieron en el alma de Deyanira. Cuando supo que Hércules cortejaba a otra, su amor se transformó en cólera. En un arrebato de desesperación, embadurnó la túnica de su esposo con la sangre maldita, convencida de que así sellaría su destino a su lado
Pero lo que desató fue el tormento, pues apenas la tela tocó el cuerpo de Hércules, el veneno ardió como el fuego de Hades y devoró su carne sin piedad. La furia del héroe sacudió la tierra y sus rugidos hicieron temblar a dioses y hombres. En medio de su agonía, se arrancó la túnica, pero la maldición era inquebrantable. Cegado por el dolor y la rabia, tomó a su siervo Licas y, con la fuerza de un titán, lo lanzó al mar como un sacrificio por su infortunio.
Deyanira, al ver la magnitud de su error, sintió cómo su propia furia se volvía contra ella. El remordimiento la ahogó y, en su desesperación, eligió la muerte.
Unas versiones dicen que se colgó del umbral de su morada y otras que hundió una daga en su pecho.
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