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Tipo de minisitio

La Fundación de Cartago

Valle del Cauca con la ciudad de Cartago

Archivo General de la Nación

Valle del Cauca con la ciudad de Cartago. (1700) 

Signatura: CO.AGN.SMP.4,REF.84A.

 

Aunque Jorge Robledo había encontrado en su recorrido por el territorio de los Arma condiciones suficientes para erigir allí un poblado, prefirió esperar y evaluar lo que encontraría al adentrarse en la Provincia Quimbaya. En efecto, las favorables condiciones topográficas, el clima, la disponibilidad de agua, una numerosa población y la posibilidad de acceder al oro de los indígenas y de sus fuentes de extracción lo llevaron a fundar a Cartago100 el 9 de agosto de 1540101 en nombre de Francisco Pizarro quien le había otorgado poderes para poblar; sin embargo, la llegada de Pascual de Andagoya, reconocido como Gobernador de Popayán, obligó a Robledo a refundarla102 el 10 de enero de 1541 en su nombre. Según se desprende de su acta de fundación, Cartago se asentó en el mismo sitio donde se encontraba el cacique Consota103, junto a un río que salía de la sierra nevada y que desembocaba en el río grande que se decía de Santa Marta; este sitio también se caracterizó por su topografía plana, cruce de caminos y con suficientes pastos y ejidos104 requeridos por sus pobladores y necesarios para futuras ampliaciones. Su nombre se debió a que la mayoría de los soldados que acompañaron a Robledo provenían de la Gobernación de Cartagena de la expedición de Vadillo105 que había llegado a Cali. El Rey le otorgó su escudo en 1565.

Gracias a la profusión de oro de aluvión y de minas, en particular en la zona de y Marmato106, Supía, Riosucio107 los vecinos de Cartago solicitaron el establecimiento de una casa fundición108, concedida por la Real Hacienda en junio de 1541; así tenía la capacidad de tasar y fundir oro proveniente de Anserma, Roldanillo, Arma y Antioquia, ser sede de una Caja Real, y la posibilidad de convertirse en cabecera de una zona minera109. Su existencia fue hasta los primeros años del siglo XVII debido al decrecimiento de la actividad minera.

En consideración de su situación geográfica, en el centro de la provincia Quimbaya y en cercanías de la Sierra Alta-Montaña de Quindío como comenzó a llamársela, Cartago fue un paso obligado110 de la ruta entre Cartagena y Santafé con destino a Popayán y Quito (caminos del Quindío y Occidente), sirvió de punto de avanzada para nuevas expediciones militares en la conquista del Chocó, y organizó arremetidas defensivas mediante la construcción de murallas de tierra pisada en tapiales que protegiesen a su vez a la población contra los continuos ataques de los indios Pijaos111, grupo que durante más de cien años se opuso a la dominación española.

Traslado de Cartago

Cartago hasta el Páramo

Archivo General de la Nación

Cartago hasta el Páramo. (1777) 

Signatura: CO.AGN.SMP.4, REF.374A.

 

El ocaso de la ciudad sobrevino desde finales del siglo XVI con la caída de la producción minera112 debido a la extinción de la población indígena, la escasez de esclavos negros y la falta de innovación tecnológica. A ello se sumaron el establecimiento de ganaderías113 en las vegas entre los ríos La Vieja y Cauca, fenómeno advertido desde 1636 por el Alcalde Marcos González que ordenaba a los españoles regresar a la ciudad, reconstruir sus casas y habitarlas con sus familias, y la lucha final emprendida en 1639 por Juan de Borja contra los Pijaos114 , Yalconas y Paeces que condujo al despeje de caminos115, como el de Guanacas116, entre Timaná y Popayán y que provocó la pérdida de  importancia del camino del Quindío que le era una fuente notable de comercio y de impuestos por el peaje.

En 1803 Manuel Antonio del Campo y Rivas117, publicó su libro “Compendio Histórico de la fundación y estado actual de la ciudad de Cartago”118 en el que dio cuenta de su reubicación y su progreso durante el siglo XVIII. Este autor registra que en 1691 se protocolizó la ceremonia religiosa por la que se hizo el traslado de los ornamentos e imágenes a su nuevo sitio, y muy importante la mudanza de su archivo119, sin el cual ningún cambio de sitio de las fundaciones  quedaba completo. Este ritual, en cierta forma, marcaba la muerte de la antigua ciudad. El nuevo lugar se ubicó a la orilla izquierda del río La Vieja y cercano a su desembocadura en el río Cauca. Curiosamente, y quizás de manera premonitoria, en su segunda acta de fundación Jorge Robledo había estipulado el cambio de Cartago a una mejor localización dentro de la provincia Quimbaya si las condiciones eran mejores para sus habitantes, lo que de hecho ocurrió 150 años de fundada por Robledo.

En este lugar se produce el resurgimiento económico de Cartago120 especialmente a través de tres fortalezas: una relacionada con la vocación agropecuaria, en cuanto se convirtió en una despensa para los distritos mineros del norte, Chocó y Antioquia; la otra como cruce de caminos en sus distintas orientaciones y que activó el intercambio comercial entre el Chocó, Antioquia, el Nuevo Reino de Granada y la Gobernación de Popayán; por último y articulada con la anterior, su resurgimiento minero. Además, dada su estratégica posición con respecto a Cartagena se convirtió en el principal centro de intermediación de trata de negros esclavos121 con rumbo al Chocó y demás zonas del litoral Pacífico.

Además de su posicionamiento comercial, Cartago tuvo una gran importancia estratégica y política debido a su papel preponderante en el movimiento de las ciudades Confederadas del Cauca a comienzos del siglo XIX122 en su rebelión frente a la gobernación de Popayán y como sitio de acuartelamiento de tropas para el control de su paso entre las vertientes de los ríos Magdalena y Cauca por el camino del Quindío. Su calidad de sitio de frontera, inmerso en un territorio deshabitado como era la montaña del Quindío, hizo que fuese un lugar de defensa y vigilancia al igual que de descanso y aprovisionamiento, particularmente a lo largo del siglo XIX con la ocurrencia de las varias guerras civiles.

El camino de Occidente

Valle del Cauca desde Supía hasta Arma.

Archivo General de la Nación

Valle del Cauca desde Supía hasta Arma. (1779) 

Signatura: CO.AGN.SMP.4,REF.354A.



Se observa el recorrido entre Quilichao y Supia, parte de cuyo trayecto se integraba al camino de occidente. También se visualiza la localización geográfica de Cartago antiguo

 

Pasos de Moná y Bufú sobre el Río Cauca

Archivo General de la Nación

Pasos de Moná y Bufú sobre el Río Cauca. (1832) 

Signatura: CO.AGN.SMP.4, REF.86A.



Ver los pasos de Bufú y Moná, dentro del camino de Occidente

 

El camino de Occidente venía desde Pasto, Popayán y Cali, comunicando a lo largo del piedemonte de la cordillera Occidental las poblaciones de Roldanillo, Toro y Cartago; posteriormente, bajo el nombre del camino de Tatamá proseguía al norte hacia Anserma, Quinchía, Riosucio y Supía, en un trayecto por zonas montañosas de pendiente media, áreas inundables y presencia de pacíficas tribus indígenas. Corría paralelo al río Cauca y tuvo varios sitios para atravesarlo con rumbo a Antioquia en los pasos de La Caña, Moná, Bufú, Bedoya, Velásquez, entre otros. En Bufú existió un puente colgante que facilitaba la conexión desde Supía y Nueva Caramanta hacia Arma y Antioquia rumbo al norte; desde Supía y Marmato hacia Pácora por el paso de La Caña, que con el paso de Bedoya se usaban canoas haladas por cables, y en el de Moná se contaba con una tarabita.

Este camino empezó a unir el occidente colonial y sirvió para el transporte del oro de Marmato y Supía hasta las fundiciones de Cartago. La población de Anserma fue tempranamente el eje que articulaba estos centros mineros con las despensas y las casas fundidoras de Cartago y Arma; sin embargo, su importancia vino a menos por la escasa producción aurífera que se dio a finales del siglo XVIII y los constantes ataques de los indígenas que obligó a sus encomenderos y pobladores a trasladarse a un sitio cercano a Cartago, fundado como Ansermanuevo con todos sus títulos, imágenes y pergaminos coloniales.

El camino fue una opción obligada para la conexión de Popayán con Antioquia en consideración de que el río Cauca era sólo navegable entre Cali y La Virginia (Sopinga); de ahí en adelante y hasta muy cercana a su desembocadura el río se caracterizaba por sus raudales que dificultaban el transporte en balsas y canoas. En la región del Cauca Medio, y a partir de Sopinga (La Virginia), el río entraba a una región denominada el cañón del Cauca123 debido a su encajonamiento entre montañas y de la dificultad de cruzarlo. Quizás por ello los indígenas antioqueños lo llamaban Bredunco. Tanto el cañón como el río en sí fueron rutas para las expediciones de la conquista (Vadillo, Robledo) y para el comercio; difícil de cruzarlo o navegar, pero siempre albergaba a su alrededor territorios inexplorados que fueron hollados más tarde por el proceso de poblamiento del siglo XIX.

El Paso o el Camino del Quindío: un territorio de silencio

Tránsito de los correos desde Santafé a Popayán

Archivo General de la Nación

Tránsito de los correos desde Santafé a Popayán. (1774) 

Signatura: CO.AGN.SMP.4, REF.539A.



Mapa sobre los trayectos de los correos en los caminos Guanacas y Quindío


 

 

Curso del Correo de Santafé a Popayán

Archivo General de la Nación

Curso del Correo de Santafé a Popayán. (1774) 

Signatura: CO.AGN.SMP.4, REF.540A.



Circuito del correo por Camino Quindío


 

Algunos investigadores opinan que para los siglos XVI, XVII y XVIII debía hablarse de Paso del Quindío124 antes que camino, sobre todo por su significación de tener en su alrededor toda una montaña o cordillera difícil de atravesar. Aunque desde muy pronto fuera considerado camino real, la trocha fue convertida en camino solo hasta el siglo XIX. En el siglo XVI el paso o camino del Quindío125 debió su temprano esplendor a la presencia de los Pijaos126 en la cuenca del río Magdalena. Sus continuos asedios sobre el camino de Guanacas127 hacia Popayán, obligaron a los españoles a promover la ruta del Camino del Quindío. Desde tiempos precolombinos esta ruta comunicó el territorio Quimbaya hacia el oriente con la cuenca del río Magdalena. A través de “vados” de ríos, “trochas” y “pasos”128 de montaña se cruzaba la cordillera de los Andes por el punto del páramo del Quindío, comunicación estratégica para las recién fundadas ciudades de Cartago e Ibagué, pensadas también en función de ser los puntos extremos de partida y llegada del camino. Desde un principio y durante casi tres siglos los cargueros129 fueron el principal medio de transporte del camino130, para el siglo XIX y con el mejoramiento del camino fueron lentamente reemplazados por los arrieros.

En 1547 el licenciado Miguel Díaz de Armendáriz131 solicitó a la Real Audiencia de Santafé la apertura de un camino que comunicase a Popayán con Santafé por el páramo del Quindío, del que existía una trocha indígena que fue recorrida en 1550 por el español Fernando Trejo, cuñado del fundador de Ibagué (Andrés López de Galarza) desde este sitio hacia Cartago, población de la que había oído hablar de que se encontraba al otro lado de la cordillera. Precisamente, Ibagué se fundó para acortar el camino entre Santafé y Popayán y evitar el rodeo por Timaná. Fue en 1553 que el oficial Melchor Valdés con recursos y ayuda de los vecinos de Ibagué abrió el camino para comunicarse con Cartago.

Producto de la solicitud de Díaz de Armendáriz, la Corona le otorgó a Cartago el producido fiscal de las multas y pleitos, el pago de los peajes por los pasos del río La Vieja y la tasa por carga de mercancía, recursos necesarios para invertir en la vía, cuya dinámica hizo que Cartago concentrara prontamente una actividad comercial con mercaderes de Cali y Popayán y su intercambio con Cartagena y Santafé. No obstante haberse convertido en un camino real132, fue siempre de herradura o de tránsito de bueyes o mulas y de cargadores de mercancías o personas, y cuyos tiempos de viaje variaban entre 4 y 19 días según las condiciones climáticas de verano o lluvia. Al trasladarse Cartago a su nueva localización al lado del río La Vieja en 1691, la ruta tradicional del camino (de Serillos), que pasaba por Cartago viejo perdió vigencia, aún más de la que le significó la apertura del camino de Guanacas.

El camino del Quindío fue el referente geográfico133 que mantuvo la vigencia de la región circundante, deshabitada desde la extinción de la población indígena Quimbaya a finales del siglo XVI, y que le dio su denominación como Montaña del Quindío; caracterizada desde entonces como zona de frontera de la Gobernación del Cauca. A lo largo de dos siglos se mantuvo como un territorio aislado e inexplotado y cuyo único asentamiento cercano, Cartago, estaba por fuera de su área: en la orilla izquierda del río de La Vieja; convirtiendo el camino en un territorio de silencio.

A mediados del siglo XVIII y con las nuevas políticas de la corona española, la renovación del Camino del Quindío se dio como una prioridad, requiriendo el concurso de los vecinos y el uso de nuevas técnicas en la construcción de la vía. Sin embargo, en los años setenta de este siglo el proyecto de recuperación no fue exitoso debido a las condiciones ambientales que obligaban a cambiar las trayectorias de los senderos, además del conflicto de intereses de las dos poblaciones134 en cuanto al recaudo de los peajes y a la ruta que debería seleccionarse. Conforme a su nueva localización, Cartago favoreció la opción de abrir La Trocha, por ser más corta y que iba por Piedras de Moler sobre el río La Vieja y se encontraba con la antigua vía, la de Serillos y Cartago antigua, en el sitio de El Roble, favorecida ésta por Ibagué debido a menores costos por cruces de quebradas y de obviar dificultades relacionadas con este río.

A comienzos del siglo XIX se presentaron propuestas para la recuperación del camino en la región entre Pindaná de los Serrillos y Cartago y para el tramo hacia la Balsa; la primera, en 1804, a cargo de Ignacio Durán, Pedro Cerezo y José Salamandra, que a pesar de ser aprobada no se ejecutó, y la segunda, por el mismo Pedro Cerezo, que no fue acogida. Sobre La Balsa, sitio localizado sobre el camino, fue un intento de poblamiento emprendido por el súbdito español Sebastián de Marisancena en su calidad de juez poblador con la intención de consolidar su dominio en las tierras que le habían sido dadas en concesión. A su muerte la población decayó, quedando solo como un referente geográfico en la ruta del camino.

El camino fue medido por el expedicionario y científico francés Jean Baptiste Boussingault135, quien recibió el encargo del gobierno republicano (1827), con el resultado de establecer 10 leguas de 6.660 varas (66.6 Km aprox.) entre Ibagué y el páramo (3.390 msnm); y 12 leguas (80 km) entre el páramo y Cartago por Piedras de Moler; detalles que consignó en sus memorias136. Ya para ese momento y a lo largo del siglo XIX se convirtió en el camino obligado en el proceso de colonización de Risaralda y Quindío.

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111 Velásquez Arango, J. J. (2021). Nuevas perspectivas para la historia del pueblo pijao, siglos XVI y XVII. Fronteras De La Historia, 26(1), 256–279. https://revistas.icanh.gov.co/index.php/fh/article/view/1125 Volver arriba

112 González Jaramillo, José Manuel. (2007). Poblamiento minero y técnicas en el cañón del río Cauca: 1538-1627. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, (34), 17–42. Recuperado a partir de https://revistas.unal.edu.co/index.php/achsc/article/view/8240 Volver arriba

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114 Arango Puerta, M. (2018). Informe sobre la guerra contra los indios pijaos por el contador y veedor Andrés Pérez de Pisa, 1611. Boletín Museo Del Oro, (57), 58-85. Recuperado a partir de https://publicaciones.banrepcultural.org/index.php/bmo/article/view/20545 Volver arriba

115 Patiño Rodríguez, Víctor Manuel. (1991). Historia de la cultura material de la América equinoccial. Tomo III: vías, transportes, comunicaciones. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo. Recuperado el 17 de enero de 2022 de https://babel.banrepcultural.org/digital/collection/p17054coll10/id/3192 Volver arriba

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