Fundaciones propiciadas por colonos en el esquema de poblamiento espontáneo estimulado por la Gobernación del Cauca: Filandia, Circasia, Calarcá, Armenia, Montenegro, Pijao y Génova
El Quindío y los nevados (parte occidental). La Comarca de Pereira
En Atlas Completo de Geografía de Colombia. (1910)
Bogotá. Biblioteca Nacional de Colombia
Mapa en relieve de la parte central de la provincia del Quindío que mostraba la ubicación de las poblaciones fundadas a 1910, su fecha de publicación. Aparecen Segovia (Marsella), Pereira, Salento, Filandia, Circasia, Montenegro, Armenia y Calarcá. Estas últimas cinco poblaciones habían sido objeto de un poblamiento espontáneo individual
En la medida en que el proceso migratorio avanzó con una mayor presión sobre la tierra, atizando así mismo los conflictos de propiedad, el gobierno del radicalismo liberal definió nuevas reglas que apuntaron a estimular y reconocer la posesión de buena fe por parte de los colonos. A partir de ese momento y con la expedición de la Ley 61 en junio de 187493se trasladó la iniciativa y la responsabilidad del proceso de poblamiento al migrante, quien elegía el terreno baldío en que se asentaría y colonizaría para luego buscar la titulación legal del predio.
En consecuencia, los migrantes aseguraban la obtención de sus títulos de propiedad mediante resolución; para ello debían solicitar el respectivo título de adjudicación, previa constatación de la ocupación y uso del predio. Este resultado ha sido calificado por investigadores sobre el tema como: “A la conquista de hecho sucedía la conquista de derecho”94, idea contrapuesta a aquella de la lucha del hacha y el papel sellado, tan propia de las regiones en las que abundaron los conflictos con los dueños de las concesiones por la posesión legal de las tierras baldías.
Hacia este último cuarto del siglo XIX se produjo una nueva oleada migratoria desde el sur de los ríos Consota y Barbas, atraída especialmente por las nuevas normas sobre tierras baldías tituladas a partir de la buena fe y por la guaquería. En la ruta del camino del Quindío hacia Ibagué, la recién fundada población de Nueva Salento (1865)95-surgida dentro del esquema de poblamiento inducido-, se convirtió en el epicentro del poblamiento espontáneo en la Hoya del Quindío. Fue escala obligada de colonos y transeúntes que admiraron la belleza del paisaje y constataron las bondades del clima de la región para las actividades agrícolas, ganaderas, porcícolas y en general propicias al pancoger. Desde allí se dieron las primeras avanzadas a otros sectores de la región del piedemonte de la cordillera central y las zonas planas entre esta cordillera y la cuenca del río la vieja.
Como resultado de esta nueva oleada migratoria surgieron las poblaciones de Filandia (1878)96, Circasia (1884)97, Calarcá (1886)98 y Armenia (1889)99. Todas se originaron desde el Distrito de Nueva Salento y una vez fundadas afectaron a este Distrito con la pérdida de su territorio en tanto eran declaradas corregimiento o municipio con terreno propio, bien fuera por la Asamblea del Cauca o por acuerdo del Concejo del mismo Salento. Más adelante aparecieron Villa Quindío (Montenegro) (1890)100 segregado de Filandia; mientras que San José de Colón (Pijao)(1902)101 y Génova (1903)102lo fueron de Calarcá.
Si bien este flujo migratorio provino en gran parte del sur de Antioquia, de la zona cordillerana del Tolima y del valle del río Cauca por Cartago, fue especialmente a partir de la fundación de Calarcá que se promovieron en menor escala otras oleadas migratorias103 venidas de los Cundinamarca, Boyacá, Santanderes, Tolima y Cauca, que se sumaron y enriquecieron la posterior idiosincrasia e identidad en las nuevas fundaciones. Con la fundación de Génova se terminó el primer ciclo del poblamiento espontáneo en la región del Quindío bajo la égida del Departamento del Cauca antes de que se diese la reforma territorial impulsada por el gobierno de Rafael Reyes que daría lugar a un segundo ciclo bajo el nuevo ente territorial del Departamento de Caldas.
En 1910 Velasco y Vergara publicó el mapa Comarca de Pereira, que describía a la región colonizada entre María y Armenia como una zona montañosa y con presencia de áreas planas en los pequeños valles aluviales y en las cercanías a los ríos Cauca y La Vieja. Aunque seguía prevaleciendo la ubicación de las poblaciones en las partes altas, su altitud era menor en comparación a la provincia Sur de Antioquia.
Nuevas fundaciones en el Departamento de Caldas: Quimbaya, Alcalá, Córdoba y Buenavista
Carta geográfica del Departamento de Caldas. (1924)
Bogotá
En 1905 fue creado el Departamento de Caldas, que en su parte central recogió toda el área de colonización del valle interandino entre el río Cauca y la Cordillera Central. Hacia 1924 estaban fundadas 27 poblaciones en este valle, y solo restaban las de Sucre (Ulloa) y El Tolrá (Buenavista) fundadas posteriormente. En la parte sur del departamento se encontraba la Hoya del Quindío, cuyo territorio era compartido con el departamento del Valle del Cauca y tenía en esta zona las poblaciones de Alcalá, Sucre, Caicedonia y Sevilla
En los inicios del siglo XX se creó el departamento de Caldas con territorios segregados de Antioquia, Cauca y Tolima y en cuya jurisdicción quedó incorporaba la Provincia del Quindío, hacia la cual se orientó la última fase del movimiento migratorio. La dinámica fundacional copó los espacios territoriales y los flujos migratorios, ya nutridos con otras procedencias, alcanzaron los puntos geográficos remotos. En términos cartográficos y con el nuevo orden normativo, la ocupación de la región meridional de la Provincia del Quindío que comenzó en Filandia, arribó a las inmediaciones del río Barragán en las estribaciones de la cordillera Central en menos de medio siglo.
Si en la parte norte se dieron las fundaciones de Alejandría (1914, Quimbaya)104 y Alcalá (1917)105, esta última en jurisdicción del nuevo departamento del Valle del Cauca, en la zona cordillerana del sur de Caldas se promovieron nuevos asentamientos; las fundaciones de Córdoba (1912)106 y Barcelona (1914), cuyos terrenos fueron segregados de Calarcá, y la fundación de El Tolrá (1934, Buenavista)107, segregada de Pijao. Es en esta última población donde cronológicamente terminó el proceso de poblamiento de la región quindiana, caracterizado en su fase final por el arribo de colonos de distintas procedencias geográficas, en una clara demostración multirracial en contraste con aquella migración iniciada a finales del siglo XVIII la cual fue esencialmente antioqueña.
Es de resaltar el papel de las juntas pobladoras108 en la mayoría de los asentamientos que se dieron en la Provincia del Quindío. Al contrario del esquema anterior en el que el gobierno adjudicaba una cierta cantidad de tierra a una población, para ser fundada administrativamente, y que a través de una junta pobladora se ejerciera el control sobre la adjudicación a los colonos avecindados, en el nuevo esquema, denominado poblamiento espontáneo, el gobierno le apostó a que los colonos se agruparan territorialmente y procedieran a justificar, según sus propias expectativas, la necesidad de una población para los fines de abastecimiento, comercio y relacionamiento social.
En estas fundaciones no inducidas directamente por el gobierno también las juntas pobladoras110bo juntas de vecinos cumplieron un papel protagónico. Se esforzaron por socializar la importancia de la nueva población y emprender acciones tales como el trazado y demarcación de los terrenos, la asignación de solares para las construcciones públicas y privadas, la escogencia de los voceros de la comunidad y la gestión en pro de la consecución de las categorías de corregimiento o municipio. En este último caso, sus funciones cesaban y pasaban a regir las del nuevo Concejo municipal.
El mapa muestra una particularidad del proceso consistente en que los migrantes pasaron de ubicarse en las partes altas de las montañas a las zonas planas y calurosas de los ríos Quindío, Barragán y La Vieja.
Tierra, Guaquería y Ocultamiento: principales móviles de la migración al Quindío
Terrenos baldíos en el Estado del Cauca. (1859)
Signatura: CO.AGN.SMP.4, REF.712A
La tierra inculta o no colonizada fue el motivo básico que impulsó a oleadas de emigrantes a ocuparlas para luego denunciarlas, siempre y cuando estuviesen en condición de baldíos
La difusión de información sobre la disponibilidad de tierras baldías al sur del rio Chinchiná hasta el río Barragán; las fulgurantes imágenes de riquezas provenientes de las guacas como verdaderos “dorados”109; y el silencio del lugar conocido como zona deshabitada y de frontera, convirtieron especialmente a las tierras del Quindío, montaña y cuenca, en zona de refugio para muchos. Para los sueños de nuevos colonos con sus familias; de aventureros de ocasión, de los que no pocos decidieron avecindarse; y algunos desertores de las frecuentes guerras y escaramuzas que caracterizaron el siglo XIX en Colombia.
Si bien la actividad de la guaquería fue transversal al proceso de colonización desde las primeras fundaciones en el norte, fue particularmente en el territorio del Quindío donde se encontraron los enterramientos más espectaculares de piezas de oro precolombinas, así por ejemplo el tesoro Quimbaya (1890)110 en los predios de la población de Filandia (1878). La guaquería, definida como la profanación de los sepulcros indígenas por codicia, se ocupó especialmente de sustraer la orfebrería de oro sin importar la cerámica coexistente y los rastros de tejidos y alimentos en los diferentes enterramientos. A pesar de su valor artístico intrínseco, el oro era fundido y convertido en lingotes de oro que adquirían sus características como medio de pago y acumulación de valor monetario o riqueza.
La guaquería, socialmente aceptada111 y lícita en la época, representó una forma de consecución de recursos monetarios usados en algunos casos para financiar la adquisición de tierras, entre otras finalidades. Además, debido a su pasado minero, el migrante antioqueño tuvo una particular inclinación para la exploración y explotación de yacimientos, disposición que hizo extensiva a la búsqueda de tesoros y guacas.
En 1924112 Luis Arango Cardona publica su obra “Recuerdos de la guaquería en el Quindío”113; aceptada por unos y repudiada por otros, no fue sin embargo desdeñada en consideración del trato que le dio a la huella cultural del pueblo indígena. Frases como “El conquistador asesinó a los indios, y el guaquero pulverizó sus cuerpos inertes” o” Las momias americanas son pulverizadas por las manos de los guaqueros” reflejan para algunos la actitud del migrante antioqueño hacia el pasado indígena y hacia el indígena mismo como un ser de inferior categoría.
Arriería: el motor de la colonización
PRINCIPALES CAMINOS A FINALES DEL SIGLO XIX
En: Por caminos de arrieros. Boletín Cultural Y Bibliográfico, 23(08), Pag 2 del Pdf y 44 del libro
En el mapa se indican las diferentes rutas de la arriería, en sí caminos de herradura, que para la zona estaban los caminos que iban desde Sonsón a Manizales por Salamina y sus trayectos hacia Honda; también, en la Provincia del Quindío, aquellos que salían de Cartago por el camino de Occidente, el que conducía a Manizales y el Camino del Quindío hacia Ibagué. Era toda una red para la movilización de la carga y el transporte de las personas
Ligada a las trochas y a los caminos de herradura, la arriería114 fue una actividad transversal115 en todo el proceso migratorio procedente del centro de Antioquia en su recorrido hacia el sur; de ahí la profusión de rutas y caminos que se fueron trazando con el establecimiento de las poblaciones.
La arriería116 es definida como un conjunto de hábitos, técnicas, rituales y saberes necesarios para el manejo de recuas de mulas y bueyes en el transporte de mercancías y de personas117 a través de una amplia red de caminos de herradura. Dirigida por un caporal, propietario o conductor de la recua, quien era secundado por los peones de brega o arrieros, y en último término por el sangrero, encargado de la alimentación y del transporte de las provisiones. Las partidas118, o recuas de bueyes, eran preferidas para recorrer los caminos en invierno; en tanto las recuas de mulas eran propicias para los caminos estrechos o de pendiente, o para viajes cuyas cargas requerían ser entregadas en corto tiempo en sus sitios de destino.
Articuladas con la arriería119estaban la posada y la fonda, sitios desde los cuales se gestaron los caseríos y poblados. Además de ser puntos para el descanso y pernoctación, al igual que el suministro de potreros, constituyeron puntos de abastecimiento de bienes esenciales, acopio de cosechas y financiamiento de la provisión de bienes y servicios contra pago de la cosecha, como también lo fueron para el esparcimiento y el relacionamiento social de los colonos.
Referencias bibliográficas
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