El núcleo de la cultura wayuu se encuentra en la península de La Guajira. Este territorio indígena limita por el oeste y por el norte con el mar Caribe, y por el este con el Golfo de Venezuela; el río Ranchería y el río Limón (Venezuela) fluyen por sus límites sureños. Este reconocido territorio indígena está a su vez interpuesto entre dos países: Colombia y Venezuela. Los wayuu, por su parte, no se circunscriben a las fronteras geográficas de la península propiamente dicha, y muchos de ellos cruzan la frontera entre ambos países constantemente, que los constituye como sujeto colectivo binacional y una de las sociedades indígenas más numerosas de Suramérica.
Los wayuu, pertenecientes a la familia lingüística arawak, de lejanos orígenes amazónicos, son considerados como los únicos indígenas de las tierras bajas de Suramérica en haber adoptado la ganadería, lo que significó una verdadera revolución técnica y social. Se distribuyen en aproximadamente 27 eiruku (clanes matrilineales), que cada wayuu lleva como apellido. En un asentamiento wayuu (ranchería) hay varias decenas o cientos de personas que comparten los mismos puntos de agua, como pueden ser pozos o casimbas construidos por ellos en los lechos de los arroyos, o molinos de viento construidos por los respectivos gobiernos (Colombia y/o Venezuela), y ocupan viviendas esparcidas en un amplio espacio. Cada vivienda abriga a una familia y consta de una casa, elaborada principalmente de barro, donde se cuelgan las hamacas; un recinto que sirve de cocina, cercado habitualmente con cardones; una enramada bajo la que se desarrollan parte de las actividades cotidianas; corrales para los animales y un jardín protegido por una estacada.
En su territorio, los wayuu se asientan en tres tipos de macro sistemas ecológicos: sierra, sabana y playa. Además, distinguen habitualmente dos regiones muy diferenciadas: Wüinpumüin, localizada al este de la península y corresponde a la Alta Guajira, y Wopumüin, hacia el oeste y suroeste, y corresponde a la Baja Guajira. Dentro de esta clasificación y localización que los wayuu hacen de su territorio, Wopümüin, tiene como base o frontera las últimas colinas de los Montes de Oca, (Wunapu para los Wayuu), y el río Ranchería. Se caracteriza la zona sur del territorio por sus inmensas sabanas y por el verdor de la floresta, puesto que goza de precipitaciones algo mayores que la del resto del territorio indígena. Wopumüin podría traducirse como “hacia los caminos”, haciendo alusión a los interminables y entrecruzados caminos inmersos en la espesura del bosque.
El territorio wayuu de Wopumüin, actualmente en jurisdicción del límite sur del resguardo de la Alta y Media Guajira, se caracteriza por poseer una asociación floral de cardones columnares, árboles pequeños y espinosos, además de una cobertura graminosa que retoña y declina estacionalmente. A medida que se penetra hacia el cauce del río Ranchería, la vegetación se transforma predominantemente en la típica de un bosque de galería, con presencia de especies arbóreas de porte y diámetro mayores y un sotobosque denso y desarrollado que favorece el crecimiento de árboles y plantas y la proliferación de hábitats para animales. esta zona del territorio Wayuu, de la cual forma parte también el resguardo de la Alta y Media Guajira, constituye una reserva ecológica de inimaginable importancia para la supervivencia de este pueblo; en la actualidad, colinda con una región rica en carbón mineral en plena explotación industrial, cubierta igualmente con bosque de sabana, y cuya área de explotación es atravesada por el río Ranchería.
Así, en el transcurso de unos decenios, los wayuu de este sector de Wopümüin se han transformado, pasando del estado de una comunidad pastoril relativamente móvil, a la de agricultores, leñadores y ganaderos individuales reunidos en agrupaciones familiares, entre los cuales la proporción de sedentarios es cada vez mayor. No obstante, los wayuu mantienen sus vínculos territoriales mediante una mezcla bien intrincada de costumbres, ritos y lazos de parentesco. El territorio que ocupan de manera continua lo llaman Wounaan, el cual incluye un cementerio como lugar de entierro de la madre y de sus parientes uterinos, vestigios de una ocupación antigua. En cada uno de estos vecindarios, todas las familias residentes tienen acceso al jagüey o al pozo que funciona en las tierras de su propiedad. Cada familia cuida su propio rebaño de ovejas o cabras y tiene que proveerse de su propia mano de obra para sacar agua del pozo o del jagüey para su aprovisionamiento y el de sus animales.
Los conjuntos de rancherías o vecindarios no se constituyen en una comunidad cerrada o autónoma, tampoco pueden considerarse como un pueblo, y menos pueden pensarse como una unidad social homogénea. Estas unidades de parientes uterinos o matrilinajes propietarias del territorio reconocen una figura masculina dominante, un alaüla. El grupo al cual esta persona da coherencia es a la comunidad donde habita (donde tiene su cementerio) como unidad económica, política y militar.
La organización política entre los wayuu depende de la composición de los asentamientos y de las redes que se establecen alrededor de ellos. En estas rancherías, por lo general un hombre mayor, integrante del respectivo núcleo de parientes uterinos, es el jefe del asentamiento, a quien por lo general lo llaman Talaula, y es considerado como el cacique del lugar. Esta persona es la encargada de organizar los equipos de trabajo de acuerdo con la tarea, trata de resolver los problemas y fricciones que surgen entre los corresidentes del asentamiento y cumple la función de ser el representante del conjunto de parientes uterinos cuando se ven envueltos en conflictos externos, sean con otros wayuu o con las autoridades locales o regionales.
En otros casos, también un hombre mayor es considerado como el líder del asentamiento. Este debe organizar los oficios cotidianos de la ranchería y cumplir su rol de reclutar otros parientes para las diversas ocupaciones que requieran trabajo colectivo, al igual que recibir las visitas de personajes de cierta importancia. No obstante, no se le llama cacique o jefe; esta dignidad se reserva a otro varón mayor, igualmente pariente uterino de estos, que no vive en el asentamiento.
Entre los Wayuu, los agentes formales de control social son casi inexistentes. No existe nada parecido a la policía, o alguien que cumpla el papel de juez. La dirección de los propios asuntos es en gran medida una cuestión personal. Se espera que todos se sostengan por sus propios medios y cumplan sus propias obligaciones, debido entre otros aspectos, a la ausencia de un poder político centralizado. La justicia adquiere características de informal y privada. Algunos autores consideran que los wayuu distinguen dos clases de agravios: la violación de costumbres y la violación de obligaciones (Guerra Curvelo, 2002). Estos agravios son resueltos entre las partes implicadas o entre los miembros de las familias en que ocurren. En términos generales, parece que el mantenimiento de la ley se basa, en gran medida, en el principio de reciprocidad, el temor a las sanciones y represalias, y el deseo de ganar el beneplácito público.
El pago de indemnización o la satisfacción por violencia son las medidas tradicionales tomadas por los wayuu para compensar las violaciones de los derechos cívicos. Este pago se hace generalmente con ganado (vacuno, caprino u ovino), collares o dinero; la cuantía es determinada de acuerdo con la gravedad del caso, y la condición social del perjudicado. Es así como un wayuu rico recibe mucha más satisfacción que un wayuu pobre por similar ofensa o daño que se haga. Así mismo, en las disputas legales complejas, los servicios de intermediarios imparciales son suministrados por los llamados palabreros (pútchipu) y buscan negociar un acuerdo pacífico. Si la enemistad entre familias se hace intensa, una de ellas debe migrar del lugar. Generalmente, lo hacen a los centros urbanos durante algún tiempo hasta que los ánimos se aplaquen. En algunas ocasiones las diferencias son tan profundas y duraderas que se hace necesario recurrir a la guerra para resolverlas (Guerra Curvelo, 2002).
Wüinpumüin corresponde a la parte norte de la península de La Guajira, en límites con Venezuela, con las islas de Aruba y Curazao, y con el mar Caribe en su parte septentrional. Cuenta con los 21 corregimientos del municipio de Uribia; de ellos se destacan los corregimientos de Puerto Estrella, Nazareth, Waretpá’a, Tawaira, Siapana, Punta Espada, Puerto López y Taroa, en el extremo norte, los cuales cubren todo el conjunto de playas y costas y el sistema de la Serranía de La Macuira. Estas áreas se consideran los territorios ancestrales más antiguos desde donde parte la historia cosmogónica, espiritual y territorial del pueblo wayuu. En esta zona existe un sistema de puertos naturales que, territorial y ambientalmente, son de importancia para la economía tradicional y para la relación con las deidades wayuu que se encuentran en litoral Caribe, que cimentan y sostienen el relacionamiento cultural con otros países del Caribe, con quienes tradicionalmente han tenido profundas relaciones.
Wüimpumüin comprende también la jurisdicción del municipio de Uribia que alberga innumerables territorios ancestrales del pueblo wayuu, escenario de sus sitios sagrados, y a las territorialidades y cementerios de los clanes wayuu de la península. Pero también, esta extensión municipal se traslapa al gran resguardo indígena wayuu de la Alta y Media Guajira, o reserva indígena que cubre la extensión de otros cuatro municipios de la región, poniendo de manifiesto la interculturalidad territorial.
Wüimpumüin es considerado uno de los sistemas naturales más importantes en el litoral Caribe colombiano. Posee grandes extensiones de planicies, pequeños sistemas de serranías, como son La Macuira, localizada en la parte oriental de la península, que se extiende en dirección sureste y alcanza su máxima altura en los cerros de Palua, de Jaulama y de Jiborne. La serranía de Jalala se halla inmediatamente al noreste del centro de la península y al occidente de la serranía de La Macuira, esta se extiende morfológicamente también en dirección noroeste-sureste y culmina en los cerros del Rumá y del Jijoi, y en las estribaciones septentrionales se encuentra la serranía de Parashi.
La serranía de Carpintero ocupa el extremo noroeste de la península y se halla cerca del Cabo de la Vela. La serranía de Cocinas está ubicada en la parte suroeste. La elevación más llamativa de La Guajira corresponde al cerro de La Teta o Epitsü, situado cerca de Ipapure, ligeramente al norte de la frontera con Venezuela. Hacia el oriente de este cerro se extiende la serranía de Cojoro. El Parque Natural Nacional de La Macuira, en la zona norte de la Alta Guajira, es un territorio ancestral de protección dado su significado espiritual. Este es el espacio dinámico intangible de las deidades del origen wayuu y es un área territorial traslapada al Resguardo Indígena Wayuu de la Media y Alta Guajira.
Los pobladores wayuu de la Alta Guajira se encuentran fuertemente afianzados a los patrones y principios culturales de la etnia. En esta región predomina el idioma wayuunaiki y se practican las dos formas de velorio tradicionales. Se usan rigurosamente los códigos culturales de la justicia propia y siguen sosteniéndose los ejes del sistema de parentesco matrilineal que determinan posesión del territorio, historia, herencia, reconocimiento tradicional y control político de la convivencia. La cosmovisión wayuu se mantiene y refuerza actualmente una sólida reafirmación sociocultural de la organización social y política propia, que los caracteriza como hospitalarios y practicantes del valor de la palabra como herramienta de mediación para la convivencia y la resolución de conflictos (Araurau, 2020).
La figura central del mundo religioso wayuu es Maleiwa. Es el creador de este pueblo y el fundador de esta sociedad. Su sistema de creencias religiosas y sus mitos armonizan y subrayan la continuidad de la organización social de este mundo y del otro mundo, poniendo de relieve los paralelismos que existen entre las actividades económicas de los wayuu y sus dioses (Perrin, 1993). Estos mitos versan sobre seres como Pulowi, deidad femenina y dueña de la caza, esposa de Juyá, quien personifica la lluvia y es un wayuu errante que caza y mata; los Wanülü, seres sobrenaturales que adoptan apariencia humana; los Yolujas, o espíritus de los guajiros muertos; los Keeralias o seres dañinos que emiten luz propia por las noches y contaminan a los hombres, entre otros. Su religión actúa en gran manera como puntal del orden social, y viceversa y buena parte de su fuerza proviene de su correspondencia con la organización colectiva.
La población wayuu de Wüimpumüin está asentada en territorios ancestrales desde donde se sustenta el origen, la filosofía, el pensamiento, las deidades y la historia de este pueblo. En Wüimpumüin existe un sistema de sitios sagrados que son inherentes a su cosmogonía integral. Estos están relacionados en casi su totalidad con las serranías descritas y con cerros considerados por los propios Wayuu como tutelares, espacios que señalan la coherencia de la geografía sagrada wayuu con los lugares y puntos geográficos del territorio. Estos espacios relacionan a los seres míticos con los animales y con los seres humanos (Riaño P, 2020)[1].
Se destacan como lugares sagrados el triángulo que conforman los tres cerros tutelares del territorio wayuu: Epitsü, conocido con el cerro de la Teta, y los cerros que simbolizan a los hermanos Kama’ichi y Iitujolu. Según el mito, los tres hermanos provenían de la Sierra Nevada en busca de nuevos horizontes, buscando agua y comida. Epitsü se enamora y se establece en lo que comúnmente se conoce como el cerro de La Teta. Los otros hermanos toman rumbo hacia el Cabo de la Vela, donde Kama’ichi también cae bajo el dominio del amor por el mar, lo que hace que se haya convertido en pescador y establecido en lo que conocemos hoy día como el Pilón de Azúcar, en el Cabo de la Vela. Y Iitujolu termina su viaje en la serranía de La Macuira.
Otro importante y reconocido lugar sagrado por los wayuu es Jepira, lugar donde descansan los espíritus de las personas después de su segundo entierro. También se destaca como sitio sagrado en este mismo espacio geográfico el morro Julirianalü, lugar donde Pulowi cura a los seres marinos y a los peces que logran evadir las redes de los pescadores.
Las serranías de La Macuira y Cocinas corresponden también a lugares míticos. Estas son hijas de un cacique de la Sierra Nevada que las castiga por su desobediencia al haber abandonado su territorio ancestral convirtiéndolas en cerros. En La Macuira se encuentran diversos lugares míticos como la piedra de Alaasu, lugar donde Maleiwa les concede a los wayuu sus emblemas claniles, los cuales representan el sustento de su organización social, sus relaciones con sus miembros consanguíneos y afines, y la regulación de la riqueza, representada en el ganado.
En esta serranía también se ubica como lugar sagrado Wolunka, enorme roca de color negro con manchas rojas, que rememora a los wayuu la historia de las mujeres primigenias de sus mitos. La famosa mujer de la vagina dentada, hija de Juyá (la lluvia), y quien conforma toda la descendencia wayuu. En inmediaciones de la serranía de La Macuira se sitúan la llamada piedra del destino, Aluwalupaou, también llamada TaluWayuupana, en Punta Espada, lugar donde se originó el dolor del parto; y al norte de puerto Estrella se encuentra Neimaluu, playa misteriosa, cuyo encanto radica en devorar personas, desorientándolas mientras nadan para que terminen ahogadas en sus playas. En el norte de la serranía de Jalala se localiza el cerro Polojolii, lugar que simboliza a los wayuu maduros, ancianos sabios que representan la sabiduría, la experiencia de vivir y sentir el desierto. La serranía de Cocina es mitificada como un misterioso espacio que denota a un lugar peligroso, lleno de incertidumbre y enigma, al cual no se procura ingresar comúnmente.
[1] La documentación para la composición de la descripción de los sitios sagrados Wayuu ha sido tomada del texto: Relatos con GPS. Una geografía mítica e histórica de la Guajira, de los investigadores Pilar Riaño, Weilder Guerra y María Luisa Moreno. The University of British Columbia.