La Guajira, región ubicada al norte de Colombia, en la parte más septentrional de América del Sur, la realidad del desierto y la exuberancia de sus montañas nevadas y sierras se tejen en un entramado de leyendas, mitos y fábulas que hacen parte del patrimonio simbólico de los pueblos étnicos que allí conviven. Su variada diversidad cultural genera un mosaico social integrado y en constante evolución, en el que la vida intensa de sus habitantes se enriquece y vence las múltiples adversidades con las que este territorio ha tenido que lidiar a lo largo de los siglos.
En un paisaje descomunal de pequeñas montañas resecas y de sabanas, contrastadas por arbustos xerofíticos asociados con cactus-candelabros, habitan los wayuu; su presencia está concentrada, principalmente, en los municipios Maicao, Manaure, Riohacha y Uribia, y en el estado de Zulia, en Venezuela. Por su parte, en las vertientes norte de los valles de los ríos Ranchería, Tapias, Ancho, Jerez, Palomino, así como en las laderas y collados del sur de la Sierra Nevada de Santa Marta –SNSM-, se encuentran los pueblos kogui, wiwa, arhuaco y kankuamo, en su territorio ancestral conocido como la Línea Negra, que involucra a los municipios guajiros de Dibulla, Riohacha, San Juan del Cesar. Sumado a estos, en las estribaciones orientales de la SNSM se asientan múltiples poblados afrodescendientes; La Guajira fue uno de los primeros territorios donde surgieron comunidades de palenques y rochelas como Cerrejón de los Negros, La Tuna, Mandinga, Jacob y Guachaca, a partir del siglo XVI al XVIII. También, en el territorio se asentaron grupos provenientes de oriente medio, producto de las oleadas de migración sirio-libanesa, entre 1880 y 1930, quienes jugaron un papel importante en el sector económico de la región, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Según los resultados del Censo Nacional de Población y Vivienda del DANE del año 2018, de los grupos étnicos indígenas presentes en el territorio 94.1% son wayuu (48% de la población total); 3.3% son wiwa (sanká), 1.7% kogui (kaggaba) y 1.8% distribuidos entre arhuacos (iku) y kankuamos. También existe una población zenú e inga (denominados putumayo) y el poco conocido pueblo cariachil, en el municipio de El Molino.
En su aspecto biogeográfico, el departamento se caracteriza por la diversidad de ecosistemas terrestres y marinos dada la presencia de todos los pisos térmicos de la zona intertropical y el ciclo de temperaturas que en promedio oscilan entre 35° a 40° Celsius. Este territorio se ve severamente azotado por los vientos alisios, padeciendo nueve meses al año de una inclemente sequía. La alta presencia de vientos causa erosión, que afecta las fuentes hidrológicas y la fertilidad de los suelos. En general, la biodiversidad terrestre incluye desiertos, humedales en zonas montañosas, bosque tropical seco propenso a la aridez, baja vegetación y una fuerte estacionalidad de lluvias. En esta región se encuentran tres reservas naturales: Parque Nacional Natural Macuira, ubicado en el municipio de Uribia; el Santuario de Fauna y Flora Los Flamencos, en la zona rural del municipio de Riohacha; y la Reserva Natural Montes de Oca, en el municipio de Maicao. Así mismo posee nueve áreas protegidas (Corpoguajira, 2009).
Se caracteriza el territorio étnico por poseer vegetación xerofítica, sabana arbustiva entrecortada por zonas desérticas, inmensas planicies cubiertas de cardones columnares y pequeños macizos montañosos. Durante el período de lluvias queda sometido el territorio a violentos aguaceros que inundan las zonas bajas, desbordándose bruscamente en algunas zonas del territorio. Pero las temporadas son irregulares y grandes las variaciones regionales. Adicionalmente, en este punto de la geografía nacional nacen un total de 54 ríos, representando aproximadamente 10 mil hectáreas de cuencas. Se destacan el río Tapias, río Jerez, río Ancho, río Palomino y arroyos como el Carraipía y Paraguachón. Las principales cuencas hidrográficas provienen de los ríos Cesar y Ranchería, este último es la principal arteria fluvial del departamento.
Los sistemas marinos son variados y ricos en nutrientes, dada la presencia de diversas especies, praderas y medios coralinos que debido a la confluencia de vientos alisios del noroeste favorecen su reproducción. Se estima que la localización septentrional de La Guajira favorece la generación de nutrientes y por consiguiente la productividad del suelo marino 9,12 más veces que el promedio de la región Caribe (Corpoguajira, 2009). Estos aspectos han promovido la creación de depósitos de agua distribuidos en pozos acuíferos, lagunas y jagüeyes, necesarios para la sostenibilidad de los medios de vida de la población local.
La historia del poblamiento de la provincia del Río de La Hacha podría ser agrupada en tres grandes periodos. El primero de ellos data de los tiempos precolombinos y del asentamiento en la península del pueblo wayuu. El segundo inicia a partir del siglo XVI, cuando Alonso de Ojeda se entera de la existencia de perlas en las costas del Cabo de la Vela e inicia su explotación en 1538, cuando se agotan los bancos perleros en Cubagua, en las costas del oriente venezolano; este periodo incluye el surgimiento y auge de la ganadería en el Caribe y en particular en Riohacha, mediante la labor en las haciendas ubicadas sobre la margen izquierda del río Ranchería. Y un tercer momento, que comprende el periodo independentista de principios del siglo XIX hasta nuestros días. Los principales grupos humanos que en la actualidad cohabitan el hoy departamento de La Guajira serán descritos a continuación: