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PROGRAMA

FRANZ JOSEPH HAYDN (1732-1809) 

Sonata en sol mayor, Hob. XVI: 40 (1784)

Sonata en do menor, Hob. XVI: 20 (1771)

Sonata en do mayor, Hob. XVI: 50 (1794)

 

INTERMEDIO

 

JOHANNES BRAHMS (1833-1897) 

Variaciones y fuga sobre un tema de Händel, Op. 24 (1861) 

 

ACERCA DE LA ARTISTA

Anne-Marie McDermott, piano

Anne-Marie McDermott se ha presentado como solista con orquesta, como recitalista y con ensambles de cámara en cientos de ciudades de Estados Unidos, Europa y Asia. Es reconocida como una de las intérpretes más versátiles, respetadas y elogiadas por la crítica de nuestro tiempo. McDermott es directora musical y artística del Bravo! Vail Music Festival, en Colorado, un encuentro que reúne a artistas y orquestas de talla internacional. Asimismo, es directora artística del Ocean Reef Chamber Music Festival, en Florida, del Chamber Music Festival del McKnight Center, en la Oklahoma State University, y fue curadora de la Mainly Mozart Spotlight Series en San Diego, California.

En la temporada 2024-2025 estrenó el Concierto para piano de la compositora estadounidense Amy Cheney Beach, junto a la Dallas Symphony Orchestra y la Springfield Symphony Orchestra (Massachusetts); debutó en Galway (Irlanda), con un recital organizado por Music for Galway dedicado a obras de Bach, Busoni y Brahms; interpretó el Concierto para piano No. 4 de Beethoven con la Paducah Symphony Orchestra (Kentucky); el Concierto para piano No.1 de Beethoven con la Des Moines Symphony, la Palm Beach Symphony y la Vancouver Symphony Orchestra USA (Washington); se presentó junto a la Chamber Music Society del Lincoln Center en el Alice Tully Hall de Nueva York y realizó una gira por Chicago, Grand Rapids, Kansas City, Ashland y Vienna en Estados Unidos. Presentó un programa especial de música de cámara en la New World Symphony (Miami) que incluyó el Quinteto en mi bemol mayor de Mozart y el Cuarteto para el fin de los tiempos de Olivier Messiaen; realizó varios conciertos como integrante del SPA Trio —junto a la soprano Susanna Phillips y el violista Paul Neubauer— en la Rockefeller University (Nueva York) y en la Arizona Friends of Chamber Music (Tucson).

Durante la temporada 2023-2024 actuó con la Los Angeles Chamber Orchestra y la St. Paul Chamber Orchestra. Asimismo, interpretó obras de Mozart con la New York Philharmonic en el McKnight Center de Stillwater. Ofreció recitales en Francia, en el prestigioso festival Piano aux Jacobins, en Toulouse; se presentó con la Orquesta Sinfónica del Estado de São Paulo en el Festival Internacional de Música de Cartagena, y realizó una gira por China con un recital íntegramente dedicado a Franz Joseph Haydn.

La amplitud de su repertorio abarca desde Bach, Haydn y Beethoven, hasta Rachmaninoff, Prokofiev y Scriabin, e incluye también obras de algunos de los compositores más influyentes de la actualidad. McDermott se encuentra grabando actualmente la integral de los conciertos para piano de Beethoven con la Orquesta Sinfónica de Minería de Ciudad de México, bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto. Grabó la integral de las sonatas para piano de Prokofiev; música de Chopin, las Suites inglesas y las Partitas de Bach y la obra completapara piano y orquesta de Gershwin junto a la Dallas Symphony Orchestra, ambas elegidas como Editor’s Choice por la revista Gramophone. En 2013 publicó un álbum con conciertos de Mozart junto al Calder Quartet, elogiado por la revista Gramophone como «excepcional en todos los aspectos». Asimismo, ha grabado cinco sonatas para piano y dos conciertos de Haydn con la Odense Philharmonic, en Dinamarca.

En años recientes participó en el programa conmemorativo del Jubileo de Plata de la New Century Chamber Orchestra, dedicado íntegramente a George Gershwin, y realizó un ciclo de conciertos de Beethoven con Santa Fe Pro Musica. Estrenó y grabó un nuevo concierto del compositor danés Poul Ruders con la Vancouver Symphony, junto a las Variaciones sobre un tema de Paganini de Rachmaninoff, y regresó al Bravo! Vail para interpretar música de Gershwin con la New York Philharmonic. Otros hitos recientes incluyen el Concierto para piano, K. 595 de Mozart con la Philadelphia Orchestra, dirigida por Sir Donald Runnicles; el Concierto en re menor de Bach con miembros de esa misma orquesta; y el Concierto de Brandeburgo No. 5 con el conjunto neoyorquino Le Train Bleu.

McDermott continúa presentándose con importantes orquestas, entre ellas la New York Philharmonic, la Minnesota Orchestra, la Hong Kong Philharmonic, la National Symphony Orchestra, la Los Angeles Chamber Orchestra y las orquestas sinfónicas de Dallas, Seattle, Houston, Colorado, Pittsburgh, St. Louis, Atlanta, San Diego, Nueva Jersey, Columbus y Baltimore. También ha realizado giras con la Australian Chamber Orchestra y los Moscow Virtuosi.

Formada en la Manhattan School of Music, McDermott ha sido galardonada con el Mortimer Levitt Career Development Award for Women, el premio de las audiciones de Young Concert Artists y un Avery Fisher Career Grant. En 2024 recibió un doctorado honoris causa de la Manhattan School of Music.  

 

NOTAS AL PROGRAMA

Haydn y Brahms: el triunfo de la forma

Por Iván R. Contreras

 

¿Quién ha echado más agua al vino que los griegos? La sobriedad unida a la gracia: […] ¡Que haga lo mismo quien pueda! ¡En la vida y en la creación artística! 

Federico Nietzsche 

 

Al igual que la noción de lo «bello», el concepto de lo ‘clásico’ en la historia del arte no ha sido una categoría unidimensional. En su acepción más amplia, designa aquello que ha resistido la prueba del tiempo para establecerse como arquetipo; sin embargo, en un sentido formal, remite a la prevalencia de valores como la armonía, la proporción y el equilibrio, todos conceptos heredados de la Grecia Antigua.

Este ideal de armonía matemática ha reaparecido de forma recurrente. En el Imperio romano lo hizo en los tratados de Vitruvio bajo el concepto de symmetria; en el Renacimiento, Leon Battista Alberti retomó esta noción asociándola con las condiciones que hacen posible la belleza. En el XVIII, Johann Joachim Winckelmann hizo lo propio con su teoríacromática del «clasicismo blanco»; poco después, Immanuel Kant señaló que el elemento esencial de las bellas artes consiste en la forma, y en el XIX, Georg Wilhelm Friedrich Hegel definió el arte clásico como aquel donde el contenido espiritual y la forma sensible alcanzan un equilibrio absoluto.

Este equilibrio se manifiesta plenamente en la música de Europa central entre 1770 y 1815 gracias a los tres pilares de la Escuela de Viena —Haydn, Mozart y Beethoven—, quienes consolidaron las formas y formatos musicales plasmando en ellas ese antiguo ideal. Posteriormente, varios compositores del Romanticismo —en especial Johannes Brahms— retomaron ese legado.

Coloquialmente, tanto para unos como para otros usamos el adjetivo de ‘clásico’: ya sea para describir la estética usada en un periodo, como para la obra que ha logrado superar la prueba del tiempo, para llegar a establecerse como un modelo arquetípico.  

Franz Joseph Haydn —al igual que Wolfgang Amadeus Mozart y Ludwig van Beethoven— encontró en la estructura de la sonata el vehículo para dotar de profundidad al discurso musical, integrando el concepto de «conflicto» y sus tensiones inherentes. La eficacia de esta forma reside en su naturaleza narrativa. La forma sonata puede asemejarse a la estructura de una novela: un género literario que permite al autor presentar personajes, desarrollar sus rasgos distintivos y plantear tensiones que se resuelven a medida que avanza la trama.

En la música, este proceso ocurre de manera análoga, pero en lugar de construir personajes con atributos humanos, el compositor elabora motivos musicales que expone, confronta y resuelve. El desarrollo constituye el núcleo de este conflicto, por medio del cual el material temático se transforma. Es, usando la jerga filosófica, una tensión dialéctica de opuestos que halla su síntesis en la resolución final. Esta capacidad para resolver las fuerzas enfrentadas, conservando una estructura equilibrada y simétrica, responde al espíritu de la Ilustración

Johannes Brahms, por su parte enfrentó una batalla que tuvo nombre propio: la Guerra de los Románticos, una división ideológica que enfrentó dos facciones; por un lado, Richard Wagner y Franz Liszt, defensores del poema sinfónico y de la superación de las formas clásicas, y por el otro, Brahms y sus seguidores, férreos defensores de las estructuras tradicionales.

Así, mientras Joseph Haydn consolidó la arquitectura de la forma, Brahms demuestra un siglo después que el uso de estas estructuras no tenía por qué ser irreconciliable con la expresividad del periodo Romántico.  

Haydn: su llegada a Esterháza

En 1761, la vida de Haydn se vincula profesionalmente —y casi geográficamente— durante las siguientes tres décadas al servicio de los Esterházy como vicemaestro de capilla: un entorno que resultó decisivo no solo para el compositor, sino para el curso mismo de la música occidental. El mito de Versalles impulsó a su patrón Nicolaus Esterházy a transformar un antiguo pabellón de caza en una residencia espléndida. Esta nueva corte, bautizada como Esterháza, se inauguró en 1766, coincidiendo con el ascenso de Haydn a primer maestro de capilla tras la muerte de Gregor Werner.

En Esterháza, la actividad era intensa: el consumo musical era incesante, con dos óperas y dos conciertos semanales. Por ejemplo, en 1773, ante la visita de la emperatriz María Teresa, Haydn compuso la Sinfonía No. 50 y la ópera L'infedeltà delusa. Creó en esa ‘jaula de oro’, toda la música requerida por la corte. Es dicha estancia, aparentemente aislada, en donde el ‘padre del Clasicismo’ sentó los cimientos sobre los que la tradición centroeuropea: desde Wolfgang Amadeus Mozart hasta Gustav Mahler.

Las sonatas para teclado

La Sonata en sol mayor, Hob. XVI: 40 (1784) es un hito indiscutible en su producción. Compuesta en 1771, coincide con su periodo Sturm und Drang (Tormenta e ímpetu), estilo caracterizado por una expresividad emocional subjetiva e intensa, cuyo eco literario más célebre fue el Werther de Goethe.

El primer movimiento (Moderato), en forma sonata, rompe drásticamente con la ligereza del estilo galante. Sus interrupciones rítmicas y las constantes síncopas son rasgos clave de la influencia del Sturm und Drang. En él se observa una evolución del lenguaje del Empfindsamerstil (estilo sensible) de Carl Philipp Emmanuel Bach —cuya naturaleza es más errática e irregular—, el cual Haydn logra maridar con éxito dentro de la arquitectura equilibrada de la forma sonata. En el segundo movimiento se genera una atmósfera de inestabilidad rítmica, mientras que el cierre de la obra se confía a un rondó, una forma en donde un tema (refrán) se alterna una y otra vez con nuevas ideas melódicas y armónicas.

Trece años después de la tormenta emocional de la Hob. XVI: 20, Haydn presenta la Sonata en sol mayor, Hob. XVI: 40, dedicada a la princesa Marie Esterházy. Esta obra se inscribe plenamente en la sensibilidad del siglo XVIII: una emocionalidad galante basada en la inocencia y el entonces llamado ‘buen gusto’. Aquí, la música no busca abrumar al oyente, sino conmoverlo mediante una aspiración de pureza expresiva.

Haydn rompe con la convención de los tres movimientos: la sonata consta únicamente de un Allegretto e innocente —adjetivo que ya ofrece una indicación clara al intérprete— y un movimiento rápido (Presto). La ausencia de un movimiento lento central sugiere un carácter ligero.

Por su parte, la Sonata en do mayor, Hob XVI: 50 es una obra pertenece al periodo tardío del compositor y fue compuesta durante su segunda estancia en Londres. Fue allí donde tuvo acceso a los pianos de John Broadwood & Sons, instrumentos que diferían radicalmente de los vieneses: poseían mayor resonancia y un sonido mucho más robusto. Tal fue la fascinación de Haydn que adquirió uno de estos pianos y lo trasladó a Viena; de hecho, esta sonata resulta inconcebible sin las posibilidades técnicas de este instrumento. En esta obra, Haydn recupera la estructura clásica de tres movimientos (Allegro - Adagio - Allegro). El primer movimiento contiene una de las indicaciones más fascinantes y debatidas de su literatura: Open Pedal. En el piano Broadwood de 1794, el pedal abierto generaba una atmósfera misteriosa y resonante y Haydn lo utiliza aquí, no como una simple expansión del sonido, sino como un color orquestal novedoso.

Brahms: la Guerra de los Románticos  

La historia de la música occidental en la segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por una fractura ideológica conocida como la Guerra de los Románticos. Este conflicto, surgido ante el desafío de continuar el inmenso legado de Ludvig van Beethoven, dividió a Europa en dos bandos irreconciliables sobre el ‘deber ser’ del arte de su tiempo. Por un lado, la autoproclamada Escuela de la Nueva Alemania, liderada por Franz Liszt y Richard Wagner, abogaba por la Música del Futuro. Defendían la disolución de las formas clásicas rígidas en favor de estructuras libres dictadas por contenido poético o dramático, argumentando que la música puramente instrumental había agotado sus posibilidades históricas.

En la trinchera opuesta, los tradicionalistas defendían la supremacía de la música ‘absoluta’ desde los bastiones de Leipzig y Viena. Encabezado por Johannes Brahms y Clara Schumann, este grupo sostenía que la belleza musical reside únicamente en la lógica interna de los sonidos y en la manipulación magistral de formas heredadas como la sonata y la sinfonía, rechazando cualquier narrativa extramusical.  

Brahms perfeccionó lo que Arnold Schoenberg llamaría después la Variación en Desarrollo: no introduce protagonistas nuevos a cada momento; toma una idea musical básica y la transforma a medida que avanza la obra, cambiándole el carácter, el ritmo o la intensidad, pero manteniendo siempre su esencia.  

Las Variaciones y fuga sobre un tema de Händel, Op. 24 fueron concebidas como un regalo para el cumpleaños No. 42 de Clara Schumann. Para Brahms, esta partitura representaba una ofrenda tanto personal, como intelectual.

Simultáneamente se estaba fundando la Händel-Gesellschaft (Sociedad Händel), un proyecto de recuperación histórica con el que Brahms estaba profundamente comprometido. El hecho de que el compositor poseyera la primera edición de 1733 de las Suites de Georg Fredrich Händel subraya su respeto y admiración por los maestros del Barroco alemán: una actitud heredada de los tres clásicos de Viena: Haydn, Mozart y Beethoven.

El material base de esta obra proviene del Aria de la Suite No. 1 en si bemol mayor de Händel. A diferencia de muchos contemporáneos que se limitaban a adornar la melodía, Brahms explicó en algunas de sus cartas su idea central: «En un tema para variaciones, casi solo el bajo tiene significado para mí. Pero esto es sagrado, es el fundamento firme sobre el cual construyo mis historias».

La pieza es una exploración monumental compuesta por veinticinco variaciones que se pueden dividir en tres grandes grupos antes de culminar en una fuga: una verdadera catedral sonora donde Brahms demuestra su dominio absoluto de la forma contrapuntística.                                                                                      

Imagen principal Media
Anne Marie McDermott sentada junto al piano mirando a la cámara
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