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PROGRAMA
KIYA TABASSIAN (n. 1976)
Rêveries (2019)
KIYA TABASSIAN / ABLAYE CISSOKO (n. 1970)
Maryama (2019)
Estuaire (2019)
ABLAYE CISSOKO
Denilko (2019)
KIYA TABASSIAN / ABLAYE CISSOKO
Vers Isfahn (2019)
KIYA TABASSIAN
Ahouye Vahshi (2015)
KIYA TABASSIAN / ABLAYE CISSOKO
Traversées (2019)
Sirifo (2019)
Départs (2019)
Poisson au fond de l’océan (2015)
ABLAYE CISSOKO
Soutouro (2015)
ACERCA DEL ENSAMBLE
Ablaye Cissoko, kora
Kiya Tabassian, setar
Patrick Graham, percusión
Traversées traza las emociones que nos habitan y los momentos de nuestras experiencias, nuestras historias, nuestros viajes.
Traversées visita lugares reales e imaginarios, accesibles e inaccesibles, que soñamos con explorar, habitar y preservar.
Traversées evoca un estado de ánimo teñido de duda, pero también de esperanza y bienestar.
Traversées se inspira en esta profunda amistad, este respeto y esta escucha mutua que existe entre nosotros.
Traversées refleja nuestro deseo de mantener la paz dentro y alrededor de nosotros.
Traversées recuerda la importancia de la simplicidad y la transparencia en cada uno de nuestros pasos, gestos y poemas.
Traversées encarna la memoria de nuestros antepasados, nuestros progenitores, aquellos que viven en nuestros pensamientos y nos han guiado.
Traversées simboliza nuestra misión de cantar, tocar y transmitir nuestros recuerdos a nuestros hijos.
Traversées rinde homenaje al peregrino, al que toma su bastón y se pone en camino.
Kiya Tabassian y Ablaye Cissoko
Desde tiempos inmemoriales, la palabra ha sido encarnada por el bardo, el trovador, el griot. Estos artesanos de la palabra, a la vez mensajeros y pacificadores, son el vínculo con las fuerzas de la naturaleza, lo divino y la memoria de los antepasados. A ellos les corresponde mantener el reino del alma colectiva.
Hoy en día, estos librepensadores y viajeros están haciendo del mundo su jardín, como Kiya Tabassian, embajador del setar persa, y Ablaye Cissoko, griot de Saint-Louis, Senegal, ambos eternos pájaros migratorios. Este encuentro entre Ablaye y Constantinople, entre cuerdas y voces, retrocede en el tiempo para evocar la belleza del ser. Es un paso conjunto por los lugares comunes de la imaginación, como un largo suspiro ante la inexorable marcha del mundo y del tiempo.
Desde el principio, este diálogo entre la kora y el setar parecía provenir de las profundidades de la tierra, como si estos instrumentos, junto con la percusión, hubieran existido siempre uno al lado del otro. Esta simbiosis natural dio alas a los músicos para volar hacia horizontes lejanos, y su música se ha escuchado más de doscientas veces en diversos festivales y salas de todo el mundo.
NOTAS AL PROGRAMA
Aves de paso en el país de los sueños
Por Juan Carlos Garay
Hay algo que desde siempre han tenido las aves que agrada no solamente a los ornitólogos sino a la mayoría de las personas: su capacidad de encarnar cualidades como la libertad o la belleza. Por no hablar del canto. En varias culturas y en varias épocas, son los músicos los que han sido comparados con aves.
Hace doce siglos, en el Califato de Córdoba, el creador sonoro Abu Hassan Alí Nafí sentó las bases de una música árabe y facilitó la entrada del oud a Europa. El nombre artístico con que pasó a la historia fue Ziryab, que significa ‘pájaro negro’. Más recientemente, en Malí, el intérprete de la kora (arpa africana), Toumani Diabate, fue llamado ‘Kulanjan’, palabra con que se designa a un águila que habita la región occidental de África: en un momento de su vida, Toumani fue comparado con esa águila por la posibilidad que tenía de sobrevolar las diferentes naciones.
La metáfora ha vuelto a circular. Desde que apareció el primer álbum de la agrupación Constantinople, un sector de la prensa se ha referido a ellos como ‘aves migratorias’. No solo señalan la dulzura de la música, sino la manera en que esos sonidos han cruzado fronteras. Constantinople está liderado por Kiya Tabassian, músico iraní que busca proyectar la tradición persa, traerla hasta este siglo XXI, a través de su instrumento que es el setar (una especie de laúd). Pero su lugar de trabajo no está en el Medio Oriente, sino en Montreal, Canadá.
Como invitado especial en un par de discos y como integrante honorífico del ensamble, está el músico senegalés Ablaye Cissoko. Su instrumento, muy popular en el oeste de África, es un arpa de veintiún cuerdas con una caja de resonancia hecha de calabazo. La kora tiene además una fama bien ganada de acompañante de historias. Los trovadores que se acompañan de este instrumento son básicamente cronistas que narran y a la vez comentan los hechos más importantes de su tiempo. En estas culturas que privilegiaron la oralidad actuó como un dispositivo de fijación de la historia, las canciones tenían esa responsabilidad de ser archivo y memoria.
¿Qué sucede, entonces, cuando se juntan estas corrientes de la antigua Persia y el antiguo reino Mandingo? Lo primero que hay que decir es que estas fusiones tienen algo de caprichoso (o de amistoso, porque suelen ser el producto de la ‘buena energía’ que surge cuando dos artistas se conocen y simpatizan). No hay ningún trazo histórico que nos diga que hubo cierta raíz común entre las dos músicas. Sin embargo, no cabe duda de que somos una misma especie, cantando sobre sentimientos universales. Hay familiaridades auditivas, coincidencias, sonidos que sincronizan. Armonía, al fin y al cabo.
Diálogos geográficos
La primera vez que Ablaye Cissoko hizo música al lado de Constantinople fue en el disco del 2015 Jardins Migrateurs (Jardines migrantes) —¡qué título más poético! El periodista Martin Sinnock reseñó lo que para él había sido la sorpresa de escuchar, en una misma expresión, «la tradición de la tribu mandé y la poesía persa» y luego definió este experimento como «un encuentro armonioso, sin costuras, de dos culturas diferentes (…) una alternancia de hermosos contrastes». La sorpresa era comprensible si tenemos en cuenta que entre Teherán y Dakar, centros de ambas culturas, hay una distancia de más de nueve mil kilómetros que quizás ningún músico había atravesado concientemente.
La presencia de las redes, la radio, los circuitos de festivales y la programación conciertos ha hecho que hoy en día sean más fáciles estos encuentros. Cada músico carga consigo su bagaje instrumental, sus técnicas y sus historias. Al momento de conocerse y tomar la decisión de hacer música juntos, lo primero que hacen es buscar las coincidencias. Y las hay, desde luego. Es memorable la asociación que se hizo, en 1994, cuando el africano Kassemady Diabate colaboró en un disco del grupo flamenco español Ketama. Le pidieron a Kassemady que agregara unos versos de su cosecha a una canción hispana que hablaba sobre un pozo de los deseos, una fuente de agua donde la gente pide un deseo y arroja una moneda. Como en África no existe esa tradición, Kassemady lo asoció con las consultas que se hacen a los adivinos que a su vez escudriñan las páginas del Corán. Del pozo al libro, del deseo a la fortuna: no es precisamente una traducción literal, es la búsqueda de una esencia más profunda.
La resultante de estos ejercicios es un sonido que ya no puede ubicarse en un lugar exacto, sino que se convierte en una geografía entremezclada, particular. La música termina de crear ese lugar imaginario, a lo mejor ideal. El grupo Constantinople y Ablaye Cissoko volvieron a colaborar en otro disco en 2019, Traversées (Intersecciones) —¡otro título idóneo! Para ese momento ya habían tenido la oportunidad de hacer giras juntos y habían consolidado un lenguaje. La revista especializada Songlines lo consideró uno de los discos más importantes de aquel año y el periodista Simon Broughton alabó sus consonancias poéticas y espirituales. Pero, sobre todo, señaló que los músicos habían desarrollado «un entendimiento mutuo y un lenguaje común». De un primer disco, basado en los contrastes, llegamos a un segundo ejercicio en el que se gesta un nuevo territorio.
Un país de los sueños
Ese lugar imaginario, a donde nos lleva la música de este colectivo, nos habla de armonizaciones que difícilmente vemos en un mundo plagado de conflictos. «La música crea el orden a partir del caos», decía el violinista Yehudi Menuhin, quien supo utilizarla incluso en contextos de sanación y reconciliación. Mientras escuchamos la música conjunta de Constantinople y Cissoko, ese rincón ideal se vuelve real.
Curiosamente, cuando les preguntan a Ablaye Cissoko y a Kiya Tabassian sobre el sentido de esta creación interpersonal, su respuesta va por ese lado e incluso adquiere connotaciones místicas: «Nuestra música refleja el deseo de preservar la paz en nuestro interior y a nuestro alrededor. También recuerda la importancia de la sencillez y la transparencia». La composición musical, en ese sentido, implica también una disposición del alma: escucho al otro, entro en comunión, expreso lo que siento.
Varias de las canciones de este colectivo hacen referencia a paisajes y lugares. Estuaire es un canto a los estuarios, esos ecosistemas semicerrados donde el agua dulce de los ríos se mezcla con el agua salada del océano, en ese vaivén rítmico que determinan las mareas. Vers Isfahan evoca los antiguos caminos que conectaban el mar Mediterráneo con las tierras persas, un lugar de paso constante para mercaderes, pero también para muchos poetas y músicos. Y Sirifo es una pieza alusiva a otro paisaje, el que despliega el cielo nocturno cuando levantamos la cabeza y ampliamos la mirada: los planetas, las estrellas, las galaxias. Esa mezcla de contemplación ecológica, histórica y astronómica termina conformando un ideal habitable, un país de los sueños.
Y allí, finalmente, es donde los analistas han querido ver en Kiya Tabassian y Ablaye Cissoko la figura de aves migratorias. La creación de estos músicos tiene la facultad de sobrevolar fronteras y, en ese orden, de mirar la realidad desde un punto muy alto, con una perspectiva privilegiada. Tal como imaginamos que las aves nos observan. Tal vez haya sido el compositor Olivier Messiaen el primero que se fijó seriamente en esas facultades de las aves y en su aplicación a la creación musical: «Es probable que, en la jerarquía artística, los pájaros sean los mayores músicos que existen en nuestro planeta», dijo alguna vez. Y solía añadir lo mucho que lo maravillaban, no solamente su canto, sino también el vuelo y la migración.
En este presente tan agitado de migraciones, exilios, expatriaciones, deportaciones, desplazamientos, éxodos, la música del ensamble Constantinople y su amigo senegalés se nos antoja una banda sonora diáfana y hasta necesaria. Vienen a la memoria las palabras del investigador Samuel Charters, uno de los principales investigadores de la diáspora africana que se desarrolló en circunstancias crueles, pero que a la postre dio origen a géneros tan gratos como el blues y el jazz en Norteamérica: «La esencia de todo viaje es el movimiento; movimiento de un lugar a otro, transformación de las ideas, de los paisajes y de los pueblos».
TEXTOS
KIYA TABASSIAN (n. 1976)
Rêveries (Ensueños)
Rêveries abre una puerta hacia los paisajes íntimos de la mente, donde recuerdos, sensaciones e imaginación fluyen con libertad. Explora los espacios sutiles entre la vigilia y el sueño; lugares donde los pensamientos se deslizan, se transforman y revelan partes ocultas de nosotros mismos.
Ahouye Vahshi (Gacela salvaje)
Texto: Hâfez de Shiraz (c. 1325-1389)
Oh, ¿dónde estás, mi gacela salvaje?
Siento tanto amor y afecto por ti… Ven.
Para que podamos cuidarnos el uno al otro y dejar de ser dos seres separados.
ABLAYE CISSOKO (n. 1970)
Denilko (Canto)
Denkilo significa canto: el canto de los seres humanos, de los animales, de la naturaleza. Un canto transmitido por los griots, desde la misión que se les ha confiado y que ellos, a su vez, legarán a otros. Un canto de poder inimaginable, que a veces supera incluso a los propios griots. Un canto que despierta el espíritu a esas verdades que ya conocemos, pero que con frecuencia estamos demasiado dormidos para reconocer.
Soutouro
Crees que eres el más grande… ¡oh, no! Todo lo que está en pie caerá algún día.
Soutouro describe el acto de ayudar a alguien necesitado, pero de manera discreta y humilde.
Es el secreto del mono.
KIYA TABASSIAN (n. 1976) / ABLAYE CISSOKO (n. 1970)
Maryama
Maryama es belleza, bondad, generosidad, hospitalidad. Es una mujer con tantas cualidades que resulta indescriptible. Siempre dispuesta a acoger, y en quien no hay ni sufrimiento ni ira.
Desearía que Maryama fuera mi madre, mi esposa, mi hermana, mi hija… Pero no creo que existan muchas personas como ella. Al menos, deseo que cada una de ellas pudiera tener a Maryama como amiga.
Estuaire (Estuario)
El estuario, donde el agua dulce se funde con el mar, evoca el tránsito, la renovación y la fertilidad. Es un lugar de transformación, en donde pueden surgir posibilidades inesperadas, como los encuentros musicales imaginados por Constantinople. Entre estos estuarios están el de Saint-Louis, en Senegal —de donde proviene Ablaye—; el del río San Lorenzo —donde vive Kiya—, al igual que todos los estuarios del mundo.
Vers Isfahn (Hacia Isfahan)
Vers Isfahan nos invita a recorrer los antiguos caminos que unían al Mediterráneo con la meseta persa, siguiendo las huellas de mercaderes, poetas y músicos que dieron forma al alma de la Ruta de la Seda. Es un viaje hacia un paisaje interior y geográfico: una búsqueda de armonía, asombro y reconocimiento por aquello que nos une. Refleja nuestro anhelo por encuentros que eleven el espíritu y diálogos que trasciendan fronteras.
Traversées (Cruces/Intersecciones)
Traversées traza las emociones que nos habitan y los momentos que moldean nuestros caminos, nuestras historias, nuestros recorridos. Explora los lugares reales e imaginarios —alcanzables o inalcanzables— que soñamos descubrir, habitar y preservar. Evoca un estado del ser teñido de duda, pero también de esperanza y serenidad. Refleja nuestro deseo de cultivar la paz dentro de nosotros y en el mundo que nos rodea.
Sirifo
Hafiz, dame la pluma del cielo,
dame las palabras de las estrellas,
dame las rimas de los cuerpos celestes,
dame el ritmo de las galaxias,
para decirte a ti, Hafiz,
a ti y a tus bellezas;
o préstamelas solo el tiempo suficiente
en este mundo ilusorio;
préstalas a mi lengua indolente,
a mis humildes y frágiles palabras...
Départs (Partidas)
Texto: Amir Khosrow (1253-1325)
No sé a dónde fueron
aquellos que alguna vez fueron amigos.
¿Qué día fue, oh Señor,
cuando nos abandonaron?
Si la primavera llega y pregunta por ellos,
di al céfiro: «todas esas flores
se han vuelto hierba», y pregunta a la flor,
cuando se asome desde la tierra,
¿cómo lucen ahora los rostros
de quienes yacen bajo el polvo de la muerte?
Poisson au fond de l’océan (Pez en el fondo del mar)
En lo profundo del océano, un pez se desliza, revisitando los recuerdos de individuos; de la humanidad. Reflejos de una luz que parece infinita penetran el agua y se desvanecen en el oscuro velo de los secretos.