La relación entre la fotografía y los movimientos de masas es una constante en la historia del continente durante los últimos 100 años . Inclusive se puede decir que las protestas se han apoyado en la fotografía para trascender en el tiempo. La recordación de esos momentos es más evidente en la imagen que en la palabra escrita: el impacto de la acumulación humana, el histrionismo de los líderes populares, los rostros trastornados o rabiosos.
Todos estos eventos en su momento fueron noticia y a partir de los años treinta del siglo XX, esta viene acompañada de la foto-reportería. La imagen superó el titular y el momento decisivo entró en juego con mayor fuerza que nunca, pues la prensa se construiría de ahí en adelante con historias condensadas en una foto. Muchos de los fotógrafos incluidos en esta sección estuvieron vinculados a periódicos que dan cuenta del devenir de las urbes latinoamericanas.
La foto que en estos casos es mayoritariamente documental juega un papel sumamente importante al preservar la memoria de eventos históricos como la Revolución cubana, los hechos políticos de las dictaduras en Argentina, Chile y Brasil, además de los múltiples conflictos por relaciones de poder entre grupos alzados en armas y partidos tradicionales.
La rebelión y la protesta no han cesado en América Latina y la fotografía ha sido el vehículo para develar la tensión por causas políticas, económicas y sociales cuyo mayor impacto se vivió en los años sesenta y setenta. Las fotografías evidencian la relación directa que hay entre estos movimientos masivos y la ciudad. La convulsión fluye entre plazas y calles, plataformas necesarias para estas batallas y para los melodramas que persisten en el continente: luchas en contra de un poder desmedido en dictaduras o gobiernos autoritarios y enfrentamientos contra el afán colonizador que ha perjudicado al pueblo.