Un recorrido metropolitano implica visualizar calles, avenidas, edificios, autopistas y puentes; a través de ellos se construye la trama visual de la ciudad contemporánea. Las urbes latinoamericanas, en su riquísima lista de influencias arquitectónicas coloniales, barrocas, neoclásicas, modernas y vernáculas, generan además una imaginería con una riqueza infinita para el ojo fotográfico. Miradas como las de Paul Beer o Armando Salas Portugal han buscado documentar la arquitectura moderna de manera muy objetiva, otros como Geraldo de Barros, Leo Matiz, Lázaro Blanco o Victor Robledo han llegado incluso a disolver la realidad para construir una abstracción fotográfica a partir de las formas y geometrías que ofrecen las metrópolis del continente.
Yuxtaposiciones de estructuras planeadas con construcciones que surgen del azar consolidan un eclecticismo visual que finalmente huye de la armonía que cualquier proyecto moderno pudiese haber estado buscando. Las geometrías flexibles, la impureza de las formas, los bruscos cambios de estilo y, en algunos casos, la absoluta rigidez de una mirada concreta y objetiva permiten construir un panorama de la ciudad cuya armonía surge del desbalance. El progreso y desarrollo reales de nuestras metrópolis se han visto reflejados directamente en las dinámicas prueba/error y evolución/involución de las obras, además de una limitada conciencia sobre el valor patrimonial de ciertos edificios, y una emergencia social que ha obligado a cimentar barrios enteros desde la improvisación. Sin embargo, la falta de permanencia de las construcciones, la decadencia y el abandono de ciertos espacios se tornan en aliados del registro fotográfico. Utilizando la luz, la sombra y el reflejo como máximos potenciadores de formas y signos en la arquitectura, los fotógrafos seleccionados logran una mirada que exalta la condición de la urbe mutante, siempre enigmática.