Si hicieran un listado de los hombres más poderosos de la Historia tendrían que incluir a Felipe II. Durante su reinado, el imperio español tuvo su época dorada: el mundo les pertenecía. América los hacía cada día más ricos, y el puerto de Cartagena era clave para la extracción comercial y el flujo entre los dos continentes. En febrero de 1586, tal como lo deja ver este documento, Felipe nombró gobernador de Cartagena a Pedro de Ludueña, en remplazo de Pedro Fernández de Busto. El gobernador de Cartagena tenía que vérselas con los continuos ataques de la piratería inglesa y manejaba mucho, mucho dinero. Sin duda, no era un cargo cualquiera. No por nada, el documento lleva la firma del mismísimo rey, algo que no sucedía con todos los nombramientos en estas tierras.
Felipe II
Real provisión por la cual se provee nombramiento a don Pedro de Ludeña para gobernador de Cartagena y le da comisión para tomar la residencia a don Pedro Fernández de Busto, su antecesor
[Manuscrito], 1586
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
Cartagena era importante en Europa. Tanto los ojos colonizadores como los ojos piratas estaban puestos en ella. Así que los textos descriptivos de sus murallas y zonas débiles eran complementados con grabados: necesitaban ver cómo era, estaban urgidos de detalles gráficos, ya fuera para defenderla, para atacarla o, simplemente, para imaginar cómo era la famosa villa amurallada en las Américas. Y como a la fotografía todavía le faltaba tiempo para nacer, durante los siglos XVII y XVIII no había más opciones que el grabado. Muchos no sólo eran descriptivos de la ciudad, sino también de las contiendas que se llevaban a cabo en mar y tierra para hacerse a ella o a sus barcos.
Autor no identificado, Vue generalle de Carthagene Ville de l'Amerique Meridionalle [Lámina], 1760
Theodor Mondhare, Vue da la Ville de Carthagene en Amerique prise par les Francois [Grabado], 1667
Lwdin David Franco, Galli Carthaginem indiae continentis urbem: duce hispano quodam nauta occupant [Grabado], sin fecha
Biblioteca Luis Ángel Arango, Colección Banco de la República, Bogotá.
Lo que llama la atención del Registro oficial del Magdalena, de 1830, que se imprimía en Cartagena, más que las noticias, son los avisos clasificados. Se lee: “Se venden cinco esclavas a 260 pesos cada una sin hijos, y tres esclavos, uno en 300 pesos y los [otros] dos a 100, todos de hacienda, propios para toda clase de labor, su dueño el sr. Rufino German Rivón, calle de las damas número 17”. Y más abajo: “Se solicitan una esclava lavandera y otra cocinera”. Como lo deja ver el censo de 1836 adjunto, en la Nueva Granada había 18.194 esclavos y 20.646 esclavas. La población total era de 1’686.038 personas. Sólo 21 años después de estos avisos y quince años después de este censo, la esclavitud fue abolida, al menos en el papel, en Colombia.
Autor no identificado
Rejistro oficial del Magdalena
[Periódico], 1830
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
Y hablando de esclavitud… En el siglo XVII, no fueron pocos los hombres y mujeres que lograron escapar de la esclavitud en Cartagena. Armaban poblaciones y, con palos, las protegían de invasores o de amos que vinieran para retornarlos a la servidumbre. A esos poblados se les llamó palenques. Los hubo por toda la costa. Ahora sólo queda uno: San Basilio de Palenque. Tiene su propio idioma, su comida, su medicina, sus creencias… En los años setenta la antropóloga Nina de Friedmann estuvo allí. Su equipo de trabajo y sus cámaras lo retrataron todo. El interés de Friedemann estaba puesto, sobre todo, en la lengua criolla. ¿De dónde venía? ¿Qué mezclas la habían afectado? ¿Por qué seguía viva? Y bueno, de su trabajo seleccionamos algunas fotografías sobre un lenguaje maravilloso: el del amor.
Nina S. de Friedemann
Huellas. Palenque de San Basilio
[Material gráfico], 1975
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
Los tiempos cambian. Hoy nada tiene de extraño que una pareja no funcione, sus miembros se separen y alguno de los dos se vuelva a casar. Pero en la Colombia de 1877 (perdón, en los Estados Unidos de Colombia) las cosas eran a otro precio. Cuando Rafael Núñez se casó por lo civil con Soledad Román la tierra vibró. En una privadísima carta escrita apenas unos meses después de desposar a ‘Solita’, Núñez le explica a un amigo: “No es la pasión lo que me ha conducido al enlace reciente, aunque mi consorte sea de mucho mérito según entiendo. La hora de la calma ha sonado para mí y todo lo que hago es muy pensado. Comprendo que no será del gusto de todo el mundo lo que he hecho; pero no me importa demasiado, porque sé que he obrado en conciencia. Si eso perjudica mi carrera política, nada pierdo, porque no tengo aspiraciones de ninguna especie; y los ambiciosos deben celebrarlo. Les queda un estorbo menos”. Bueno, aquello no fue muy exacto: años después, Núñez sería presidente no una sino cuatro veces.
Rafael Núñez
Cartas dirigidas por Rafael Núñez al doctor Luis Carlos Rico
[Manuscritos], 1876-1893
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.