Dicen que a Quintín Lame lo metieron preso más de cien veces. ¿Las razones? Las más bellas: luchar pacíficamente por los derechos de los indígenas del Cauca, sobre todo durante la primera mitad del siglo veinte. Lo que usted ve es una carta que en 1958 le envió al antropólogo Gregorio Hernández de Alba, pidiéndole ayuda para defender a un grupo de indígenas detenidos bajo falsas acusaciones. "Una columna formarán el día de mañana un puñado de indígenas para reivindicar sus derechos”, dijo alguna vez este líder. Su predicción se cumplió: en 1984 se formó la primera guerrilla indígena de América Latina, y tomó su nombre: Movimiento Armado Quintín Lame. En 1991 entregaron las armas.
Manuel Quintín Lame
Información de Manuel Quintín Lame
[Manuscritos], 1958 Archivo de Gregorio Hernández de Alba
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
¿Ha visto usted una ceremonia fúnebre más hermosa? Fue captada por el equipo de la antropóloga Nina S. de Friedemann durante sus investigaciones con los nasa, también conocidos como paeces, durante los años setenta. Aquí se puede apreciar buena parte de la cosmovisión de esta aguerrida comunidad: el rito como celebración, la alegría de quienes participan en él, la idea de una vida que continúa más allá de la muerte y la división de géneros: los hombres se despiden con respeto, pero son las mujeres las que caminan en procesión con el cadáver de su amiga.
Nina S. de Friedemann
Reportaje etnográfico
[Fotografías], sin fecha
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
No es novedad decir que Popayán fue, aún entrado el siglo XX, una de las ciudades más conservadoras del país. ¿Cómo habrá sido, entonces, en el siglo XIX? Aquí van dos ejemplos: en 1835, la Administración de la Sociedad de Educación de la ciudad mandó imprimir estos himnos. Antes de comenzar sus labores, los estudiantes debían cantar: “¡Ser supremo, infinito, uno solo en la esencia, que en los cielos habitas sobre un trono de estrellas! Pues que te agradan tanto las efusiones tiernas del corazón sencillo, que vive en la inocencia: Recibe, ¡dulce padre! ¡Dios de la luz eterna! las que hoy te consagramos con filial reverencia. Y humildes te pedimos presidas las tareas que procuran la obra de la enseñanza nuestra”. Y en 1821, un autor anónimo, cansado de las ya excesivas excomuniones y censuras del obispo de la ciudad, publicó este libro de concienzuda protesta.
Autores no identificados
Disertación sobre las censuras, su abuso, y medios de remediarlo Bogotá, Imprenta del Estado [Libro], 1821
Himnos para el uso de las escuelas de niños: mandados publicar por el consejo de Administración de la Sociedad de Educación Elemental Primaria de Popayán, Bogotá, N. Lora
[Manuscritos], 1835
Biblioteca Luis Ángel Arango, Colección Banco de la República, Bogotá
En 2014, la subgerencia cultural del Banco de la República lanzó el proyecto “Los niños piensan la paz”. La idea era entender qué pensaba la infancia colombiana sobre el tema, cómo entendían el concepto; en fin, ponerlos a escribir sobre algo de lo que los adultos tanto hablaban. Y los resultados fueron interesantísimos: a veces sobrecogedores, a veces humorísticos, en ocasiones inesperados; pero eso sí, siembre dicientes. Los talleres se llevaron a cabo en todo el país. Los manuscritos que usted ve son obras de niños de la ciudad de Popayán. “Paz: es cuando un niño pelea con otro y al otro día se dan la mano”.
Banco de la República. Subgerencia Cultural
Los niños piensan la paz en Popayán
[Documentos], 2013
Archivo La paz se toma la palabra, Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.