“Debido a la perturbación, al desbalance y a la pérdida del equilibrio actual, el material [el oro] se ha escondido. Ya no lo trabajamos, y los mamos dicen que se ha escondido”.
— Diomedes Izquierda Mesía, líder arhuaco
Este apartado explora el concepto de valor como construcción cultural. La pureza del oro o de las piedras preciosas, tan importante para las medidas de valor europeas, no tuvieron importancia para los indígenas que habitaron el actual territorio colombiano. Para ellos, los metales y los cristales eran divinos, generativos, fuerzas cósmicas que garantizaban la fertilidad, el alimento y el equilibrio universal. Las esmeraldas, valoradas por su estructura hexagonal más que por su claridad, nunca fueron pulidas en facetas para destacar su color o brillo. El cobre era apreciado por su peculiar olor y tonalidad rojiza. De hecho, todas las piezas que se encuentran en esta exposición están hechas en tumbaga, una aleación de cobre y oro que se mezcla deliberadamente para lograr objetivos prácticos, estéticos y simbólicos específicos.
El cuarzo, los textiles, el algodón, las conchas, la arcilla y las plumas también fueron de gran valor para las sociedades prehispánicas, pero no como propiedad personal ni para generar riqueza. El algodón, por ejemplo, es uno de los materiales más importantes en las ofrendas rituales. No obstante, la obsesión de los europeos por el oro y las esmeraldas hizo que pasaran por alto algunas de estas prácticas durante el periodo colonial, gracias a lo cual pudieron persistir hasta el presente.