Originario de Colombia, donde comienza su formación, Santiago Rebolledo llega a México en 1975, para ingresar a una Escuela Nacional de Bellas Artes en plena ebullición. Primero trabaja en el taller de litografía antes de mudarse al de pintura mural. Es uno de los fundadores del Grupo Suma, que reivindica el uso de técnicas de producción de imágenes como la fotocopia, la roneotipia, el esténcil y la serigrafía. La “excavación urbana” del pintor español Manolo Millares fue determinante para los miembros de Suma, así como el arte informal de Antoni Tàpies, exhibido en 1974, junto con Millares y otros pintores españoles, en el Museo de Arte Moderno de Chapultepec. La ciudad es a un tiempo el lugar de la explotación y de la dominación, y de la contestación —de la exposición, para estos jóvenes artistas—. Personajes bien tipificados se reproducen en los muros, protagonistas anónimos de las luchas sociales y políticas: La Niña, la Prostituta (esténcil sobre papel de dibujo y un recorte de prensa), el Sandinista, La María, el Burócrata (con su maletín) o La Desaparecida…