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Tipo de minisitio

En el año 1934 se aprobó el denominado Plan general de nomenclatura de la ciudad, el cual comenzó a implementarse al año siguiente. Este plan introdujo la nomenclatura numérica, teniendo como punto de partida el cruce de la carrera Palacé y la calle Colombia, esto es, la esquina suroriental del parque de Berrío, que a partir de ese año sería la carrera 50 con la calle 50. Esta esquina sería simbólicamente el punto nodal, precisamente donde años después -en 1980- se implantó “El Desafío”, la escultura de Rodrigo Arenas Betancur. Y se definió que hacia el oriente disminuiría y hacia el occidente aumentaría el número de las carreras; mientras que las calles disminuirían hacia el sur y aumentarían al norte. Las placas llevarían dos números separados por un guion, siendo pares los del lado derecho a la de la calle e impares los del lado izquierdo.

Las nuevas placas llevarían tanto el nuevo número como el nombre de la antigua calle, con lo que se pretendía ir reemplazando la ya larga tradición de nombrar las calles con los nombres de los héroes patrios, de las batallas, los países o ciudades que se habían comenzado a implementar en la segunda mitad del siglo XIX para reafirmar la ciudad republicana, las que a su vez dejaban atrás los nombres tradicionales originarios de la vieja villa colonial. Ahora era la ciudad numérica, abstracta y moderna.

Pero como señaló Ricardo Olano en su momento, quien se opuso al cambio, pues aparte de la dificultad práctica por la irregularidad de las calles, consideraba que la gente ya se había acostumbrado a los nombres con los que se perpetuaba la memoria de los “héroes y servidores de la patria”, señalando además que hasta “ahora pocos han hecho caso de los números y siguen llamando a las calles por sus nombres. Probablemente esta costumbre prevalecerá”. Y tal vez tuvo razón pues hasta hoy, los nombres prevalecen sobre los números en el centro de la ciudad.

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