Cristo Hoyos entrevista a Lourdes Durán
El grabado en metal o aguafuerte y la xilografía o grabado en madera son algunas de las disciplinas o técnicas que tienen menos acogida entre los artistas del Caribe colombiano. ¿Cómo terminas trabajando estas técnicas?
Podría decir que gracias a una prima mía que estudiaba Bellas Artes en Bogotá, por lo que por allá a finales de los años ochenta terminé haciendo unos talleres de grabado en la Universidad Nacional de Colombia. Las cosas que más me interesaron en ese momento fueron el grabado en metal, la xilografía y la experimentación con el maestro Quijano, a quien considero uno de los grandes de la gráfica en Colombia.
Totalmente de acuerdo. Pero mientras Alfonso Quijano hacía un trabajo figurativo, casi barroco y político, tú tomaste otra dirección...
Actualmente, no tengo interés por la figura humana o el paisaje. No me interesó la figura, pero sí la línea, y esta se me hacía muy atractiva y suficiente para trabajar el metal, creando la reflexión sobre los fenómenos naturales, sus fuerzas centrípetas, direccionales y rítmicas; de allí vinieron las obras tituladas Canículas, Huracán, Vientos, Mareas, Lluvias, todas ellas totalmente abstractas, casi minimalistas.
Son muy finas. ¿Cómo reaccionan las personas frente a ellas?
A muy pocos les importan la obra o el oficio, pero a los estudiantes de la licenciatura en Artes Plásticas de la Universidad del Magdalena sí les interesaba mucho. Algunos de esos alumnos se han especializado en el oficio, hasta el punto de que hoy en día uno está en Brasil y otra está en Europa. Es un oficio lento, dispendioso, que exige paciencia y prever mucho; por ejemplo, la entintada requiere bastante pulcritud y muchas veces el resultado no es el que uno esperaba.