Cristo Hoyos entrevista a Aníbal Maldonado
En tu obra, son inocultables tu fascinación y casi compulsión por el dibujo. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
El dibujo forma parte de nuestra cotidianidad. Yo pienso el dibujo como una herramienta indispensable para la conciencia, para el aprendizaje, para la sensibilidad y la creatividad. Dibujar es un acto que nos permite conocer y acercarnos al mundo; lo observamos, lo tocamos con el ojo, nos sensibilizamos mediante el dibujo. Es un impulso innato de todos los seres humanos, es pensamiento. Cuando dibujamos, estamos abiertos a la creación, formamos imágenes en nuestra mente y luego las esbozamos en unas cuantas líneas, en unos cuantos trazos que nos permiten configurar nuestra manera de pensar.
Al dibujar se enfrenta el horror vacui, el vacío; no se trata de intentar transformar grandes cosas, sino más bien la necesidad de trabajar con pequeñas cosas, de transformar lo disponible, de trabajar con cosas precarias, domésticas o domesticadas; con unas cuantas cosas basta; la economía y el vacío. Quizás el dibujo sea una de las herramientas más precarias y económicas, pero a la vez de las más poderosas, más recursivas; mínimos recursos, máxima expresión, máxima tensión y máxima pulsación.
Además de esa estructura mental e intelectual que podemos alcanzar con el dominio del dibujo, ¿a qué más le apuntas a través de él?
Le apunto al dibujo como medio de exploración, como medio de experimentación, como materia, como lenguaje, como conciencia, como señal, como signo, como huella, como copia, como placer, como fragilidad, como economía, como forma, como línea, como punto, como mancha, como sombra, como polvo, como medida, como palabra, como trazo, como esbozo, como existencia, como mundo...