La experiencia arquitectónica de Rogelio Salmona se forja en la memoria de sus viajes y recorridos, desde su mirada aguda y en el estudio detallado de la historia y la geografía. Se destacan, particularmente, sus viajes de estudio por la península ibérica o el sur de Francia, en los que prestó especial atención a la arquitectura románica y mudéjar y, para el caso de Latinoamérica, a los conjuntos monumentales en México. También serían de gran influencia los recuerdos de su infancia en el barrio Teusaquillo en Bogotá, donde abundaba una arquitectura de gran despliegue de trabajo en ladrillo.
Sus vivencias, lecturas y nostalgias sirvieron de base para convertir la naturaleza y la ciudad en formas de habitabilidad creativa y diversa.
Su arquitectura es, en suma, una apuesta por recorridos que invitan a deambular por patios, jardines, umbrales, galerías y salas, ofreciendo múltiples sensaciones corporales. Son diseños de espacios que se expanden y contraen, que orientan los trayectos y llaman la atención sobre la arquitectura, el paisaje y el territorio. Construcciones que se acompañan de efectos de luz y sombra, de silencio y murmullos, de avances y retrocesos. Rincones arquitectónicos que se presentan como descubrimientos geográficos para quien los habita.
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