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Miguel Urrutia es un académico creativo e innovador. Hay consenso entre sus colegas en que Urrutia siempre tiene un punto de vista diferente y audaz sobre los temas que investiga.
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Por: Carlos Caballero Argáez

ExCodirector del Banco de la República

Miguel Urrutia es un colombiano excepcional. Hace unos treinta años he tenido el privilegio de tratarlo. Trabajé con él en diferentes ocasiones a lo largo de este tiempo y bien puedo dar fe de sus extraordinarias dotes, calidades y cualidades.

Miguel Urrutia hizo sus estudios de bachillerato y universidad en los Estados Unidos. Su padre fue un importante abogado y diplomático. Hubiera podido estudiar derecho o administración de negocios y, con seguridad, hubiera sido un profesional exitoso y acaudalado. Sin embargo, desde muy joven se inclinó por la economía y la historia. Obtuvo con honores su título de pregrado en la Universidad de Harvard y en 1964 el doctorado en la universidad de California. La disertación fue la historia del sindicalismo en Colombia, libro que se publicó en español en 1969.

Al regresar al país inicio su carrera en la academia, como profesor e investigador en el CEDE de la Universidad de Los Andes, y en el sector público, al vincularse durante la administración del presidente Lleras Restrepo al Ministerio de Hacienda en calidad de secretario General del ministerio, cargo equivalente en la actualidad al de Viceministro. Con posterioridad pasaría a desempeñarse como asesor de la Junta Monetaria y Subgerente Técnico del Banco de la República. Desde entonces el doctor Urrutia mostro su vocación de académico y servidor público, lo mismo que el interés en temas sobre los cuales continuaría profundizando a lo largo de 35 años: economía laboral, empleo y distribución del ingreso, tributación, asuntos fiscales y política monetaria.

La vocación de servicio público lo llevaría nuevamente al gobierno en 1974, al iniciarse el período presidencial de Alfonso López Michelsen. Primero se desempeñó como Jefe del Departamento Nacional de Planeación, con la responsabilidad de elaborar el plan de desarrollo “Para Cerrarla Brecha”, que colocó su énfasis en atender al 20% más pobre de la población; posteriormente lo hizo como Ministro de Minas y Energía, en 1977.

Al dejar el gobierno, Miguel Urrutia fue designado Director Ejecutivo de Fedesarrollo, posición que ocupó hasta 1981y a la cual renunció para viajar a Japón y encargarse de la Vice-rectoría de Estudios de Desarrollo de la Universidad de Naciones Unidas. Allí llevó a cabo una intensa tarea que dio lugar a varias publicaciones internacionales sobre asuntos de desarrollo económico y social. Desde Japón mantuvo, además una columna semanal con su foto, en el periódico EL TIEMPO. Por esta razón sus lectores nunca lo percibieron alejado del país. Esa columna tuvo gran influencia por su pertinencia y su originalidad; fui testigo de su lectura en voz alta por el Presidente Belisario Betancur en reuniones con funcionarios gubernamentales. Unos años más tarde, en 1989 después de pasar unos años en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como Gerente del Departamento de Desarrollo Económico y Social, regreso a la Dirección de Fedesarrollo.

Miguel Urrutia es un académico creativo e innovador. Hay consenso entre sus colegas en que Urrutia siempre tiene un punto de vista diferente y audaz sobre los temas que investiga. Uno de los temas de su interés cuando ocupo por primera vez la Dirección de Fedesarrollo fue el transporte urbano, tal vez porque en ese momento se planteaba la construcción de un metro en la ciudad de Bogotá. Pues bien, Urrutia consiguió que Fedesarrollo operara un bus de propiedad de la ensambladora Colmotores -en la actualidad General Motors- para contar con información de primera mano sobre ingresos y costos de transporte por este medio en la ciudad. Los investigadores y administradores de la entidad conocieron de primera mano, entonces los problemas del bus y de su conductor, por cuanto este último rendía cuentas a Fedesarrollo todos los días y la entidad no estaba en capacidad de subsidiar la operación del vehículo.

[…]

El Cambio constitucional de 1991 en Colombia, que trajo consigo la creación de la Junta Directiva del Banco de la República, condujo a que el presidente Cesar Gaviria Trujillo designara a Miguel Urrutia como miembro de la primera junta del Banco, en 1991. Por sus antecedentes y sus intereses era una persona indicada para participar en esa nueva etapa de la vida del Banco de la República. Tanto que, al dejar Francisco Ortega, antes de lo previsto, la gerencia general de la entidad, su Junta directiva designó al doctor Urrutia como gerente 1993, nombramiento que renovó en 1996 y en el año 2000. Al finalizar el 2004 Miguel Urrutia completa, entonces, tres períodos de cuatro años como gerente del Banco de la República…

***

No es posible concluir una nota sobre Miguel Urrutia y sus contribuciones al país, a la investigación en economía, historia y temas sociales, y al Banco de la República, sin resaltar su aporte a la cultura y, particularmente, a las artes plásticas. Algo que no sorprende a quienes o hemos tratado porque se trata de un individuo profundamente erudito y culto. Viajar o encontrarme en el exterior a este personaje ilustrado e informado que lo primero que hace al llegar a una ciudad es indagar por aquellas exposiciones que ofrecen los museos para visitarlas y estudiarlas con ojo de curador y crítico de arte, en los momentos que dejan las reuniones económicas internacionales a las cuales debe asistir en representación del Banco y de Colombia.

La actividad cultural de la gerencia general del Banco de la República durante la administración de Miguel Urrutia fue extraordinaria. Las agencias del Banco en las distintas ciudades del país –en donde dejaron de cumplir una función bancaria debido a los cambios constitucionales y al avance de la tecnología- se transformaron en bibliotecas públicas. La colección Botero hizo su aparición en las instalaciones de la Casa de Moneda en Bogotá e inmediatamente se convirtió en referencia obligada para los bogotanos y los visitantes del resto del país y del exterior. La colección permanente de arte del Banco se amplió de manera importante y es, también, de indispensable recorrido para quienes habitan o vienen a Bogotá. […] la “manzana cultural” en La Candelaria, en donde se alojan las nuevas salas de exhibición de arte del Banco de la República. […] la ampliación y renovación del Museo del Oro […] una sorpresa maravillosa a nativos y a turistas.

Estoy convencido de que Miguel Urrutia pudo sobrellevar los doce años de la gerencia general del Banco de la República con los desafíos y las dificultades a que me he referido, por su interés en la cultura y en el arte, que le proporcionaron un refugio para la tensión y las angustias diarias. Su legado en este campo es único e incomparable para fortuna de la ciudad, del país y de sus sucesores. Porque, la verdad, Urrutia anticipó el trabajo cultural del Banco de la República de muchos años, con gran visión sobre las necesidades culturales de Colombia en el futuro.

Fuente: Revista El emisor y su gente - No. 31 Diciembre 2004

Fecha de publicación
Plan de Transparencia y ética pública