Como parte del proceso de restauración del Claustro de San Agustín de Tunja, el Banco de la República ha puesto en marcha estrategias de divulgación y apropiación de este Bien de Interés Cultural, por medio de diferentes contenidos, conferencias, talleres y seminarios en torno a la importancia de este inmueble, del cuidado del patrimonio y sobre los museos de sitio. 

¿De qué hablamos cuando hablamos de patrimonio?, es una serie audiovisual que explora las conexiones históricas, sociales y culturales entre el patrimonio y los museos de sitio.

¿De qué hablamos cuando hablamos de patrimonio?

El patrimonio es mucho más que edificios y dinero; abarca nuestra identidad colectiva, valores y legados culturales. Es un campo de lucha simbólico donde las comunidades deciden qué preservar y transmitir a las generaciones futuras. Interpretarlo es como contar una historia, donde cada elemento refleja la identidad de una comunidad. Los lugares patrimoniales son guardianes de nuestras historias y tradiciones, conectándonos con el pasado y dando significado a nuestra presencia en el mundo.



El claustro de San Agustín

Los edificios patrimoniales son guardianes de historias, transformados en museos, centros culturales y más en Latinoamérica. Cargados de significado por las personas que los habitaron, como el claustro de San Agustín en Tunja, testigo de más de 400 años de historia. Desde su función como cuartel hasta hospital, cárcel y ahora referente cultural, cada capa de su historia se revela en sus paredes. Es un patrimonio vivo que inspira a las comunidades locales a ejercer su ciudadanía patrimonial y preservar sus memorias.



Ciudadanía patrimonial

La ciudadanía patrimonial es la capacidad de los grupos sociales y étnicos de reconstruir sus identidades a través de lugares como el claustro de San Agustín en Tunja. Pueden exigir el rescate de su memoria y derechos culturales u optar por políticas locales. Este lugar, revestido de múltiples capas de memoria, inspira a personas y entidades a ejercer su ciudadanía patrimonial, conservando su espíritu a través de intervenciones sutiles que respeten su historia.



El espíritu de un lugar

Los lugares tienen capas de historia que los hacen singulares, como un juego de palimpsesto donde cada capa se suma sin destruir la anterior. En un monasterio, cada área invita a reflexionar sobre su función original y las historias de quienes lo habitaron. Conservar su espíritu requiere estudiarlo a fondo y realizar intervenciones sutiles que respeten su identidad única. Las comunidades locales enriquecen constantemente nuestra comprensión del lugar, transformándolo en un espacio de memoria, patrimonio y experiencia cultural. El museo de sitio aprovecha la infraestructura existente para contar historias con valor social y promover actividades culturales, convirtiendo el lugar en un centro dinámico de aprendizaje y reflexión.



¿Qué es un Museo de Sitio? 

El museo, inicialmente un lugar de contemplación ahora evoluciona hacia un espacio dinámico que cuenta historias con valor social y promueve actividades culturales. Cada lugar tiene su propia historia y especificidades, por lo que el proyecto museológico debe adaptarse a ellas como un traje hecho a la medida. El claustro de San Agustín, por ejemplo, se convierte en un museo de sitio que permite explorar sus historias a través de recorridos y vivencias, resignificando el espacio y promoviendo el conocimiento de la identidad local. El sitio es el elemento constante, mientras que los usos pueden cambiar, por lo que el museo debe abrazar todas las partes importantes de su historia. Explorar las capas de narrativas en el palimpsesto del edificio permite que este cuente su propia historia.


Estos materiales ofrecen una mirada profunda a la historia del Claustro de San Agustín y explican por qué este espacio se puede considerar un museo de sitio. 

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