Los Ciegos
“En 1986 conocí personas que habían nacido ciegas. Les pregunté cuál era su imagen de belleza. Le había preguntado a un ciego cuál era su imagen de la belleza. Esa fue la primera respuesta: un hombre ciego hablándome sobre el mar. “Lo más hermoso que he visto es el mar, el mar hasta que se pierde de vista”. S.C.
Ver el Mar
En 2010 fui a Estambul, una ciudad rodeada de agua. Conocí personas que viven allá y nunca han visto el mar. Filmé su primera vez”. S.C.
El hecho de mirar y de ser mirado ocupa un espacio medular en la obra de Calle. Su primera incursión como artista —sin siquiera tener la pretensión de serlo— fue precisamente a través de un ejercicio de observación o voyerismo: Calle se dedicó a perseguir a desconocidos en las calles de París y registrar con la cámara sus movimientos, entregándose a la azarosa tarea de seguir la pulsión del deseo que marca lo desconocido. También en Los durmientes —obra mencionada al principio de este texto—, el hecho de observar ocupa un espacio vital: ser testigo del otro se convierte en una manera de otorgarle realidad, de cuidar por un instante su intimidad para entrar en ese “juego arbitrario y absurdo de la seducción”1 . Cuando la artista contrata a un detective para que la observe y registre sus pasos, se produce una inversión en este mecanismo: es ella la que se expone a la visión de otro, de tal manera que se evidencia un plano de realidad en el que ella misma deja de pertenecerse para reconocerse extraña, ajena a una identidad o a un destino que pueda controlar. En trabajos posteriores como Los ciegos y Ver el mar, que se encuentran en esta exposición, Sophie Calle se entrega a la tarea de explorar la dimensión aparentemente opuesta de este fenómeno: la negación de la mirada, la imposibilidad de ver. Aun cuando parezca un movimiento contrario, esta nueva pulsión está en consonancia con lo que a la artista le ha interesado explorar a lo largo de su trabajo y que se relaciona con el acto de mirar y fotografiar: capturar lo que no está, lo ausente, lo que marca su propia desaparición.
Ahora bien, en Los ciegos, Calle recoge los testimonios de varias personas invidentes de nacimiento sobre lo que ellos creen que es la belleza. Cada una de las piezas está integrada por una foto-retrato de la persona, junto a otro cuadro con su testimonio escrito, y debajo una fotografía de aquello que la persona ha nombrado como su impresión subjetiva de la belleza. Se da en este caso la elaboración de una imagen de lo ausente, el doble de una imposibilidad que, sin embargo, nos permite incursionar en la poética propia de la sensibilidad de individuos que tienen otros mecanismos de percepción. Por otro lado, en Ver el mar, el acto de mirar que muchas veces es obviado por la costumbre, se convierte en germen del asombro y la conmoción. Sophie dirige su mirada y examina desde su perspectiva la experiencia de habitantes de Estambul que nunca han visto el mar. Los primeros e impresionantes encuentros de estas personas con la vasta superficie del océano son captados en diversos videos por Caroline Champetier, renombrada cineasta francesa; los participantes de este proyecto son en gran medida inmigrantes de Europa del Este y Anatolia Central, quienes, dejando atrás sus raíces y en la búsqueda de un nuevo futuro, emigraron a Estambul donde se asentaron en las periferias.
Referencias
1 Jean Baudrillard, Please Follow me, consultado en abril de 2012 en: http://collectivesencounter.wordpress.com/2010/12/11/for-vea-collective…- suite-venicienne-please-follow-me-by-sophiecalle- and-jean-baudrillard/ . Volver arriba