PROGRAMA
ERICH WOLFGANG KORNGOLD (1897-1957)
Das Ständchen, Op.9 No. 3 (1911-1913)
Lieder des Abschieds, Op.14 (1920)
FRANK MARTIN (1890-1974)
Sechs monologe aus Jedermann (1943)
INTERMEDIO
DARIUS MILHAUD (1892-1974)
Trois chansons de négresse (1935-1936)
FRANCIS POULENC (1899-1963)
Le travail du peintre (1956)
Le bal masqué (1932)
ACERCA DE LOS ARTISTAS
Valeriano Lanchas, barítno
Estudió en el Curtis Institute of Music de Philadelphia y en Nueva York con Armen Boyagian. Debutó en la Metropolitan Opera de Nueva York en 2015 como Bartolo en Il Barbiere di Siviglia regresando después como Bartolo en Le Nozze di Figaro y de nuevo en Il Barbiere di Siviglia.
Es ganador de Operalia 2001, la Pavarotti Competition 1995 y Toti dal Monte 2004 entre otros.
Por invitación de Plácido Domingo, fue parte del Programa de Jóvenes de la Washington National Opera. Se ha presentado en las casas de ópera de Washington y Los Ángeles, el Hollywood Bowl, la Metropolitan Opera de Nueva York, Palm Beach, el Centro Caramoor el Festival NY, el Teatro Real de Madrid, el Palau de les Arts de Valencia, el Teatro Campoamor de Oviedo, el Festival de Peralada, el Teatro de la Maestranza de Sevilla, ABAO, el Gran Teatre del Liceu y el Teatro de la Zarzuela.
Ha sido solista con la Philadelphia Orchestra, Los Angeles Philharmonic Orchestra, StLukes Orchestra, Orquesta Filarmónica de Bogotá y Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, y ha cantado al lado de Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, Juan Pons, Martha Senn, Samuel Ramey, Marie McLaughlin, Marcelo Alvarez, Ramón Vargas, Angela Gheorghiu, Anna Netrebko, Sumí Jo, Jonas Kauffmann, Freddie de Tommaso y Lise Davidsen entre otros.
Ha trabajado bajo la batuta de Gustavo Dudamel, Zubin Mehta, Plácido Domingo, Pablo Heras-Casado, Andrés Orozco-Estrada, Lina Gonzalez-Granados, Leonard Slatkin, Josep Pons, Ricardo Jaramillo, Christophe Rousset, Nicola Luisotti, Michele Mariotti y Marco Armiliato, y con directores de escena como Tito Capobianco, Frank Corsaro, Kasper Holten, Terry Gilliam, William Friedkin, Lluis Pasqual, Joan Anton Rechi, Pedro Salazar, Alejandro Chacón y Paco Azorín entre otros.
Por más de veinticinco años cantó con la Ópera de Colombia dirigida por Gloria Zea, en donde debutó como Fiorello en Il Barbiere di Siviglia en 1994 en el Teatro Colón de Bogotá. Ha grabado la 8ª Sinfonía de Mahler (EMI) el Réquiem de Verdi, al lado de Martha Senn (MTM) y el rol de Pistola en Falstaff de Verdi (Belair classiques), Des Knaben Wunderhorn de Mahler (editado en LP por la Universidad Nacional de Colombia) y recientemente Il Maestro di Cappella de Cimarosa y arias de ópera con la Orquesta Nueva Filarmonia dirigido por Ricardo Jaramillo. En 2023 cantó en Medellín, en un concierto junto a Plácido Domingo, dirigido por Eugene Kohn.
Recientemente ha cantado Un Ballo in Maschera en el Liceu y en Maó, Die Meistersinger von Nürnberg en el Teatro Real de Madrid, Le Nozze di Figaro en Oviedo, Lucía di Lammermoor en Andorra en el Festival ClassicAnd y en 2026 debutó los roles de Daland en El Holandés Errante en el Teatro Mayor de Bogotá y El rey de Trébol en El amor de las tres naranjas de Prokofiev en el Teatro Minicipal de São Paulo. Este verano cantará el Sprecher en La flauta mágica de Mozart en el Festival Internacional de Santander dirigido por Rolando Villazón y David Afkham y comenzará la siguiente temporada regresando a São Paulo para debutar como El gran inquisidor en Don Carlo de Verdi.
Debutó en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango en 1995 dentro del ciclo de Lunes de los Jóvenes Intérpretes, regresando en 1996, 1997; en 2002, abriendo la temporada con el Winterreise de Franz Schubert, y en 2007, 2011 y 2016. Paralelo a su carrera como cantante desarrolla una importante actividad como artista plástico con varias exposiciones en Colombia y recientemente en Japón.
Juan David Mora, piano
Es uno de los pianistas colombianos más activos de su generación. Realizó sus estudios de pregrado y maestría en piano en la Universidad EAFIT con los maestros Claudio Suzín y Blanca Uribe, graduándose con honores de ambos programas. En 2018 obtuvo su título de Doctor en Interpretación - Piano, con la maestra Maneli Pirzadeh en la Université de Montréal (Canadá), donde fue merecedor de la Beca de la Facultad de Estudios Superiores y Posdoctorales, de la Beca de Estudios Superiores de la Facultad de Música y, en dos ocasiones, de la Beca Denise Angers a la Excelencia en Piano.
Su interés por la música vocal lo ha llevado a participar en cursos y festivales en Canadá y Francia, donde ha recibido orientación de maestros como Jeff Cohen, Dalton Baldwin, Christian Ivaldi, Gabriel Tacchino, Francis Perrón, David Lutz y François Le Roux.
En 2020 debutó en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo junto a Valeriano Lanchas. También formó parte de la programación en el XXXVII Festival Internacional de Piano de la Universidad Industrial de Santander y en el XXXII Festival Ópera al Parque de la Orquesta Filarmónica de Bogotá con la ópera La Voz Humana de Francis Poulenc. En 2021 participó junto a Valeriano Lanchas y Eliana Piedrahita en la Temporada Internacional de Música Clásica organizada por Medellín Cultural; también participó como pianista junto a la compañía de danza contemporánea Danza Concierto, realizando presentaciones en el Teatro Metropolitano de Medellín y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá; y se presentó en el Teatro Santa Marta junto a la soprano Betty Garcés dentro de la programación de reapertura de este escenario.
En 2022 fue invitado al Cartagena Festival Internacional de Música para realizar un recital con reconocidos músicos como Silvia Careddu, Nora Cismoni, Guido Corti y Ariane Haering. Además, publicó el disco Textos y Sonidos: La canción artística por compositores antioqueños, junto a la soprano Eliana Piedrahita.
En la temporada 2023 trabajó con músicos como Ana María Ruge, Manuela Osorno y Juana Monsalve, con recitales en Medellín, Bogotá, Pasto, Ipiales y Barranquilla; y participó como pianista repetidor en los montajes de las óperas Las Bodas de Fígaro de W. A. Mozart en el Teatro Metropolitano de Medellín, y El Castillo de Barbazul de B. Bartók en el Teatro Colón de Bogotá.
En 2024 desarrolló proyectos con Valeriano Lanchas (bajo-barítono), Santiago Medina (violín), Ana María Ruge (soprano), Manuela Osorno (piano), Juana Monsalve (mezzo-soprano), Belén Otxotorena (actriz) y Alejandra Vélez (ilustradora), entre los cuales se encuentra la producción de la ópera El Teléfono de G. C. Menotti, con la compañía Óperalite, en el marco del Festival Ópera al Parque de Bogotá.
En 2025 participó con el Dúo Arce en el Festival Internacional de Música Clásica de Bogotá, en la celebración del LXV Aniversario de la Universidad EAFIT junto a la Orquesta Sinfónica EAFIT, junto a la compañía de danza contemporánea El Colegio del Cuerpo en el estreno mundial de la obra Suite Akhunov, y en la serie de conciertos en familia de la Temporada Internacional de Música Clásica del Teatro Metropolitano de Medellín. En julio de este mismo año fue seleccionado para participar como pianista en la orquesta de cámara para el estreno mundial de la producción camerística de la ópera The handmaid’s Tale del compositor Poul Ruders, en el Banff Centre en Canadá; y en agosto presentó una serie de recitales junto a la soprano canadiense Pascale Boilard.
Desde 2018 se desempeña como docente de piano en el Pregrado y la Maestría en Música de la Universidad EAFIT.
NOTAS AL PROGRAMA
ENTRE LA SOLEDAD Y LA INMENSIDAD
Por Jaime Ramírez Castilla
Hay una soledad en el espacio.
Una soledad en el mar.
Una soledad en la muerte, pero estas
serían sociedades
comparadas con aquel lugar más profundo.
Esa privacidad polar.
Un alma admitida a sí misma—
infinidad finita.
Emily Dickinson, 1659
Desde finales del siglo XIX las concepciones de soledad e inmensidad se constituyeron en potentes catalizadores de la expresión artística. Una parte
esencial del Romanticismo se caracterizó por resaltar el profundo valor expresivo de las pasiones y emociones más íntimas del artista. Centrar la atención expresiva sobre este tipo de elementos resonó de manera especial entre artistas y audiencias que reconocieron el valor trascendental del arte a través de la introspección; la experiencia estética privada abrió la puerta del almario en el que el ser humano podía encontrar su verdadera inmensidad, entrando en un estado de reflexión y la contemplación. La soledad, más allá de un estado, se convirtió en una ventana hacia la abstracción necesaria para uno de los encuentros más importantes del ser: el encuentro con su verdadera esencia. La idea de inmensidad surge en las artes exponiendo al hombre con aquella profundidad que resuena en el silencio de la desolación. Con el paso hacia el siglo XX, el surgimiento de una modernidad marcada por avances, pero también por excesos, revoluciones y fatalidades, fue retratada por las artes cubriendo una multiplicidad de facetas contrastantes; en muchas de ellas el ser humano se refleja aislado en la inconmensurable profundidad de su alma. El programa propuesto por Valeriano Lanchas y Juan David Mora, es un recorrido que explora cómo los artistas contemporáneos han rescatado, desde la soledad, perspectivas resonantes en aquella ‘infinidad finita’, para conectarnos con un mundo en constante transformación.
La soledad y el Romanticismo crepuscular de Korngold
Erich Korngold fue ampliamente reconocido como un pianista y compositor prodigioso; a los siete años ya había compuesto sus primeras obras vocales y a los
once años escribió su primer ballet, que fue orquestado por Alexander Zemlinsky y estrenado por la Orquesta de la Corte Imperial. El talento de Korngold fue
comparado con el legado de Mozart y Mendelssohn y la crítica describía su música como «el último aliento del espíritu romántico en Viena» (Slonimsky, 1920). La prometedora carrera musical de Korngold en Europa tomó un giro abrupto; las tensiones políticas del siglo XX lo obligaron a migrar a Estados Unidos, en donde se estableció como el compositor más importante de la industria cinematográfica.
Su legado es considerado el referente a partir del cual múltiples generaciones conocieron el inmenso potencial expresivo de la música en el cine. Paradójicamente, su innegable éxito como compositor en Hollywood opacó el reconocimiento de su obra en otros escenarios. Actualmente, un renacimiento de la obra sinfónica y camerística de Korngold ha acercado a las audiencias y artistas a un repertorio exuberante y profundamente expresivo. Das Ständchen (La Serenata) abre el telón, llevando a la audiencia a un encuentro íntimo con un poeta que canta en la ventana de su amada con vehemente nostalgia. Posteriormente, las cuatro Lieder des Abschieds (Canciones de despedida) conducen el programa por reflexiones sobre el amor, la muerte, la separación y la soledad. Korngold compuso este ciclo de canciones en 1920 y, haciendo eco a Richard Strauss y Gustav Mahler, representa tanto la desolación de la posguerra, como los dramas más íntimos de su vida amorosa. Frank Martin y la redención de la soledad: enfrentar la muerte.
A través de este ciclo de reflexiones sobre la soledad, arribamos a la obra del ginebrino Frank Martin. En la actualidad, Martin es reconocido por ser uno de los discípulos del pedagogo musical Émile Jaues-Dalcroze y el responsable de la divulgación de su metodología en Europa y América. Como compositor fue muy prolífico y su lenguaje expresivo se caracterizó por la búsqueda de la trascendentalidad del espíritu humano a través de una propuesta estética.
Para sus Sechs Monologe aus Jedermann (Seis monólogos sobre Jedermann), Martin empleó los textos de la obra Jedermann, Das Spiel vom Sterben des reichen Mannes (Jedermann, la obra sobre la muerte de un hombre rico) del dramaturgo alemán Hugo von Hofmannsthal, quien se inspiró en diversos mitos del siglo XV sobre la vida y la muerte. Allí, el personaje principal se llama Jedermann, que podría traducirse como Todohombre, u hombre común, implicando el drama humano al cual estarían sujetos todos los espectadores en el momento de su juicio final. Martin compuso estos seis monólogos en 1943 para el barítono Max Christmann y posteriormente los orquestó en 1949. Sobre este ciclo el compositor comentó:
«Hofmannsthal abre el telón lo suficiente para permitir que el drama de la muerte y la vida, del pecado y la salvación, se despliegue en el espíritu de cada oyente. En la búsqueda de una música adecuada para un lenguaje tan sencillo y significativo, me convencí de la maravillosa construcción de este poema dramático, de su poderosa comprensión psicológica, unida a la perfecta belleza del lenguaje y la forma, al ritmo puro de estos versos, flexibles en su admirable monotonía y tan verdaderamente medievales». (Martin, s.f.)
Darius Milhaud: la soledad y los estragos de la esclavitud
Desde finales del siglo XIX la cultura musical francesa se caracterizó por una postura reaccionaria en la que diversas vanguardias estéticas renovaron los valores de la expresión artística; en lugar de negar una tradición musical para ser reemplazada por otra —tendencia igualmente esquemática—, la vanguardia
musical francesa se fundamentó en la riqueza estética de la diversidad y la exploración. Uno de los colectivos franceses que mejor reflejaron esta postura
estética fue indudablemente el grupo de Los Seis (Les Six). El grupo de Los Seis estaba conformado por estudiantes de composición que se habían sentido inspirados por Erik Satie, e impulsados ideológicamente por el polifacético escritor Jean Cocteau. Este grupo lo integraban Louis Durey, Georges Auric, Arthur Honegger, Francis Poulenc, Germaine Tailleferre, y Darius Milhaud. Si bien este colectivo se unificaba ideológicamente en torno a su postura estética, cada compositor mantuvo un lenguaje musical personal y bien definido. A propósito de las actividades del grupo, Louis Durey anotaba: «Cada sábado, invariablemente, nos reuníamos en casa de Darius Milhaud para hacer música, compartir nuestros últimos esfuerzos e intercambiar ideas. Sin duda, es esta gran diversidad dentro de la unidad, la función de nuestras seis diferentes naturalezas, lo que dio al grupo su riqueza, permitió su desarrollo y aseguró su reconocimiento más allá de las fronteras francesas». (Durey, 1964)
Milhaud desarrolló una personalidad ampliamente polifacética y cosmopolita que integraba memorias de su vida itinerante. Nació en Marsella, posteriormente pasó sus años de infancia en Provenza y luego ingresó al Conservatorio Superior de París. En 1917, viajó a Rio de Janeiro como secretario diplomático y entró en contacto con una fuente de inspiración artística renovadora que fue determinante para su lenguaje musical. Años después, con la propagación del fascismo en Europa, el compositor decidió migrar junto con su esposa a Estados Unidos, enseñando composición en diferentes universidades. El lenguaje de Milhaud integró las influencias estéticas de las tradiciones y culturas en una propuesta vanguardista tan innovadora como expresiva. Compuso las Trois Chansons de Négresse (Tres canciones de una mujer negra) entre 1935 y 1936, sobre los textos de Jules Supervielle y fueron estrenadas en París el 17 de junio de 1937. Supervielle fue un reconocido escritor francouruguayo y gran parte de su obra fue determinante para el desarrollo de diversas tendencias literarias en Latinoamérica; al igual que Milhaud, su obra reconoce una diversidad cultural que se inserta y renueva en la vanguardia europea. El ciclo de las Trois Chansons de Négresse es una descripción dramática del sufrimiento y abandono de las comunidades negras en la historia moderna; la obra proporciona una perspectiva histórica de la esclavitud en América, que entrelaza las ideas de melancolía, soledad y nostalgia, desde una comunidad que encuentra su esperanza en la resiliencia.
Francis Poulenc y la sinergia de las artes
Uno de los elementos más llamativos de las vanguardias parisinas de inicios del siglo XX, fue la sinergia artística que entrelazaba diversas disciplinas. El Grupo de Los Seis es uno de los ejemplos más evidentes de esta relación; seis compositores completamente diversos, asociados por su resonancia creativa con otros músicos reaccionarios, así como también con escritores y pintores. Le Travail du Peintre (El trabajo del pintor) de Francis Poulenc delata esta renovada conjunción entre las artes de una manera muy especial. Poulenc mantuvo una entrañable cercanía con los escritores de su tiempo; particularmente hacia los trabajos de Guillaume Apollinarie y Paul Éluard. En 1956, el compositor reunió, en su ciclo de canciones, y a manera de una exposición, siete poemas
de Éluard, inspirados cada uno en obras y estilos de siete de los pintores más representativos de su tiempo, en su orden: Pablo Picasso, Marc Chagall, Georges Branque, Juan Gris, Paul Klee, Joan Miró y Jacques Villon.
Para cada pintor y para cada poema, Poulenc dispuso un discurso musical que representara musicalmente las particularidades de cada estilo, e incluso en
muchos casos, buscó reflejar rasgos concretos de algunas pinturas de acuerdo con los textos que las inspiraban. Si bien la conexión entre esta obra, en un programa centrado en la soledad, puede resultar temáticamente paradójica, es importante tener en cuenta que Éluard fue un escritor fundamental para el desarrollo del surrealismo y del dadaísmo en Francia; su vida estuvo marcada por fuertes contrastes emocionales que dejaron una huella profundamente introspectiva.
Asimismo, la soledad retratada en los poemas de Éluard corresponde a un tipo de reflexión especial; aquella soledad con la que el creador queda expuesto frente a su obra, ensimismado en la inmensidad de su mundo interior en catarsis, para quedar plasmada en su creación. Este recorrido cierra con la puesta en escena de una de las obras más queridas por Poulenc; en Le Bal masqué (El baile de máscaras), retorna a los textos de Max Jacob; uno de sus poetas surrealistas predilectos. Jacob fue un artista verdaderamente delirante y tanto en su obra, como en su estilo de vida, la soledad fue un elemento recurrente; el aislamiento, en donde la genialidad y la locura comparten sus caminos, retumba en la soledad del artista que no encaja en las convenciones sociales que lo rodean. En este cierre, el baile de máscaras resuena vibrante y alucinantemente aquella vida parisina caracterizada por su agitación festiva y cosmopolita. Casi como en un sueño en el que se entrelazan la fantasía, la sátira, el humor y el horror, Poulenc despliega un carnaval de sorpresivas imágenes sonoras.